Ir al pié de página



  •  Artículo destacado

  • La Batalla del Cabo Matapán


    La Batalla del Cabo Matapán

    La Batalla del Cabo Matapán (también llamado por los Italianos como La Batalla de Gaudo) fue una batalla naval durante la Segunda Guerra Mundial que se libró desde el 27 de marzo hasta el 29 de marzo de 1941 junto al cabo del mismo nombre. El Cabo Matapán se encuentra en la costa sur-occidental de la Península del Peloponeso, en Grecia. En la batalla, una flota de la Royal Navy, acompañada de varios barcos de la Royal Australian Navy, y bajo el mando del almirante Andrew Browne Cunningham, interceptó y hundió o dañó severamente varios navíos de la Regia Marina italiana, que se encontraban bajo el mando del almirante Angelo Iachino. (Seguir leyendo...)


  •  Eventos
    • No hay eventos

    • No hay próximos eventos


  •  Publicidad

Ver último mensaje La bici que salvó a los judíos del Holocausto

Gino Bartali no era fascista y aborrecía la política, aunque Mussolini convirtió al ciclista en un icono del régimen. Durante la guerra fingía que entrenaba, pero estaba ejerciendo de correo para una red clandestina que ayudaba a escapar a hebreos y partisanos de la muerte. Aquellos pasaportes hacia la libertad surcaban Italia escondidos en el cuadro de su bicicleta.

Imagen

Gino Bartali se fue a la tumba con un secreto: durante la Segunda Guerra Mundial, salvó a ochocientos judíos del Holocausto. El ciclista italiano, vencedor de dos Tours y tres Giros, nunca alardeó de aquel gesto altruista porque consideraba que, simplemente, había hecho lo correcto. Uno podía lucir los galones de la carretera en el maillot, pero los méritos en la vida eran algo íntimo que no merecía ser objeto de escaparate. Bartali era un señor. Una persona perbene.

La historia, sin embargo, a veces se escribe con renglones tan torcidos como los Lacets de Montvernier, esa escalada serpenteante de la ronda gala que marea hasta a los adictos a la Biodramina. Así, el corredor florentino pasó para algunos por un corredor del régimen, cuando en realidad él renegaba del fascismo y, por supuesto, aborrecía el nazismo. Tampoco era un partisano, ni simpatizaba con la causa roja, pero eso no le convertía en un camisa negra. Su única ley era la divina, por lo que esa condición de ferviente católico —quizá, producto de una conversión tras la muerte de su hermano menor, Giulio, también ciclista, quien a los veinte años fue arrollado por un Fiat Balilla durante una carrera de aficionados— lo vinculó a la Democracia Cristiana, aunque siempre desoyó sus cantos de sirena.

“Tampoco entró en el juego del fascismo, aunque, como había sido el gran icono deportivo de la preguerra, el régimen lo utilizó con fines propagandísticos”, explica a Público Ander Izagirre, autor del libro Plomo en los bolsillos (Libros del KO). Quizás habría que contraponer su figura con la de otro gran campeón, el piamontés Fausto Coppi, para entender los rasgos trazados por el imaginario popular italiano: frente al joven, agnóstico, moderno, adúltero y comunista Coppi, el régimen, los medios y la afición lo pintaron como la estrella madura, religiosa, tradicional, fiel y conservadora. Luego veremos que Fausto no era en absoluto un comunista, aunque su vida disoluta más allá de las polvorientas calzadas contribuiría a su leyenda roja: nadie en Italia convenía, al menos en público, con los andares de un hombre que había renegado de la Iglesia y mantenía una relación extramatrimonial con una mujer casada, fruto de la cual tuvo un hijo. “Gino era un miembro de Acción Católica, mientras que él no militaba en nada”, matiza el periodista donostiarra.

Gino Bartali nació en el seno de una familia campesina de Ponte a Ema, a las afueras de Florencia, en 1914. Eran humildes, pero no pasaban hambre, pese a las carencias derivadas de la Gran Guerra. Primero aprendió a caminar y, al poco, a montar en bicicleta, aunque hay dudas sobre cómo se hizo con una. El periodista Jon Rivas, en el libro ¡En París se han vuelto locos! (Córner), sostiene que pudo comprarla haciendo trabajillos, aunque al dinero que se embolsó habría que sumar parte de la dote de sus hermanas y la ayuda económica de su padre. Lo más probable es que fuese un regalo de Oscar Casamonti, en cuyo taller pasaba las horas colocando radios en las ruedas de las bicis tras salir de la escuela. Fabio, el hijo del mecánico, recordaba antes de fallecer hace dos años que un día su padre le dijo al de Gino: “Torello, me parece que tu chaval es bueno con la bici. ¿Por qué no lo dejas participar en una carrera infantil?”. El jefe había sido testigo de las aptitudes del aprendiz, pues competía en aficionados y, cuando salía a entrenar con Bartali, no conseguía dejarlo atrás.

Tenía quince años y pronto engrosaría las filas de la Società Sportiva Aquila, el club de su pueblo, cuyos alevines siguen homenajeando hoy al maestro cada vez que se ajustan la maglia bianconera, similar a la que se enfundaba Il Ginettaccio en los años treinta. Ya desde sus orígenes, inevitablemente surge la comparación con Coppi, porque hay héroes que se cincelan a partir del molde de un rival a su altura. Es injusto, sí. Lo era antes y lo sigue siendo ahora, décadas después, cuando no hay Cristiano sin Messi, ni Guardiola sin Mourinho. El periodista Franc Lluis i Giró le otorga al toscano el protagonismo merecido en Gino Bartali, el hombre de hierro (Dstoria Edicions), aunque reconoce que el cotejo es ineludible. “Nadie se ha centrado en su figura, sino que es descrito teniendo como referente a su contrincante. De hecho, quien se ha quedado fijado en nuestra retina es Coppi, envuelto por el halo del ganador, de ahí el apodo de Il Campionissimo; y eso que el palmarés de Bartalli es impresionante”, explica a Público el también locutor de ‎Ràdio Sabadell, consciente de que el piamontés, en lo que respecta a las grandes vueltas, sólo ganó dos Giros más que el florentino.

Las diferencias eran insalvables, pero al tiempo su biografía está trufada de paralelismos —un hermano de Fausto, Serge, también era ciclista y murió en un accidente durante una carrera—. Se habla de un Bartali rural y un Coppi urbano, si bien ambos eran gente de campo. Claro que esta visión puede pecar de superficial y capitalina, pues si sometemos esa realidad al poder amplificador del microscopio, nos encontraremos con el hijo de unos aparceros y con el de unos jornaleros. Hasta hay clases entre los humildes, pero dejemos que nos ilustre el periodista Curzio Malaparte, quien en 1949 publicó en Francia Coppi e Bartali, traducido décadas después al italiano por la editorial Adelphi. “En Bartali, nacido en una familia de agricultores toscanos, prevalece el campesino, con su mística elemental, su fe en Dios, su apego a los valores tradicionales de la tierra. En Coppi prevalece sin embargo el obrero, si bien él también nació en una familia de campesinos. Pero mientras Bartali pasó del arado a la bicicleta, Coppi, cuando agarró la bicicleta, ya había repudiado la tierra. Bartali es hijo de una zona de la Toscana que ha permanecido campesina, Coppi de una zona del Piamonte donde el campesino ya comparecía teñido de espíritu proletario“.

Cuando habla de ellos en su ensayo, Malaparte está esbozando dos Italias, la de antes y la de después de la contienda. Más que un ciclista fascista y un ciclista comunista —como ya hemos subrayado, no eran ni una cosa ni otra—, se trata de un país que anochece y de otro que amanece. Y, aunque su extracción social era similar, el periodista aplica a Coppi unos atributos industriales. Recordemos que el Piamonte, cuya capital es Turín —la ciudad de la Fiat, el Martini o la Juventus—, es junto a la Lombardía o el Véneto la locomotora de Italia, que tira de unos vagones que llegan hasta la Puglia, Basilicata, Calabria y, salvando el estrecho de Mesina, Sicilia. Escuchemos a Malaparte: “Fausto es un obrero, Gino un agricultor. El misterio físico de Bartali sería inexplicable si olvidásemos que la virtud fundamental de los campesinos toscanos es la resistencia, unida a un sentido de la economía, sea físico o moral, que se transforma en arte. El aspecto humano está más desarrollado en Bartali que en Coppi”.


Continuar leyendo noticia completa en Público.es

Vistas: 503  •  Comentarios: 1  •  Escribir comentario [ Atras ]

  • Encuestas

¿Podría cambiar algún día la percepción de la 'esvástica' en Occidente?

No, para la cultura occidental este símbolo siempre quedará asociado con los nazis
83
70%
Sí, bastaría con que se le recordara más a la gente su origen remoto
10
8%
Sí, pero solo con el paso del tiempo, cuando la Segunda Guerra Mundial sea ya un hecho histórico demasiado lejano
26
22%
 

Votos totales : 119

 

Ver Tema


  • Donaciones PayPal
  • La Segunda Guerra es una comunidad dedicada al estudio de la Segunda Guerra Mundial sin ánimo de lucro. Cualquier donación es bienvenida y será destinada a sufragar los costes de alojamiento, dominio, etc. Gracias por su colaboración.

    Por favor, use un punto decimal (no una coma) como separador, por ejemplo 3.50

  • Publicidad

Powered by Board3 Portal © 2009 - 2014 Board3 Group