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Ver último mensaje El diario de un jefe de la KGB resuelve uno de los grandes misterios de la II GM

Casi siete decenios después de que fuese dado por muerto, un nuevo libro desvela cuál pudo ser de verdad el fin del considerado por muchos como el Oskar Schindler sueco.


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El 9 de julio de 1944, Raoul Wallenberg fue asignado como secretario de la delegación sueca en Budapest, en ese momento uno de los últimos bastiones alemanes que pasaría varios meses sitiada por el ejército soviético. Durante ese tiempo, Wallenberg, heredero de una rica familia industrial sueca, jugaría un papel semejante al de Oskar Schindler en Polonia y República Checa, al salvar la vida de miles de húngaros entregándoles pasaportes que los identificaban como suecos.

Wallenberg ha sido reconocido durante décadas como uno de los grandes héroes de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, su destino nunca ha estado claro, al menos hasta ahora. El 17 de enero de 1945, fue arrestado por el SMERSH (departamento de contrainteligencia de la URSS) bajo sospechas de espionaje y, en ese momento, sus pasos se pierden. Durante décadas, la diplomacia sueca y la familia Wallenberg ha intentado reconstruir lo que pasó con él, de forma infructuosa.

La primera respuesta oficial por parte de las autoridades rusas se remonta a 1957 cuando, debido a las presiones suecas, el Kremlin publicó un informe citando un documento médico que aseguraba que Wallenberg había muerto en prisión como consecuencia de un ataque al corazón, en julio de 1947. Posteriores investigaciones no proporcionaron mucha más información, hasta que hace apenas unos años se descubrió un montón de papeles detrás de la pared de un apartamento al noroeste de Moscú. Se trataba de las memorias de Ivan A. Serov, director de la KGB entre marzo de 1954 y 1958, y en ellas se encuentra la clave del caso Wallenberg.

El legajo, que fue encontrado por la nieta de Ivan, Vera, después de realizar unas obras en el piso que había heredado de su abuelo, ha dado lugar a un libro publicado este mismo verano en Rusia y titulado 'Notas desde una maleta: los diarios secretos del primer director de la KGB, encontrados 25 años después de su muerte'. Entre las centenares de páginas del libro se encuentra quizá la pieza que faltaba para desvelar el misterio de la muerte de Wallenberg, como ha explicado un reportaje publicado en 'The New York Times'.

Según el libro, el antiguo director de la KGB no tenía ninguna duda de que Wallenberg había muerto en prisión, sí, pero no a causa de un ataque al corazón, sino ejecutado por orden de Stalin. Él mismo lo escribió en sus diarios de su puño y letra: “No tengo dudas de que Wallenberg fue liquidado en 1947”. Hay aproximadamente media docena de páginas sobre la desaparición del sueco, en las que se afirma que Viktor Abakumov (predecesor de Wallenberg en la inteligencia rusa y eliminado durante la última purga de Stalin en 1954) confesó que la orden de eliminar al industrial sospechoso de espía venía directamente de Stalin y del ministro de exteriores Vyacheslav Molotov.

No es la única pista que permitía a Serov presumir que Wallenberg había sido liquidado por orden directa de las más altas esferas soviéticas: también afirma que llegó a sus manos un certificado de defunción en el cual se hablaba de la cremación del sueco, a pesar de que las repetidas investigaciones llevadas a cabo tanto por los rusos como por agentes internacionales no han sido capaces de encontrar ningún documento relacionado con él. Presumiblemente, todo rastro fue eliminado antes de 1957. Serov dio con el certificado después de recibir de Nikita Kruschov el encargo de investigar lo ocurrido y responder a las autoridades suecas; sin embargo, a pesar de que estaba convencido de que Wallenberg había sido eliminado, nunca pudo demostrarlo fehacientemente.

Si tan importante resulta este libro es porque se trata de la primera vez que un alto oficial soviético afirma que Wallenberg fue asesinado por orden de Stalin y asegura haber visto documentos que así lo confirman. La pieza perdida para siempre probablemente sea la conocida como carta 3044/a según el registro de la KGB, enviada por Abakumov a Molotov el 17 de julio de 1947. Aunque su contenido se desconoce más allá de que trata sobre Wallenberg, todo señala a que contiene los verdaderos detalles de su muerte. La misiva nunca ha sido encontrada, y la explicación que dieron las autoridades rusas es que se trataba de una carta con contenido “personal y sensible”.

El 9 de julio de 1944, Raoul Wallenberg fue asignado como secretario de la delegación sueca en Budapest, en ese momento uno de los últimos bastiones alemanes que pasaría varios meses sitiada por el ejército soviético. Durante ese tiempo, Wallenberg, heredero de una rica familia industrial sueca, jugaría un papel semejante al de Oskar Schindler en Polonia y República Checa, al salvar la vida de miles de húngaros entregándoles pasaportes que los identificaban como suecos.

Wallenberg ha sido reconocido durante décadas como uno de los grandes héroes de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, su destino nunca ha estado claro, al menos hasta ahora. El 17 de enero de 1945, fue arrestado por el SMERSH (departamento de contrainteligencia de la URSS) bajo sospechas de espionaje y, en ese momento, sus pasos se pierden. Durante décadas, la diplomacia sueca y la familia Wallenberg ha intentado reconstruir lo que pasó con él, de forma infructuosa.

Durante décadas apenas se encontró nueva información sobre el caso, hasta que la nieta del director de la KGB se topó con un legajo en una pared

La primera respuesta oficial por parte de las autoridades rusas se remonta a 1957 cuando, debido a las presiones suecas, el Kremlin publicó un informe citando un documento médico que aseguraba que Wallenberg había muerto en prisión como consecuencia de un ataque al corazón, en julio de 1947. Posteriores investigaciones no proporcionaron mucha más información, hasta que hace apenas unos años se descubrió un montón de papeles detrás de la pared de un apartamento al noroeste de Moscú. Se trataba de las memorias de Ivan A. Serov, director de la KGB entre marzo de 1954 y 1958, y en ellas se encuentra la clave del caso Wallenberg.
Escrito en el muro

El legajo, que fue encontrado por la nieta de Ivan, Vera, después de realizar unas obras en el piso que había heredado de su abuelo, ha dado lugar a un libro publicado este mismo verano en Rusia y titulado 'Notas desde una maleta: los diarios secretos del primer director de la KGB, encontrados 25 años después de su muerte'. Entre las centenares de páginas del libro se encuentra quizá la pieza que faltaba para desvelar el misterio de la muerte de Wallenberg, como ha explicado un reportaje publicado en 'The New York Times'.

Según el libro, el antiguo director de la KGB no tenía ninguna duda de que Wallenberg había muerto en prisión, sí, pero no a causa de un ataque al corazón, sino ejecutado por orden de Stalin. Él mismo lo escribió en sus diarios de su puño y letra: “No tengo dudas de que Wallenberg fue liquidado en 1947”. Hay aproximadamente media docena de páginas sobre la desaparición del sueco, en las que se afirma que Viktor Abakumov (predecesor de Wallenberg en la inteligencia rusa y eliminado durante la última purga de Stalin en 1954) confesó que la orden de eliminar al industrial sospechoso de espía venía directamente de Stalin y del ministro de exteriores Vyacheslav Molotov.

No es la única pista que permitía a Serov presumir que Wallenberg había sido liquidado por orden directa de las más altas esferas soviéticas: también afirma que llegó a sus manos un certificado de defunción en el cual se hablaba de la cremación del sueco, a pesar de que las repetidas investigaciones llevadas a cabo tanto por los rusos como por agentes internacionales no han sido capaces de encontrar ningún documento relacionado con él. Presumiblemente, todo rastro fue eliminado antes de 1957. Serov dio con el certificado después de recibir de Nikita Kruschov el encargo de investigar lo ocurrido y responder a las autoridades suecas; sin embargo, a pesar de que estaba convencido de que Wallenberg había sido eliminado, nunca pudo demostrarlo fehacientemente.

Si tan importante resulta este libro es porque se trata de la primera vez que un alto oficial soviético afirma que Wallenberg fue asesinado por orden de Stalin y asegura haber visto documentos que así lo confirman. La pieza perdida para siempre probablemente sea la conocida como carta 3044/a según el registro de la KGB, enviada por Abakumov a Molotov el 17 de julio de 1947. Aunque su contenido se desconoce más allá de que trata sobre Wallenberg, todo señala a que contiene los verdaderos detalles de su muerte. La misiva nunca ha sido encontrada, y la explicación que dieron las autoridades rusas es que se trataba de una carta con contenido “personal y sensible”.

Los investigadores no han sido capaces de encontrar el documento de prisionero de Wallenberg, pero Serov afirma haberlo visto con sus propios ojos

Los historiadores han recibido el libro como un importante hallazgo. Como explica Nikita Pretov, especializado en la era estalinista y en el propio Serov, “otros decían que parecía que había sido asesinado pero no teníamos ningún documento; en el diario de Serov, puedes encontrar esa palabra tal cual”. Durante mucho tiempo, los investigadores no han sido capaces ni siquiera de encontrar el documento de prisionero de Wallenberg, que debía existir a la fuerza; sin embargo, Serov afirma en sus memorias haberlo visto con sus propios ojos.

No obstante, la sobrina de Wallenberg, Marie Dupuy, no parece muy convencida por los documentos recién encontrados, y ha señalado en su página web 'Searching for Raoul Wallenberg' que “las notas incluyen unos cuantos errores que ponen en duda la fiabilidad de al menos parte de sus recuerdos”. Se refiere, en concreto, a que parte de los recuerdos de Serov datan de entradas escritas en 1987, cuando ya tenía 82 años, después de que una llamada telefónica le recordase el caso de Wallenberg.

La mujer también añade que ha solicitado a los archivos centrales de los Servicios Federales de Seguridad acceder a la información que no había estado disponible para ellos con anterioridad. El caso de Wallenberg parece estar cada día más claro, pero el de Serov, el hombre que indirectamente lo puede haber resuelto para siempre, ya lo estaba desde hacía décadas: después de abandonar la KGB, el hombre que el MI5 británico definió como “un mujeriego” cayó en desgracia después de que se descubriese que uno de sus subordinados era un espía y en 1965 fue expulsado del partido. Murió en 1990 de un ataque al corazón.


Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-cora ... g_1245731/

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