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    Batalla de Königsberg

    La Batalla de Königsberg selló la conquista de Prusia del Este por el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Atacada fallidamente entre enero y febrero de 1945, las fuertes fortificaciones medievales repelieron exitosamente a las tropas soviéticas. Finalmente, al quedar aislada la ciudad, las fuerzas alemanas se rindieron el 10 de abril. (Seguir leyendo...)



Ver último mensaje La difícil decisión de la mujer que iba en tren a Auschwitz

En un vagón camino al exterminio, Klara Prowisor, su marido y su padre enfermo se enfrentan a un dilema. Ahora con 92 años, un documental relata su increíble historia


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Klara Prowisor en un fotograma del documental 'I Have a Message To You'


Aunque ya han pasado casi 80 años, la II Guerra Mundial sigue siendo un inmenso océano de hechos atroces que despide historias humanas increíbles de amor, valor y supervivencia a la arena del presente como restos inmortales del desastre. Siluetas, nombres y personas que perduran en este nuevo milenio como testigos firmes de la barbarie para recordar al mundo hacia donde, bajo ningún pretexto, se puede volver.

Una de ellas tiene 92 años, mirada penetrante color zafiro y las cicatrices propias de la edad acentuadas en el rostro. A simple vista, despide un halo de resistencia y virtud que solo la experiencia terrible del Holocausto ha podido forjar. El pelo, negro como el ébano, echado para atrás en lo que parece una coleta. Los labios pintados y las manos temblorosas marcan la vetusta personalidad de quien ha sabido resistir a todos los envites del tiempo y las heridas de la vida. Se llama Klara Prowisor y tuvo la mala fortuna de ser judía en una época terrible.

AUTOR
ENRIQUE ZAMORANO
Contacta al autor
TAGS
HISTORIAHOLOCAUSTOGUERRAAUSCHWITZSEGUNDA GUERRA MUNDIAL
TIEMPO DE LECTURA7 min
16.04.2018 – 05:00 H.
Aunque ya han pasado casi 80 años, la II Guerra Mundial sigue siendo un inmenso océano de hechos atroces que despide historias humanas increíbles de amor, valor y supervivencia a la arena del presente como restos inmortales del desastre. Siluetas, nombres y personas que perduran en este nuevo milenio como testigos firmes de la barbarie para recordar al mundo hacia donde, bajo ningún pretexto, se puede volver.

Una de ellas tiene 92 años, mirada penetrante color zafiro y las cicatrices propias de la edad acentuadas en el rostro. A simple vista, despide un halo de resistencia y virtud que solo la experiencia terrible del Holocausto ha podido forjar. El pelo, negro como el ébano, echado para atrás en lo que parece una coleta. Los labios pintados y las manos temblorosas marcan la vetusta personalidad de quien ha sabido resistir a todos los envites del tiempo y las heridas de la vida. Se llama Klara Prowisor y tuvo la mala fortuna de ser judía en una época terrible.

Como si de una aparición se tratara, una mujer le tocó el hombro y le dijo: "¿Clairette? Te he estado buscando durante años"

El 4 de abril de 1943 su destino se truncó. Klara Prowisor tomó la valiente decisión de seguir con vida pese a todo. En un tren junto a cientos de prisioneros, viajaba con su marido y su padre enfermo desde la zona belga ocupada por los nazis hasta el campo de concentración de Auschwitz. Allí le esperaba la muerte, algo que supo desde el primer momento en que entró en el vagón. Su padre agonizaba, moribundo, y le encomendó la difícil tarea de salir de allí y salvarse. Ella no quiso hacerle caso, pero ambos sabían que tenía que saltar de aquel tren para que su historia perdurara en la memoria de su hija. Por ello, y arriesgándose a ser tiroteada por los guardias de las SS que custodiaban a los pasajeros, saltó a tierra firme sin pensárselo dos veces. Su marido, Philippe Szyper, se lanzó con ella. Como si se tratara de un segundo nacimiento, escaparon del horror nazi y consiguieron llegar hasta un campo de refugiados belgas en el que vivieron hasta que la situación se normalizó y terminó la guerra.

Veinte años más tarde, una noche silenciosa y tranquila en la ciudad israelí de Tel-Aviv, Klara y Phillippe eran dos turistas más que paseaban por la calle Dizengoff. Como si de una extraña aparición se tratara, una mujer tocó el hombro de Prowisor. “¿Clairette?”, preguntó. “Te he estado buscando durante 20 años”. Klara no la reconoció, pero lo que le dijo después no se le olvidará nunca: “Sí te conozco. Yo estaba ahí cuando tu padre abrió los ojos en el vagón del tren y dijo: 'Tengo un mensaje para ti'".

En su último estertor, su padre abrió los ojos y le dijo a aquella señora: “Escucha, si algún día vuelves a ver a mi hija, dile que soy el papá más feliz del mundo y que me alegró que saltara”. Klara se quedó de piedra ante estas palabras. Aún se emociona al recordarlo. “Así es como me enteré de que mi padre murió. Falleció en el tren, nunca conoció Auschwitz, gracias a Dios. Ya estaba muerto cuando llegó”, explica. "Me quitó un gran peso de encima. Es curioso cómo ciertos momentos de la vida se hacen tan importantes. Para mí, fue un regalo, un regalo de Dios, aunque no creo en Dios; esa es otra historia", recalcó Klara Prowisor.

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ENRIQUE ZAMORANO
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HISTORIAHOLOCAUSTOGUERRAAUSCHWITZSEGUNDA GUERRA MUNDIAL
TIEMPO DE LECTURA7 min
16.04.2018 – 05:00 H.
Aunque ya han pasado casi 80 años, la II Guerra Mundial sigue siendo un inmenso océano de hechos atroces que despide historias humanas increíbles de amor, valor y supervivencia a la arena del presente como restos inmortales del desastre. Siluetas, nombres y personas que perduran en este nuevo milenio como testigos firmes de la barbarie para recordar al mundo hacia donde, bajo ningún pretexto, se puede volver.

Una de ellas tiene 92 años, mirada penetrante color zafiro y las cicatrices propias de la edad acentuadas en el rostro. A simple vista, despide un halo de resistencia y virtud que solo la experiencia terrible del Holocausto ha podido forjar. El pelo, negro como el ébano, echado para atrás en lo que parece una coleta. Los labios pintados y las manos temblorosas marcan la vetusta personalidad de quien ha sabido resistir a todos los envites del tiempo y las heridas de la vida. Se llama Klara Prowisor y tuvo la mala fortuna de ser judía en una época terrible.

Como si de una aparición se tratara, una mujer le tocó el hombro y le dijo: "¿Clairette? Te he estado buscando durante años"

El 4 de abril de 1943 su destino se truncó. Klara Prowisor tomó la valiente decisión de seguir con vida pese a todo. En un tren junto a cientos de prisioneros, viajaba con su marido y su padre enfermo desde la zona belga ocupada por los nazis hasta el campo de concentración de Auschwitz. Allí le esperaba la muerte, algo que supo desde el primer momento en que entró en el vagón. Su padre agonizaba, moribundo, y le encomendó la difícil tarea de salir de allí y salvarse. Ella no quiso hacerle caso, pero ambos sabían que tenía que saltar de aquel tren para que su historia perdurara en la memoria de su hija. Por ello, y arriesgándose a ser tiroteada por los guardias de las SS que custodiaban a los pasajeros, saltó a tierra firme sin pensárselo dos veces. Su marido, Philippe Szyper, se lanzó con ella. Como si se tratara de un segundo nacimiento, escaparon del horror nazi y consiguieron llegar hasta un campo de refugiados belgas en el que vivieron hasta que la situación se normalizó y terminó la guerra.


Prisioneros judíos en el campo de concentración de Auschwitz, enero de 1945. Roger Viollet (Cordon Press)
Prisioneros judíos en el campo de concentración de Auschwitz, enero de 1945. Roger Viollet (Cordon Press)
Veinte años más tarde, una noche silenciosa y tranquila en la ciudad israelí de Tel-Aviv, Klara y Phillippe eran dos turistas más que paseaban por la calle Dizengoff. Como si de una extraña aparición se tratara, una mujer tocó el hombro de Prowisor. “¿Clairette?”, preguntó. “Te he estado buscando durante 20 años”. Klara no la reconoció, pero lo que le dijo después no se le olvidará nunca: “Sí te conozco. Yo estaba ahí cuando tu padre abrió los ojos en el vagón del tren y dijo: 'Tengo un mensaje para ti'".

En su último estertor, su padre abrió los ojos y le dijo a aquella señora: “Escucha, si algún día vuelves a ver a mi hija, dile que soy el papá más feliz del mundo y que me alegró que saltara”. Klara se quedó de piedra ante estas palabras. Aún se emociona al recordarlo. “Así es como me enteré de que mi padre murió. Falleció en el tren, nunca conoció Auschwitz, gracias a Dios. Ya estaba muerto cuando llegó”, explica. "Me quitó un gran peso de encima. Es curioso cómo ciertos momentos de la vida se hacen tan importantes. Para mí, fue un regalo, un regalo de Dios, aunque no creo en Dios; esa es otra historia", recalcó Klara Prowisor.

Era ella. Seguía viviendo en el mismo piso de Tel-Aviv. Su dolor se tejió con amor, pérdida, culpa y redención. Un epílogo extraordinario

La segunda parte de esta historia es la del director de cine de origen italiano pero residente en Londres, Matan Rochlitz, autor de algunas películas y documentales como 'Mozzarella Inc.' o 'The Runners'. La conexión entre él y Prowisor nace a partir de su abuela, quien le relató la heroica historia de Klara y su marido cuando fueron capturados por los nazis. “Cuando era adolescente, estaba muy familiarizado con las historias del Holocausto”, admite Rochlitz en un artículo de opinión publicado en el 'New York Times'. “Mi abuelo había sobrevivido a los horrores de los campos de concentración, y sus historias formaban una gran narrativa compartida de nuestra familia”.

Todas las grandes historias merecen un buen punto final y el joven cineasta vendría a ser la última pieza en el puzzle de las memorias del matrimonio judío. “La historia de esta mujer me pareció diferente”, añade Rochlitz. “Su dolor se tejió con amor, pérdida, culpa y redención. El epílogo de la historia fue realmente extraordinario”. Así es como muchos años después y ya convertido en director de cine documental, decidiría buscarla para hablar con ella y averiguar si todavía estaba viva. El resultado, en el vídeo que viene a continuación, el corto titulado 'I Have a Message For You'.

“Era ella. Seguía viviendo en el mimo apartamento de Tel-Aviv. Volé en avión a la semana siguiente hasta allí y le pedí que contara la historia que había escuchado en boca de mi abuela con sus propias palabras”, relata el director. “Nos sentamos en su sala de estar, la cámara comenzó a grabar y se dispuso a comenzar. Ella fue profunda, divertida y generosa conmigo, y cuando miraba en la oscuridad recordando aquel momento tan difícil, no se quiso guardar ni una pizca. Cuando terminó, parecía haberse vaciado por dentro y por primera vez la vi demasiado anciana”, recuerda Rochlitz.

El documental se divide en dos partes. En la primera, Klara Prowisor narra la historia de cómo ella y su marido escapan del tren dejando a su padre atrás. En ningún momento se sabe que Philippe continúa con vida o que siguen juntos, pero de repente y en un plano magistral, Klara dice: “Philippe me dijo que saltaría después de mí. Una vez salté, vi cómo el tren se alejaba poco a poco y me puse a llorar. Gritaba: '¡Philippe! ¿Dónde estás?'”. De inmediato y contra todo pronóstico, la cámara gira inesperadamente y aparece el esposo de Klara, con la misma edad, sentado en una silla, a su lado. “Desde lejos vi que se acercaba”, continúa Prowisor. “Fue una gran alegría que siguiera con vida. Y aquí estamos. En nuestra propia casa. El camino para llegar hasta aquí ha sido terrible”, sentencia.


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