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    Conquista de Noruega

    n la noche del 13 de diciembre de 1939, el almirante Erich Johann Albert Raede, jefe máximo de la marina de guerra alemana, sostuvo una secreta entrevista con Vidkun Quisling. El dirigente fascista noruego le comunicó que los ingleses planeaban realizar un desembarco en su país, y le propuso, a fin de frustrar el proyecto británico, apoyar con sus partidarios la ocupación de Noruega por tropas alemanas. Raeder, entusiasmado con la idea, transmitió inmediatamente a Hitler la proposición de Quisling. (Seguir leyendo...)


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Ver último mensaje Se busca público para la "Solución Final" de la cuestión judía

Un espectáculo en Barcelona (España), recrea la Conferencia de Wannsee, en el 75º aniversario de la reunión en que los nazis allanaron el camino del Holocausto.


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Una imagen de los ensayos de 'La Conferencia de Wannsee', en la Casa de la Seda de Barcelona


Resulta raro estrecharle la mano a Reinhard Heydrich, el jefe de los Servicios de Seguridad del III Reich, probablemente el peor tipo que haya existido, el secuaz más cruel de Hitler, categoría en la que había reñida competencia. El joven actor Carles Goñi, que lo encarna, es bien consciente del peso de su terrible personaje. Y eso que no luce el uniforme de general de la SS, sino un simple abrigo y una bufanda. Aquí dentro hace un frío que concuerda con la historia de corazones de piedra y gélidas voluntades que se cuenta, aunque contrasta con los hornos que luego se encendieron. Estamos en el salón noble de la preciosa Casa de la Seda en Barcelona, edificio del siglo XVIII en que se asentaba el Gremio de veleros y tejedores y que por primera vez se usa como escenario. Esta gran habitación forrada de madera y seda, con grandes cortinas rojas, iluminada por tres enormes arañas de cristal que penden del techo, se convierte por la magia del teatro en un salón de la villa del número 56-58 de la Avenida Am Grossen Wannsee, una mansión en el barrio residencial de clase alta de Wannsee, en las afueras de Berlín, donde tuvo lugar una de las reuniones más infames que se recuerde.

El martes 20 de enero de 1942 –que amaneció nevado-, 15 hombres realmente sin piedad, nazis de la peor calaña, aunque la mayoría gente instruida y joven, entre ellos Heydrich, su escudero Adolf Eichmann , Heinrich Gestapo Muller, el Gruppenführer de las SS Otto Hoffmann, de la oficina de Raza y Reasentamiento, o Roland Freisler, futuro atroz presidente del Tribunal Popular del Reich, se dieron cita en la villa, situada junto a un lago y convertida en casa de huéspedes de las SS, para hablar sin tapujos del exterminio de los judíos de Europa, que debía afectar a 11 millones de personas, discutir algunas de sus estrategias y ver cómo se podía llevar a cabo de la manera más efectiva.

La Conferencia de Wannsee la convocó Heydrich y congregó a representantes de ministerios, de la policía y del partido, involucrados en la “cuestión judía” (dada la fama del anfitrión alguno llegó temblando, y no de frío). Más allá de su alcance concreto –que aún discuten los historiadores- la conferencia se ha convertido (a falta de encontrar el pistoletazo de salida en las órdenes directas de Hitler) en símbolo de la decisión nazi de desatar el Holocausto con todas sus consecuencias. Ahora, la compañía Exquis Teatre, en el seno de un amplio proyecto teatral sobre la memoria histórica, escenifica lo que sucedió en Wannsee, reconstruyendo “la conferencia más repugnante de la historia”, en una obra de Filip Nuckolls, Vladimir Cepek y Pavel Bsonek que dirige este último bajo el título de La conferencia de Wannsee y que se estrena oficialmente el viernes, cuando se cumplen exactamente día por día los 75 años de la auténtica reunión. El montaje se representa durante tres semanas, de miércoles a domingo.

“Una merienda, 15 hombres, seis millones de muertos”, es el contundente subtítulo del espectáculo, que durante 80 minutos te convierte en público de la Solución Final. La Conferencia de Wannsee ya fue objeto de un filme para televisión (Conspiracy, 2001) con Kernneth Branagh como Heydrich (ganó un Emy al mejor actor). “Si se puede hacer una película se puede hacer una obra de teatro”, señala Bsonek, director checo residente en Barcelona, durante un ensayo en la Casa de la Seda. “El texto se basa en un 99 % en documentación real, las actas de la reunión, de las que se conserva una sola copia de las 30 que se hicieron, hallada por el equipo fiscal de EE UU mientras preparaba los juicios de Nuremberg en 1947. En esencia, la obra es el documento, el llamado Protocolo de Wannsee, dramatizado. Es lo que ocurrió. Hemos añadido una narradora (Oriana Bonet) al principio y al final para contextualizar”. La narradora explica al acabar que fue de los reunidos: a buena parte les esperaba el patíbulo.




EL PAÍS (noticia completa)

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