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Operación Market Garden

Moderadores: Erwin Rommel, Amarok


Operación Market Garden

Notapor cocinilla » 14 Mar 2015 09:20

Operación Market Garden


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Después de una larga conversación, el General Eisenhower se dejó convencer para apoyar el osado y fantástico plan de Montgomery: un ataque lanzado por unidades aerotransportadas y medios acorazados, a través de Holanda, con el fin de envolver las defensas alemanas. Pero la "Operación Market-Garden" no contó con el apoyo necesario y la lamentable derrota de Arnhem neutralizar las restantes éxitos de los aliados.

La escasez de aviones de transporte obligó a los ingleses a efectuar lanzamientos fraccionados de paracaidistas, en medio de fuerzas enemigas que eran bastante más importantes de lo previsto. Las unidades que llegaron al puente de importancia vital que cruzaba el Rhin fueron aniquilados y su sacrificio marcó el final de las esperanzas de que la guerra terminara en 1944.


    ÍNDICE:

  1. FUERZAS ENFRENTADAS
    A1. Fuerzas Aliadas
    A2. Fuerzas Alemanas
  2. INICIO
  3. SOLO "PRIORIDAD LIMITADA"
  4. LA ZONA DE LANZAMIENTO LEJOS DE LA CIUDAD
  5. RESISTENCIA A ULTRANZA EN NIMEGA
  6. LOS ALEMANES SORPRENDIDOS
  7. UN FORMIDABLE "COMITÉ DE RECEPCIÓN"
  8. UN AVANCE PELIGROSAMENTE LENTO
  9. UNA META QUE NO SE ALCANZÓ POR MUY POCO MARGEN
  10. GALERÍA FOTOGRÁFICA
    J1. Mandos
    J2. Mapas
    J3. Fotos Variadas
  11. FUENTES




A. FUERZAS ENFRENTADAS


A1. Fuerzas Aliados

12º Grupo de Ejércitos: Teniente General Omar N. Bradley.

  • 1º Ejercito USA (a partir del 24 de Septiembre): Teniente General Charles H. Corlett
    2º Division Blindada.
    30º Division de Infantería.
    7º Division Blindada (a partir del 27 de Septiembre).
    29º Division de Infantería (a partir del 27 de Septiembre).
    113º Grupo de Caballería.

21º Grupo de Ejércitos: Mariscal de Campo Sir Bernard Montgomery

II Ejército Britanico: Teniente General Sir Miles Dempsey

  • XII Cuerpo de Ejercito: Teniente General N.M. Ritchie.
    7º Division Blindada: Mayor General G.L. Verney.
    15º Division (Escocesa): Mayor General C.M. Barber.
    53º Division (Galesa): Mayor General R.K. Ross.

  • VIII Cuerpo: Teniente General Sir Richard O´Connor.
    11º Division Blindada: Mayor General G.P.B. Roberts.
    3º Division: Mayor General L.G. Whistler.
    4º Brigada Blindada: Brigadier R.M.P. Carver.
    1º Brigada Belga: Coronel B. Piron.

  • XXX Cuerpo: Teniente General B.G. Horrocks.
    2º Regimiento de Caballería: Household.
    Division Blindada de la Guardia: Mayor General A.H.S. Adair.
    43º Division Wessex: Mayor General G.I. Thomas.
    50º Division (Northumbrian): Mayor General D.A.H. Graham.
    8º Brigada Blindada.
    Brigada Royal Netherlands "Princesa Irene".

  • I Ejército Aerotransportado: Teniente General Lewis H. Brereton.
    IX Comando de Transporte Aéreo USAAF: Mayor General Paul L. Williams.
    38º Grupo RAF
    46º Grupo Aéreo RAF

  • XVIII Cuerpo Aerotransportado USA: Mayor General Matthew B. Ridgway.
    82º Division Aerotransportada: Brigadier General James Gavin.
    101º Division Aerotransportada: Mayor General Maxwell Taylor.

  • I Cuerpo Aerotransportado Britanico: Teniente General F.A.M. Browning.
    1º Division Aerotransportada: Mayor General R.F. Urquhart.
    1º Brigada Polaca de Paracaidistas: Mayor General Stanislav Sosabowski.
    52º Division Aerotransportada: Mayor General E. Kakewell-Smith.


Elementos Aéreos Adjuntos

IX Mando de Transporte de Tropas de la Fuerza Aérea De Estados Unidos (USAAF): Mayor General Paul L. Williams


USAAF

    52ª Ala de Transporte: 61º, 313º, 314º, 315º, 316º y 349º Grupos de Transporte de Tropas (Dakota).
    53ª Ala de Transporte: 434º, 435º, 436º, 437º y 438º Grupos de Transporte de Tropas (Dakota).
    50ª Ala de Transporte: 439º, 440º, 441º y 442º Grupos de Transporte de Tropas (Dakota).


RAF

  • 28º Grupo de Transporte: Mariscal L.M. Hollinghurst.
    Escuadrones: Nº 195, 299, 570 y 620 (Stirling).
    Escuadrones: Nº 198 y 644 (Albemarle/Halifax).
  • 46º Grupo de Transporte: Comodoro A.D. Fiddament; reemplazado por el Comodoro L. Darvall el 15 de septiembre.
    Escuadrones: Nº 48, 233, 271, 512 y 575.
  • 437º Escuadrón de la Fuerza Aérea Canadiense (RCAF).


Fuerza Aérea

Segunda Fuerza Aérea Táctica de la RAF: Mariscal Sir Arthur Coningham.

  • 83º Grupo de la RAF: Vicemariscal H. Broadhurst.
    Ala Nº 39 Reconocimiento Canadiense.
    Alas 121, 122, 123, 143 (Typhoon).
    Ala 125 (Spitfire).
    Alas 126, 127 Canadienses (Spitfire).
  • 2º Grupo de la RAF: Vicemariscal B.E. Embry.
    Alas 136, 138, 140 (Mosquito).
    Alas 137, 139 (B-25 Mitchell).
  • 84º Grupo de la RAF: Vicemariscal E.O. Brown.

  • Comando de Cazas de la RAF: Mariscal Roderick Hill.
  • Comando de Bombarderos de la RAF: Mariscal en Jefe Sir Arthur Harris.
  • Comando costero de la RAF: Mariscal en Jefe Sholto Douglas.
  • 9ª Fuerza Aérea de EEUU: Teniente General Hoyt S. Vandenberg.
  • 8ª Fuerza Aérea de EEUU: Teniente General James H. Doolittle.


A2. Fuerzas Alemanas

Comando de las Fuerzas Armadas en Holanda: General del Flieger Friedrich Christiansen

  • II SS Cuerpo Panzer: Obergruppenführer Wilhelm Bittrich.
    SS Kampfgruppe "Hohenstauffen": Obersturmführer Walter Harzer.
    SS Kampfgruppe "Frundsberg": Brigadeführer Heinz Harmel.
  • Regimiento de entrenamiento de la Division "Hermann Göring": Oberstleutnant Fritz Fullreide.
  • Kampfgruppe "Von Tettau": Teniente General Hans von Tettau.

Grupo de Ejércitos B: General Hans Krebs

  • XV Ejercito General de Infantería Otto Sponheimer.
    346º Division de Infantería: Teniente General Josef Reichert.
    719º Division de Costa: Teniente General Karl Sievers.

  • LXXXVIII Cuerpo: General de Infantería Hans Reinhard.
    Kampfgruppe "Chill": Teniente General Kurt Chill.
    59º Division de Infantería: Teniente General Walter Poppe.
    245º Division de Infantería: Oberst Gerhard Kegler.
    712º Division Estática: Teniente General Friedrich-Wilhelm Neuman.

1º Ejército de Paracaidistas: General Kurt Student

  • LXXXVI Cuerpo: General de Infantería Hans von Obstfelder.
    176º Division de Infantería: Oberst Christian Landau.
    Kampfgruppe "Walther".
    6º Regimiento de Paracaidistas: Teniente Coronel Friedrich Freiherr von der Heyde.
    107º Brigada Panzer: Mayor Freiherr Wolfgang Erdmann.

II Cuerpo de Paracaidistas: General de Tropas Paracaidistas Eugen Meindl

  • XII SS Cuerpo: Obergruppenführer Kurt von Gottberg.
    180º Division de Infantería: Teniente General Bernard Klosterkemper.
    190º Division de Infantería: Teniente General Ernst Hammer.

363º Division Volksgrenadier: Teniente General Augustus Detling

WEHRKREIS VI

    Cuerpo "Feldt": General de Caballería Kurt Feldt.
    406º Division de Tropas: Teniente General Scherbeing.




B. INICIO


Mientras los Ejércitos aliados se aproximaban lentamente a la frontera de Alemania, la resistencia enemiga se endurecía. El General Dempsey, que dirigía las operaciones del 2º Ejército británico, advertía continuas señales de la cada vez más resuelta defensa opuesta por los alemanes. Muchas veces, sus vanguardias se vieron forzadas a detenerse frente a las unidades formadas por la Hitler Jugend. Estos combatientes fanáticos, atrincherados en grupos aislados de casas u ocultos en los pantanos inaccesibles, defendían con encarnizamiento las puertas de su patria. Fue en esta circunstancia cuando Montgomery concibió el plan de romper rápidamente las líneas defensivas alemanas mediante una serie de lanzamientos de paracaidistas. Esperaba que la conquista de determinado número de puentes entre la frontera holandesa y el bajo Rhin abriera camino al 2º Ejército, permitiéndole avanzar velozmente a través de Holanda para penetrar en las llanuras de Alemania septentrional.


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Dos paracas británicos colocan un contenedor de armas Mark I a un avión antes de despegar de Inglaterra


Teniendo en cuenta que el impulso inicial del avance aliado había experimentado una disminución del ritmo a fines de la primera semana de septiembre. Montgomery tuvo la seguridad de que aquel era precisamente el momento más importuno para emplear las fuerzas aerotransportadas. Tras la conquista de los puentes holandeses, podría lanzar al 2º Ejército a un ataque que le situaría en un extenso frente vuelto hacia el Este, entre Arnhem y Zwolle; por lo tanto, una vez constituida una profunda cabeza de puente a través del Ijsselmeer, se encontraría en una posición muy fuerte, desde la que podría desencadenar aquel “poderoso y violento golpe al corazón de Alemania” que debía de lanzar. Los principales puentes para conquistar eran cinco. Uno, en el Canal Wilhelmina, a más de 30 km de la frontera holandesa; otro, en el Canal Zuid Willemsvaart, 16 km más al Norte, y los otros tres, respectivamente, en el Mosa, en el Waal y en el Bajo Rhin. Se lanzaría una división del Ejército aerotransportada en la zona comprendida entre Eindhoven y Uden, con el fin de conquistar los dos puentes sobre los canales y para desembarazar el camino entre uno y otro; una segunda división debería asegurarse la posesión del puente sobre el Mosa, en Grave, y del que cruza el Waal, en Nimega, mientras una tercera sería lanzada en Arnhem para ocupar el punto de cruce del bajo Rhin, de 135 metros de ancho.

Se trataba de un plan ambicioso, pero audaz y genial, y de haber tenido éxito las ventajas habrían sido incalculables. En efecto, se habría envuelto la Linera Sigfrido, con lo que los Aliados hubieran dispuesto de un trampolín de lanzamiento para entrar en territorio alemán, y además, una vez el 2º Ejército hubiera iniciado su avance hacia el Ijsselmeer, todas las unidades alemanas presentes en Holanda occidental habrían quedado aisladas. Naturalmente, el plan no dejó de suscitar críticas. El General Bradley hablaba desdeñosamente del “saliente de 96 km que sería preciso formar avanzando a los largo de una dirección secundaria”, y se mostraba preocupado por el peligroso vacío que se crearía entre el 2º Ejército británico y el 1er Ejército americano, ya duramente empeñado.


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Posicionamiento de las divisiones alemanas en Holanda


El General Dempsey, que recibía de los Servicios de Información noticias sobre la crecientes actividad alemana en Holanda central, sobre en torno a Arnhem y Nimega, era de la opinión de que sería preferible lanzar el golpe, juntamente con las fuerzas norteamericanas, en dirección este, hacia el Rhin y a la altura de Wesel, mas que “penetrar en Holanda por una dirección tangencial”. El 10 de septiembre, Dempsey fue a ver a Montgomery para convencerle de que aceptase su punto de vista. Pero Montgomery le dijo que acababa de recibir una comunicación del Ministerio de la Guerra en la que se le preguntaba qué se podría hacer para conquistar o neutralizar la base próxima a La Haya, desde que se lanzaban las V-2 alemanas. La demanda excluía toda discusión posterior y el ataque por el Norte no podía diferirse más. Dempsey, por lo menos, pudo tener la reconfortante certidumbre de que la dirección de avance que seguiría su Ejército sería imprevisible y que, en consecuencia, el enemigo quizás se viera sorprendido; además, también las operaciones preliminares al lanzamiento se podrían realizar a una distancia no excesiva de las bases británicas.





C. SOLO "PRIORIDAD LIMITADA"


A juicio de Montgomery y de Dempsey, resultaba completamente inadecuado, en lo que concierne a abastecimiento y a transporte suplementarios proporcionado por los americanos, la “prioridad limitada” que Eisenhower había decidido conceder a la operación aerotransportada. Por su parte, los norteamericanos consideraban injustificado incluso a esta “prioridad parcial”, pues ellos mismos no podían renunciar a aquella mínima cantidad de abastecimiento y de transporte. Pero Montgomery, que no tenía la menor comprensión para los problemas políticos de Eisenhower, continuó insistiendo en la necesidad de obtener prioridad absoluta sobre todas las restantes operaciones. Ya se habían utilizado en su totalidad las reservas del XXI Grupo de Ejército; de Inglaterra habían prometido el envió de nuevas compañías de transporte, pero lo cierto era que aún no había llegado, incluso los chasis de remolque (vehículos para el transporte de carros de combate) se empleaban para el transporte de abastecimientos esenciales y, en consecuencia, gran parte de la artillería pesado y los cañones antiaéreos del 2º Ejército se habían visto temporalmente inmovilizadas al ser privados de sus medios de remolque.


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Vista aérea de la ciudad de Nimega


El Cuerpo de Ejército del Teniente General Brian Horrocks al que se le había confiado la misión de conducir el ataque del 2º Ejército en cuando las tropas paracaidistas hubieran conquistado los puentes, no podría contar con el apoyo del 1er Ejército norteamericano mientras Patton siguiera avanzando hacia el Sur; por ello se decidió que el apoyo se lo proporcionaría por el VIII Cuerpo de Ejército británico, trasladado a su derecha. Sin embargo, los vehículos de transporte del citado cuerpo ya se empleaban en gran parte en otras unidades del 2º Cuerpo y los suplementarios facilitados por los norteamericanos no serian suficientes para suplir aquella carencia. Por este motivo, el 11 de septiembre Montgomery comunicó a Eisenhower que la operación de desembarco aéreo no podría llevarse a cabo, como se había previsto, el 17 de septiembre, y que era preciso aplazar el ataque el ataque hasta el 21, o quizás más tarde aún, y que a causa de este aplazamiento se debía esperar “una resistencia mayor y progreso más lento”.

Esta advertencia, expresada sin ambigüedades, obtuvo el efecto deseado. Al día siguiente Eisenhower envió al Cuartel general de Montgomery a su jefe de estado mayor, con la promesa de que se pondría a disposición del mariscal británico bastantes compañías americanas de camiones, que se enviarían a Bruselas diariamente 1000 toneladas de abastecimiento, que se detendría el avance en dirección hacia el Sarre y que la mayor parte de los abastecimientos destinados al XII Grupo de Ejército americano se asignaría así un apoyo adecuado al XXX Cuerpo de Ejército sobre su derecha cuando se iniciara la ofensiva. Según parece, la inmediata reacción de Eisenhower a la solicitud británica obedecía esencialmente a su deseo de disponer de lo más pronto posible el puerto de Amberes, cuyos canales de acceso estaban todavía bloqueados por los alemanes.


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Paracaidista de la 1ª Brigada Paracaidista polaco se prepara para despegar, el 21 de septiembre


Pero los proyectos de Eisenhower fueron un tanto enredados por el exuberante Patton, quien, apenas se entero e que probablemente recibiría la orden de pasar a la defensiva, actuó de forma que sus fuerzas se concentrasen empeñadas a fondo más allá del Mosela. Se le había autorizado exclusivamente “a desarrollar una continua actividad de reconocimiento para luego extenderla y, finalmente, pasar al ataque, según la disponibilidad de carburante y de munición” con las que pudiera contar. No pasó mucho tiempo antes de que el apoyo norteamericano a la operación de Montgomery resultase de poca importancia. Pues, apenas Hodges, que mandaba el 1er Ejército, hubo atravesado la frontera alemana, en las cercanías de Prüm, encontró la misma tenaz oposición que Patton hallaba al otro lado del Mosela. En efecto, la resistencia de los alemanes se iba endureciendo día a día a lo largo de todo el frente aliado, y el Feldmariscal Model, quien el 4 de septiembre había comunicado al Führer que la “desigual lucha no podría durar mucho”, ahora no se sentía ya tan pesimista. La Wehrmacht se rehacía y estaba recuperando parte de su potencia de antaño, por lo que las posibilidades de triunfo de la operación de desembarco aéreo en el Norte disminuirían cuando más se retrasasen.

El mismo día en que el General Dempsey visitó a Montgomery para intentarle convencer de que renunciase totalmente a la operación, en el puesto de mando del Ejército aerotransportado, en Gran Bretaña, ya se había comenzado a discutir los detalles para la ejecución de la misma. El Ejército disponía de cuatro divisiones para el proyecto de lanzamiento, dos británicas y dos norteamericanas, así como una brigada autónoma de paracaidista polacos, mandada por el hábil y valiente General Stanislaw Sosabowski. Las dos unidades americanas eran la 101ª División, del General de División James Gavin, y la 82ª División, del General de División Maxwell Taylor. Tanto Gavin como Taylor eran hombres dotados de profunda cultura y de amplia experiencia. Las dos divisiones británicas eran la 52ª División y la 1ª División Aerotransportada, al mando del General de División R.E. Urquhart.


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Zonas de lanzamiento de las unidades aerotransportadas


El General Urquhart, al contrario que sus dos colegas norteamericanos, tenía poquísima experiencia en el empleo de tropas aerotransportadas. Era un hombre robusto de 42 años, escocés, querido por todos y que había combatido en África del Norte y en Italia. Pero, como el mismo confesó, nadie abría podido tan estupefacto como quedo el cuándo, nueve meses antes, le había puesto al mando de la división. Sufría terriblemente de mareo aéreo, no se había lanzado nunca en paracaídas, ni había participado nunca en un desembarco con planeadores. En realidad, su división no intervino en el Desembarco de Normandía, porque permaneció en Gran Bretaña como reserva estratégica, y en el curso de los tres últimos meses Urquhart y sus hombres se había preparado para una serie de operaciones que jamás se llevaron a cabo; a veces debido a las condiciones climáticas, en ocasiones porque la extrema dificultad relacionada con su realización se había reconocido a tiempo y, más a menudo, porque durante el tiempo en que la operación se proyectaba el éxito logrado por las columnas acorazadas de los aliados habían sido tan arrollador que hacían superfluas cualquier otra intervención.


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Zonas de lanzamiento de la 82ª División Aerotransportada


La desilusión, al ver que sus colegas de la 6ª División Aerotransportada conquistaban todos los laureles en Normandía, junto con las semanas de preparación, de proyectos y de órdenes revocadas dio como resultado que la división, según las justas palabras de uno de sus oficiales, estuviera en aquel momento “inquieta, desilusionada y dispuesto a todo”. Estaba "animada por una manía de combatir”, dijo Urquhart, “que sólo quien ha tenido a su mando unidades numerosas, formadas por bien adiestrados, puede comprender plenamente”. “Los ingleses (dijo Eisenhower al Capitán Bucher, uno de los oficiales del Estado Mayor del SHAEF) insistía para que asignasen a su división aerotransportada las misiones más difíciles y más arriesgadas”. Y lo cierto es que lo lograron. Cuando el General Urquhart fue convocado al puesto de mando de su Cuerpo de Ejército, no tardó en darse cuenta de que se trataba verdaderamente de un cometido dificilísimo.

El Comandante del Cuerpo de Ejército, Teniente General F.A.M. Browning, le comunicó que la 101ª División norteamericana efectuaría el lanzamiento al Norte de Eindhoven para conquistar la ciudad, los cuatro puentes ferroviarios y de carreteras sobre el río Aa y el Canal Zuid Willemsvaart, en Vechel, así como los puentes sobre el Dommel, en St. Oedenrode, y sobre el Canal Wilhelmina, en Son. Al mismo tiempo, la 82ª División norteamericana conquistaría los puentes sobre el Mosa, en Grave, y sobre el Wall, en Nimega. Luego Browning trazando otro amplio círculo sobre el plano cubierto con una espesa hoja de material transparente, “con un amplio gesto de la mano”, como dijo Urquhart, había rematado: “Este es el puente de Arnhem, es preciso poseerlo a toda costa”.


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Zonas de lanzamiento de la 101ª División Aerotransportada


La operación, a la que se le denomino convencionalmente “Market-Garden”, era operación de desembarco aéreo más ambicioso que se había proyectado hasta entonces. A pesar de ello, se tuvo que proyectar en todo sus detalles en sólo seis días. Y la elaboración del plan presentaba enormes dificultades. Los mayores problemas, relacionados con la misión específica de la división de Urquhart, eran dos: la penuria de aviones de transporte y la convicción de que la artillería antiaérea en el sector de Arnhem era demasiado potente para permitir el lanzamiento de las inmediatas proximidades del puente y en ambas orillas del río. La prioridad en lo que respecta a aviones, afirmó Browning cuando Urquhart le pidió un número mayor para las divisiones británicas, debía concederse a los norteamericanos. Era obvio que la conquista del puente de Arnhem no tendría ninguna finalidad si los norteamericanos no lograban conquistar los del Mosa y del Waal. Así, mientras los paracaidistas de las dos divisiones norteamericanas tomarían tierra en Holanda en un solo lanzamiento, la división británica sería transportada en tres oleadas sucesivas, ya que o había más aviones disponibles.

Eran muy graves los peligros que entrañaba entre fraccionamiento de la división. En efecto, los hombres de la primera oleada deberían llevar a término, con éxito, una doble misión: apoderarse de los puentes y proteger el aterrizaje de los que les seguirían. Y aunque se admitiera que con el primer lanzamiento se podría efectuar un ataque por sorpresa, el enemigo tendría tiempo suficiente para organizar la defensa en el intervalo de tiempo entre la primera oleada y las siguientes. Para eliminar este riesgo, se aventuró la propuesta de que los aparatos disponibles realizasen el recorrido hasta Holanda dos veces en el mismo día. Pero esta propuesta fue rechazada por el comandante de los transportes aéreos, quien objetó que “el intervalo de tiempo entre dos misiones no sería lo suficiente largo para poder efectuar las operaciones normales de mantenimiento y de reparación de los daños sufrido en combate y para permitir algún reposo a los hombres de las tripulaciones”. La proposición de realizar el primer lanzamiento durante la noche y el segundo lo más pronto posible después del alba, también fue rechazada, por el hecho de que las tripulantes norteamericanas, encargadas de transportar a la mayor parte de las tropas paracaidistas, no estaban debidamente entrenadas para las operaciones nocturnas.


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Así, pues, no había más remedio que efectuar una serie de lanzamientos en pleno día y con amplios intervalos de tiempo. Y en consecuencia, el buen éxito de la operación británica dependía de que las fuerzas enemigas fueran relativamente exiguas de en sector de lanzamiento, a la eficacia de la sorpresa inicial y a una elección cautelosa de las zonas de aterrizaje. Además, la RAF, después de haber realizado numerosos vuelos de reconocimiento, sostenía que los lanzamientos en las proximidades del principal puente de carreteras tendrían que excluirse porque los paracaidistas encontrarían en la zona de Arnhem fuertes destacamentos de artillería antiaérea. A esto se añadía el peligro de que los aparatos que remolcaban a los planeadores, lentos, desarmados y vulnerables, fueran demasiado lejos y acabasen bajo el fuego de la barrera de las defensas antiaéreas de los aeródromos holandeses, si, para volver a sus bases, se dirigían al Norte; o bien que obstaculizaran el vuelo de los aviones americanos que operarían sobre Nimega, en el caso que siguieran la ruta sur.


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Re: Operación Market Garden

Notapor cocinilla » 14 Mar 2015 09:20

D. LA ZONA DE LANZAMIENTO LEJOS DE LA CIUDAD


Por todos estos motivos Urquhart se vio obligado a escoger zonas de aterrizaje muy lejos de la ciudad, donde el peligro de la defensa antiaérea estaría reducido al mínimo y donde sería posible realizar un lanzamiento con precisión y orden. Tuvo que descartar de sus planes la landa abierta, situada a unos 65 km al norte de Arnhem, porque estaba demasiado corta por dunas y matorrales y porque era poco extensa para permitir el aterrizaje de un gran número de planeadores. También tuvo que renunciar a la zona que se extendía a las cercanías el puente principal, un poco más al sur del río, no solo porque la RAF informó que allí había defensas antiaéreas “casi prohibitivas”, sino también porque los partes de Servicio de Información y de los partisanos holandeses coincidían en describirla como “polder”, es decir, un terreno pantanoso bonificado, nada apto, por consiguiente, ni para el aterrizaje de los planeadores ni por el rápido despliegue de grandes unidades.


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Hombres del 1º Rgto. Ligero Aerotransportable de la Artillería Real, el 17 de septiembre


A pesar de ello, Urquhart, convencido de que los grupos de artillería antiaérea próximos al puente se verían reducidos al silencio antes de que se llevase a cabo el tercer aterrizaje, señaló la zona en los mapas para confiarla a los paracaidistas polacos de Sosabowski, que serian lanzados tres días después del comienzo de la operación. Todos los demás sectores señalados para los lanzamientos y para el aterrizaje de los planeadores, que habrían de ser ocupados el primero y el segundo día, se encontraban muy al oeste de la ciudad, donde el terreno era sólido y seco y el espacio relativamente extenso. Urquhart los dividió en cinco zonas, tres de ellas al norte de la línea férrea Arnhem-Utrecht, y las otras dos al sur de la misma, en el páramo de Renkum, que sería delimitado por cinta de nylon coloreado, extendido sobre el terreno para los hombres de la 21ª Compañía Autónoma de paracaidistas, que se lanzaría dos horas antes de la hora H.

El comandante polaco, General Sosabowski, no pudo menos que preguntar si las condiciones atmosféricas serian buenas durante el desarrollo de la operación, como estaba previsto en el plan, y, en caso contrario, que haría Urquhart si el 2º Ejército no llegaba con la rapidez prevista para proporcionar el apoyo necesario y si la reacción de los alemanes era inmediata. Más, en aquella fase de la elaboración de los planes, la opinión difundida era que las fuerzas alemanas que guarnecían la zona no estaban en condiciones de emprender una acción decisiva. Al XXX Cuerpo de Ejército de Horrocks, que constituía la vanguardia del 2º Ejército, situado a la espera en la frontera holandesa, los alemanes opondrían (así se creía entonces) no más de seis batallones de infantería, apoyados por 25 cañones y solo 20 panzer. Detrás de este exiguo despliegue frontal, en el sector de Nimega se encontraba, según las noticias proporcionadas por informadores holandeses, otros seis batallones constituidos por soldados de Sanidad y, tras ellos, en el sector de Arnhem, unas pocas unidades acorazadas en malas condiciones, en fase de reorganización y reequipamiento.


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Tanques Sherman del los Guardias Irlandeses comienzan su avance por la estrecha autopista 69


El informe definitivo del Servicio de Información del XXI Grupo de Ejército, con fecha del 12 de septiembre, decía, sin mencionar específicamente la presencia de tropas en el sector de Arnhem, que la retirada alemana, había sido caótica, con efectos psicológicamente desastrosos. Seis días más tarde, continuaban insistiendo en esta tónica obstinaste, y también el Servicio de Información del 2º Ejército, a pesar de sus procedentes advertencias alarmistas que habían preocupado a Dempsey, se inclinaba a creer que bajo el velo de la fanática resistencia en Holanda no existían fuerzas alemanas dignas de consideración. En cambio, un oficial del Servicio de Información del SHAEF creía que en el sector de Arnhem se encontraba dos Panzerdivisionen SS (la 9ª División Panzer “Hohenstaufen” y la 20ª División Panzer “Frundsberg”) que habían sido retiradas de la cabeza de desembarco en Normandía para evitar su aniquilación definitiva; pero esta hipótesis no fue tomada en consideración.

De los informes, generalmente optimistas, que procedían de otras fuentes parecía licito presumir (y el mando del 1er Ejército Aerotransportado así lo hizo) que no había “pruebas consistentes de que la zona Arnhem-Nimega” estuviera “guarnecida por otras fuerzas dignas de mencionar además de las considerables defensas antiaéreas, cuya existencia ya se conocía” y que las fuerzas presentes en el sector de Arnhem en particular no eran “superiores a una brigada, con un pequeño número de cañones y de Panzer”. Un mensaje radiado por la resistencia holandesa, transmitido a Londres el 15 de septiembre, en el que se hablaba de la “División Hohenstruff SS (evidentemente hablaba de la 9ª División Panzer “Hohenstaufen”) a lo largo del Ijsselmeer y de otras unidades menores entre Arnhem y la carretera Zurfen-Apeldoorn” no se comunicó a la 1ª División Aerotransportada hasta el 20 de septiembre, mucho después de que las tropas paracaidistas hubieran podido comprobar en su propio carne la exactitud de aquellas descorazonadora información.


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Paracaidistas dela 1ª Brigada Paracaidista polaca junto a un Dakota C-47 el 19 de septiembre


Pero es casi seguro de que el Cuerpo de Ejército aerotransportado no habría renunciado, en ningún caso, a su firme voluntad de entrar en acción, ni siquiera aunque los partes del Servicio de Información hubieran sido más fieles a la realidad. El General J.W. Hackett, hábil y joven comandante de la 4ª Brigada Paracaidista, puso en guardia a sus comandantes de batallón, advirtiéndoles que cabía esperar grandes pérdidas. Por el contrario, los otros oficiales de la división se mostraron, según el parecer del general Sosabowski, injustificadamente confiado. Durante las conversaciones con Urquhart, ninguno de ellos hizo la menor objeción. “La mayoría estaba con una pierna sobre otra, con aire indiferente y más bien aburridos, en espera de que concluyera la reunión”, escribió más tarde Sosabowski. Tan solo un oficial se atrevió a tomar la palabra, preguntando por cuánto tiempo, poco más o menos, tendrían que permanecer en posición en la cabeza de puente de Arnhem. Algunos días antes, el General Browning habría dirigido la misma pregunta a Montgomery y este le contestó: “Dos días. Al final del segundo día lo habréis resuelto”. “Podemos resistir incluso cuatro”, había afirmado Browning. Y luego añadió: “Pero creo que quizás nos adelantamos demasiado”.

La Operación Market-Garden se inició la madrugada del domingo 17 de septiembre de 1944. El tiempo correspondía a las previsiones meteorológicas: vientos débiles y visibilidad buena; a las 10 horas los escasos bancos de nubes estratificadas se habían aclarado. Los soldados empezaron a ocupar sus puestos en los aviones en ocho aeródromos británicos y 14 norteamericanos, que se extendían desde Dorsetshire a Lincolnshire. Los aviones que los tenían que transportar a Holanda habían sido minuciosamente preparados por el Estado Mayor operativo combinado de la 38ª División Aérea de la RAF y del 9º Mando de Transporte Aéreo estadounidense, el cual había establecido que los aeródromos de base para la operación se subdividiera en dos grupos distintos. Los aparatos que despegaban de las bases del grupo meridional se situarían en formación sobre Hatfield, en el Hertfordshire, y los procedentes del grupo septentrional sobre March, en el Cambridgeshire.


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La 101º División Aerotransportada norteamericana seguiría la ruta meridional hacia el North Foreland, luego se dirigiría directamente al Este, a través del Canal de la Mancha, sobre Goel y, por último, viraría al Norte para llegar sobre Eindhoven. La 82ª División Aerotransportada norteamericano y la 1ª Británica seguirían la ruta Norte, sobrevolando Aldeburgh y la Isla de Schouwen, hasta hallarse sobre Hertogenbosch, donde la formación se separaría: los americanos se dirigirían a sus objetivos en Grave y Nimega y los ingleses sobre Arnhem. Las rutas recibirían la ayuda de radiofaros y de señalizaciones en todo los puntos de reunión y en los del viraje; también la recibirían de otros radiofaros y de señales luminosas en código transmitidos desde algunos buques en el Canal de la Mancha y, finalmente, de balizamientos horizontales mediante tiras coloreadas situadas en tierra, señales de humo de color y radiofaros en las zonas de lanzamiento y aterrizaje.


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La cobertura aérea la garantizaban unos 1000 cazas norteamericanos y británicos, tanto durante el vuelo como después de los aterrizajes; además, se realizarían reconocimientos armados sobre misiones diversas fuera del sector operativo. Los aeródromos alemanes y las posiciones antiaéreas ya habían sido bombardeados, e inmediatamente antes del lanzamiento se atacarían los cuarteles próximos a las zonas de aterrizaje. Los aliados creían que la amenaza más seria la representaba la artillería antiaérea y las posibles pérdidas se habían calculado alrededor del 40 % de los planeadores y de los aviones de Transporte. Mas la artillería antiaérea estaba muy lejos de la potencia temida y las pérdidas de aviones de transporte, de un total de 1545 aparatos y 48 planeadores, fueron muy limitadas; en cuanto a los monoplazas Focke-Wulf y a los Messerschmitt con que se enfrentaron, atacaron a los cazas de escolta, pero no a las formaciones principales.

La 82ª División de Gavin tomó tierra en las cercanías de Grave y de Nimega sin contratiempos. Uno de sus batallones, que tomo tierra a ambos lados del puente sobre el Mosa lo conquistó en una hora. Seis horas después, otras unidades de su división conquistaron un segundo puente, sobre el Canal Mosa-Waal, y penetraron hacia el Este, hasta la orilla de Reichswald. La resistencia alemana fue arrollada rápidamente y el General Gavin solo encontró una posición seria cuando mandó un batallón en dirección Norte, para conquistar el puente sobre el Waal. Mientras tanto, más al Sur, la 101ª División de Maxwell Taylor había actuado con igual rapidez, obteniendo éxitos iniciales comparables con los de la 82ª División. Lo aviones fueron objeto de un potente fuego antiaéreo mientras se aproximaban a Eindhoven, que sufrieron pocos daños, y los norteamericanos, apenas hubieron aterrizado, avanzaron rápidamente y neutralizaron las esporádica resistencia.


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Conquistaron todos los puentes sobre el Canal Zuid Willemsvaart, en Vechel y, aunque el puente que atravesaba el Canal Wilhelmina, Son, había sido volado por los alemanes, un regimiento paracaidista logro atravesar el canal durante la noche y avanzó hacia el Sur, penetrando en la periferia de Eindhoven y abriendo un angosto paso para las fuerzas acorazadas británicas. Había comenzado el ataque. El general Horrocks, desde el tejado de una fábrica en las orillas del Canal Mosa-Escala, había presenciado el paso de las oleadas de aviones, y cursó al XXX Cuerpo de Ejército las órdenes para que comenzara la acción. Antes de la noche, los americanos y los británicos enlazaron en Eindhoven: el estrecho corredor hacia Arnhem había quedado abierto hasta Nimega.





E. RESISTENCIA A ULTRANZA EN NIMEGA


Sin embargo, en Nimega, la conquista del importante puente sobre el Waal parecía ser una empresa difícil y peligrosa. El General Gavin había tenido la intención de lanzar un ataque contra el puente el lunes por la mañana; pero se lo impidió un contraataque que los alemanes desencadenaron desde el Reichswald, invadiendo las zonas de aterrizaje a los que deberían llegar poco después la artillería transportada por los planeadores y los refuerzos de infantería. Tras un encarnizado combate, los alemanes fueron rechazados y los planeadores, que había sufrido un providencial retraso de dos horas a causa de la niebla, pudieron tomar tierra sin sufrir pérdidas.

Al día siguiente, la niebla impidió la llegada de la segunda oleada de refuerzos, y cuando los granaderos de los Irish Guards (la unidad de cabeza de la División Acorazada de Guardia) se unió, en la periferia de Nimega, con las fuerzas de Gavin, la presión que los alemanes ejercían sobre el flanco oriental era tan fuerte que solo pudo destinar uno de sus tres regimientos paracaidistas para el ataque a los puentes sobre el Waal. En el ínterin, los alemanes había procedido a reforzar los accesos a los mismos, y el Mando alemán estaba tan seguro de que el puente de carreteras era inexpugnable, por lo que ordenaron que no se destruyera porque “podría defenderse con éxito”. El miércoles por la mañana, pese a las ingentes bajas sufridas el día anterior y a la aparentemente indestructible solidez del perímetro defensivo alemán, los Aliados reanudaron las ofensivas, lanzándose contra los puentes, ataques simultáneos por el Norte y por el Sur.


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Paracaidistas del 507º Rgto. Paracaidista del 17ª División Aerotransportada embarca en un C-47 el 24 de Marzo de 1945


El ataque desde el Norte lo lanzó el 504º Regimiento Paracaidista americano, el cual, después de que los alemanes se vieran obligados a evacuar Nimega en el curso de la mañana, empezó a cruzar el río, a las tres de la tarde, a 1.600 metros de la ciudad. Los americanos lograron establecer y mantener una pequeña cabeza de puente, aunque sólo menos de la mitad de las embarcaciones pudo llegar a la orilla opuesta. Al caer la tarde había interrumpido fuera de la cabeza de puente, enarbolando la bandera americana en el extremo septentrional del puente ferroviario y avanzaban hacia el de carreteras. La División de Guardia, divisando a través del humo la bandera que ondeaba, creyó que era la señal para dar comienzo de su ataque final. Los carros de combate británicos, abriéndose camino a través de los reductos germanos supervivientes, bajo el masivo fuego de las piezas de 88 mm, se dirigió hacia el puente sobre el Waal.

Cuatro carros lo alcanzaron poco después de las 21:00. A dos los pusieron fuera de combate los cañones escondidos tras el abrigo de espesa barrera de acero, pero los otros dos llegaron hasta el extremo opuesto y demolieron las barreras de la carretera, enlazando con los paracaidistas norteamericanos de la orilla derecha. Una hora más tarde, el puente estaba definitivamente en manos aliadas. El camino hacia Arnhem estaba abierto y las unidades avanzadas del XXX Cuerpo de Ejército recibieron la orden de lanzarse hacia adelante para relevar a la 1ª División Aerotransportada al amanecer. Desde hacía más de tres días las fuerzas británicas estaban combatiendo en Arnhem una batalla desesperada y aislada.


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Vista aérea en dirección oeste del río Waal a su paso de Nimega, el 22 de septiembre


Durante la fase inicial de la operación, en el mismo momento en que Horrocks observaba paso de la riada de aviones, el Feldmariscal Walter Model, comandante del Grupo de Ejército B, se encontraba en el Hotel Tafelberg de Oosterbeek, sede de su puesto de mando y que distanciaba unos tres kilómetros de Arnhem. Desde luego, los ingleses no habían esperado darse de manos a boca con su gran antagonista precisamente a tan pocos pasos del centro de la zona elegida para la proyectada operación; pero también es cierto que ni Model ni el General Kurt Student, comandante del 1er Ejército Paracaidistas, cuyo puesto de mando estaba situado más al Sur, en Wught, habían previsto el ataque aerotransportado aliado.

Las unidades al mando de Student, que comprendían las fuerzas alemanas ya presentes en Holanda, junto con los regimientos paracaidistas y de los batallones de la Luftwaffe transformadas en unidades de infantería, iban siendo reforzadas continuamente. Student estaba seguro de que a estas tropas las atacaría en seguida el 2º Ejército británico; pero, como admitió explícitamente, le pilló “completamente por sorpresa” la Operación Market-Garden. No había “tomado jamás en consideración la posibilidad de un ataque aerotransportado” en aquel sector.





F. LOS ALEMANES SORPRENDIDOS


Student no se percató inmediatamente de la amenaza relacionada con la situación, ni siquiera cuando la mañana del 17 de septiembre los aviones pasaban ruidosamente por encima de su puesto de mando y le trajeron a la memoria, con cierta amargura, las anteriores operaciones aerotransportadas de Rotterdam y Creta, efectuadas bajo su dirección. El Feldmariscal Model también fue sorprendido. Solo hacia tres días que un oficial superior del Estado Mayor de su puesto de mando había formulado una hipotético concepto de acción de Eisenhower, en el cual cabía la posibilidad de un ataque del 2º Ejército británico más allá del Mosa para penetrar en el Ruhr a través de Roermond; sucesivamente el ataque seria seguido por un desembarco aéreo en gran escala al norte del río Lippe, en el sector situado al sur de Münster.

No todos los generales alemanes se mostraban de acuerdo en admitir estas direcciones, que parecían ser, no obstante, lo más probables. Sin embargo, cuando el General Rauter, Polizeiführer (jefe de la policía en Holanda), le dijo a Model que en su opinión un desembarco aéreo en el sector de Arnhem era “una posibilidad que no había que desdeñar”, ni Model ni su jefe de estado mayor, General Krebs, se mostraron convencidos e insistieron en afirmar que, siendo las fuerzas aerotransportadas un instrumento de gran valor, Montgomery, “un general prudentísimo en lo que respecta a la táctica”, no las emplearía en una misión tan aventurada y de ninguna manera antes de que el puerto de Amberes pudiera utilizarse de nuevo para reducir la longitud de la línea de comunicaciones.


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Tropas americanas cargando un jeep en un Planeador Wako


Pero apenas se le informó de que los paracaidistas británicos estaban descendiendo solo a tres kilómetros al oeste, Model reaccionó con su característica prontitud. Ordenó que se evacuara rápidamente el puesto de mando y subió a saltos la escalera para llegar a la habitación y meter en una maleta sus objetos, mientras el chófer, ya dispuesto en la carretera, hacía sonar nerviosamente el claxon. En el apresuramiento los alemanes tuvieron que abandonar una gran cantidad de material, entre otras cosas varios planos de operaciones y gran número de documentos secretos. Poco después, un cortejo de automóviles salía hacia Oosterbeek, puesto de mando del General Bittrich.


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Re: Operación Market Garden

Notapor cocinilla » 14 Mar 2015 09:21

G. UN FORMIDABLE "COMITÉ DE RECEPCIÓN"


El General William Bittrich era el comandante del II Panzerkorps SS. Dos divisiones de este Cuerpo, la 9ª y la 10ª Panzerdivisionen, se estaban reorganizando y tomando nuevamente posiciones al norte y este de Arnhem, confirmando así el fundamento de los temores del SHAEF y la veracidad de las informaciones proporcionadas por la Resistencia Holandesa. Otras unidades escogidas, comparables a la Hermann Goering y a los Alpen Jäger, estaban estacionadas en los suburbios de la ciudad, en los bosques, en los cuarteles del Ejército holandés a lo largo de la carretera de Nimega. En la zona de Arnhem había también tres batallones de infantería, muy fuertes y perfectamente adiestradas; diversos batallones Fliegerhorst, formado por personal de Aviación de los servicios de tierra; bastantes Schiffstanmabteilungen (es decir, el personal de la Marina que había formado parte de las defensas costeras); SS holandeses mandados por un oficial alemán, así como bastantes batería antiaéreas.

Sin embargo, no eran estas unidades las que constituían la verdadera amenaza para el buen resultado de la empresa de la División británica, sino los 8.500 hombres de la 9ª y la 10ª Panzerdivisionen de las Waffen SS, al mando del General Willi Bittrich. Bittrich, alto, rigido, de buena presencia, dotado de una inteligencia nada común, era uno de los generales de las Waffen SS más apreciado en el Ejército alemán. Tenía gustos refinados, modales distinguidos y un agradable sentido del humor. Era también un hombre de mente muy ágil, y aquel domingo por las tarde, hacia las 15:00, ya había intuido cual era el carácter de la amenaza aliada y tomando las disposiciones necesarias para enfrentarse a ella.


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Columna británica el 19 de septiembre


También estaban en movimiento algunas unidades de la 10ª División, pero en dirección a Arnhem. Bittrich había intuido inmediatamente que tan importante era impedir la previsible intención aliada de realizar el enlace con las vanguardias del 2º Ejército como destruir las tropas aerotransportadas que habían penetrado al Norte del Bajo Rhin. Y como era evidente que el 2º Ejército intentaría avanzar hacia Arnhem a través de Nimega, la 10ª División recibió la orden de trasladarse a esta localidad. “Pronto eliminaremos la amenaza británica al norte del Bajo Rhin”, afirmaba confiadamente Bittrich. “No debemos olvidar que los soldados británicos no obran con iniciativa propia cuando combaten en población y, en consecuencia, cuando sus oficiales tienen dificultades en ejercitar el mando, los soldados se muestran habilísimos en la defensa, pero nada temibles en lo que se refiera al ataque”.

El éxito de este plan estaba condicionado especialmente por la capacidad que tuvieran las unidades que primero establecieses contacto con los paracaidistas británicos de detener el avance inicial desde las zonas de aterrizaje. Y en este aspecto Bittrich tuvo la fortuna de poder disponer, para esta operación, de reclutas de refresco y entusiastas, formados en su mayor parte por jovenzuelos de 17 a 19 años, entre los cuales se encontraban también un batallón de reclutas de las SS, al mando del Comandante Sepp Kraft. “El único modo de neutralizar un ataque aerotransportado cuando se dispone de fuerzas menores (según Kraft) era hacerles frente inmediatamente con decisión”. Y Kraft estaba decidido a llevar a la práctica su máxima. Destacó una compañía hacia las zonas de aterrizaje a fin de que se empeñase en una acción retardadora; luego, desplegó el resto de sus hombres (unos 400) en una línea defensiva avanzando a través de la carretera que llevaba a Arnhem, con la orden de resistir en las posiciones en espera de los refuerzos de la 9ª División, que intervendrían con las auto ametralladoras, los carros de combate ligeros y la artillería.





H. UN AVANCE PELIGROSAMENTE LENTO


Para los hombres de la división británica aerotransportada las desventuras empezaron inmediatamente después del aterrizaje. La 1ª Compañía autónoma paracaidista había tomado tierra apenas sin incidentes y pudo extender por los campos las cintas de nylon coloreado. La artillería antiaérea enemiga solo había abatido siete aviones de la primera oleada, pero, en cambio, se perdieron bastantes planeadores durante el trayecto, sobre todo a causa de la rotura de los cables de remolque, y precisamente se trataba de los planeadores que transportaban casi todos los vehículos del primer escuadrón de exploración aerotransportada, el que tenía la misión de guiar el avance hacia los puentes. En consecuencia, el avance sobre Arnhem se inició hacia las 14:45. En vanguardia se encontraba el II Batallón de la 1ª Brigada Paracaidista del General G.W. Lathbury.


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Tanques Sherman de los Guardias Irlandeses encabezando la marcha del XXX Cuerpo el 17 de septiembre de 1944


El Teniente Coronel J.D. Frost, que mandaba este batallón, no dejo de advertir que los habitantes del lugar, hombres, mujeres y muchachos, se habían agrupado alrededor de los soldados apenas éstos empezaron a avanzar desde las zonas de aterrizaje, y les ofrecían manzanas, peras, tazones de leche y tazas de té. Los ingleses se retrasaban para aceptar los regalos y para demostrar su agradecimiento a aquella población tan cordial, que creía que la guerra ya había terminado. Pero todas estas cortesías hicieron aún más lenta la marcha, ya frenada por la natural precaución de los hombres. Otra causa del retraso la contribuyeron los planos, muchos de los cuales se habían compilado con una impresión increíble y registraban, como se lamentó un comandante de compañía, “solo una pequeña parte de las carreteras existentes”.

La carretera por la que se encaminaron los hombres del coronel Frost era la más meridional de las que conducían a Arnhem y pasaba a través de Heelsum y al sur de Oosterbeek. Era también la única cuya defensa era más bien débil, a consecuencia de las contramedidas tomadas por los alemanes; pero la resistencia enemiga, aunque nada tenaz ni bien organizada, fue lo suficientemente obstinadas para dificultar el avance inglés y para obligarles, de vez en cuando, a detenerse. El General Urquhart, cuyos aparatos de radio habían demostrado ser del todo inadecuados como medios de comunicación con los comandantes subordinados, se vio obligado a delatarse personalmente para pedir al II Batallón que acelerase su avance. Dentro de poco caería la oscuridad y los puentes de Arnhem estaban todavía distantes.


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El cuerpo del Generalmajor Kussin en su coche oficial, acribillado a balazos por los hombres del III Bón. del Rgto. Paracaidista en el cruce del camino de Wolfheze, el 17 de septiembre


El III Batallón de la Brigada de Lathbury, al mando del Teniente Coronel J.A.C. Fitch, se encontraba en dificultades y avanzaba lentamente, siguiendo la carretera más al Norte, que atravesaba Oosterbeek. Pero cuando llego a una encrucijada, a unos 3 km de la ciudad (donde cayó el General Kussin, comandante de la zona de Arnhem, quien llegaba a toda velocidad del pueblo de Wolfheze en un Citroën del Estado Mayor), la sección de cabeza, y con ella todo el Batallón, se encontró sometido a un intenso fuego de morteros pesados alemanes. El III batallón estuvo detenido bastantes minutos en aquella posición peligrosa y expuestas a acciones mortíferas de las bombas, mientras los hombres caían por todas partes, muertos o heridos por los pesados proyectiles que estallaban entre los árboles. Luego, el general Lathbury comprendió que "detenerse por mas tiempo en aquella encrucijada equivalía a un suicidio" y ordenó al Coronel Fitch que reanudase el avance.

Pero el III Batallón no pudo llevar a cabo grandes progresos. Los hombres de Sepp Kraft, que había recibido ya el refuerzo del grupo táctico de la 9ª División, se defendían bien, apoyados por un gran número de cañones autopropulsados, y en la periferia de Oosterbeek impusieron a los ingleses una nueva detención. Como entre tanto ya había caído la noche, Lathbery aconsejo al Coronel Fitch que concediera a sus hombres un par de horas de descanso. Se enviaron algunas patrullas de reconocimiento hacia Arnhem y se advirtió al Coronel Frost que le III Batallón no debía intentar llegar al puente hasta la mañana siguiente. Pero ni siquiera el I Batallón, de la brigada de Lathbury, podía llegar al puente antes de la mañana. Al principio, este batallón, mandado por el Teniente Coronel David Dobie, había recibido la orden de dirigirse a las alturas del Norte de Arnhem y bloquear la carretera que conducía a la ciudad.


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Hombre del Escuadrón "C" del 1er Grupo Aerotransportado de Reconocimiento, el 18 de septiembre


Pero, en seguida, al Norte del Wolfheze, se había visto envuelto en un encarnizado combate con los medios acorazados, la artillería y la infantería alemana. Después de sufrir muchísimas bajas, el Coronel Dobie comprendió que las fuerzas alemanas, situadas en las posiciones situadas al norte de la ciudad, eran demasiadas importantes para que las suyas pudieran ocuparlas, conforme preveía el plan, y dio la orden de avanzar hacia el puente apenas amaneciera. El Coronel Frost, que mientras tanto había llegado al puente, tenía urgente necesidad del apoyo de Dobie, porque ya no contaba más que con unos 500 hombres. A la 3ª Compañía de Frost se la había destacado para guarnecer el puente ferroviario; pero dicho puente había saltado por los aires antes de que pudieran llegar a él; ahora la compañía se encontraba bloqueada en la ciudad, donde estaba empeñado en combates cerca de la estación ferroviaria.

Con las tropas que disponía, Frost logro situarse en el extremo septentrional del puente y ocupar los edificios situados alrededor. Pero dos valientes intentos de conquistar el extremo meridional habían sido rechazados. El enemigo estaba recibiendo refuerzos de infantería, artillería y de Panzer (incluso los modernos Königstiger), mientras Frost sólo tenía poquísimas esperanzas, por lo que parecía, de recibir a su vez refuerzos. El General Urquhart (el mismo lo confesaría más tarde) ya se daba cuenta de que “estaba perdiendo la iniciativa de la batalla”. Como no podía dirigir por radio las operaciones de la división, decidió permanecer con el General Lathbury, quien se encontraba con las unidades avanzadas del III Batallón. El lunes por la mañana, el batallón continuo el avance hacia Arnhem, y no tardo en verse empeñado en una violenta y desordenada batalla contra los carros de combate y los cañones autopropulsados alemanes en las cercanías del hospital católico de Santa Isabel.


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Infantería alemana durante los combates de la Bolsa de Oosterbeek


La confusión empeoró cuando el I Batallón del Coronel Dobie, que intentaba irrumpir desde el puente, se convirtió en blanco de un intenso fuego por parte de morteros, autoametralladoras, Panzer y tiradores escogidos, que se encontraban en las cercanías de la estación ferroviaria, cerca del Hospital. “Parecía como si los alemanes tuvieran centenares de carros de combate”, comentó un soldado británico. “Se veían y se oían por todas partes. Tenían más morteros que nosotros y lo sabían utilizar muy bien. Las granadas nos caían encima sin interrupción”. Y ya no se trataba solamente de granadas enemigas, sino que además, en las unidades británicas se había producido tal confusión y tal fraccionamiento que ya no era posible distinguir a los amigos de los enemigos o saber en qué casas se habían atrincherado los paracaidistas británicos y en cuales los alemanes. En medio de este desbarajuste, el General Lathbury fue alcanzado y paralizado por una bala de una Spandau, que lo hirió en la columna vertebral, y el general Urquhart, rodeado por los Panzergrenadier, se vio obligado a esconderse en el acto de una casa, y allí hubo de permanecer toda la noche junto con un comandante de un pelotón del III Batallón y con un oficial del Servicio de Información. Un cañón autopropulsado alemán estaba situado justamente bajo la ventana.

El mando de la división pasó entonces a manos del General de Brigada Hicks. El día anterior su brigada había defendido las zonas de aterrizaje; pero ahora que la brigada de Lathbury se estaba desintegrando, era evidente que su misión esencial iba a ser la de acudir en ayuda de los destacamentos que se obstinaban en el intento de llegar al puente. Hicks no podía valorar cuántas eran las unidades todavía eficaces de la brigada de Lathbury, porque, en la práctica, no existían verdaderos enlaces por radio. Varios de estos aparatos habían sido destruidos y muchos de los que todavía no lo estaban eran de un tipo destinado a comunicaciones a corta distancia, pero superiores a 5 km; por ello, la recepción en el puesto de mando de la división era irregular, débil y con interferencias, y así los mensajes recibidos, resultaban, la mayoría de las veces, incomprensibles.


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Soldados de la CCXXXI Bri. de Inf. de la 50ª Div. avanzando por el camino de Eindhoven


Por esta razón, cuando Hicks envió a Arnhem dos compañías del 2º South Staffordshire Regiment, no tenía ni idea precisa de la situación que encontraría. No juzgo oportuno enviar refuerzos más consistentes porque el tiempo estaba empeorando y los aeródromos británicos se estaban se estaban cubriendo de nieblas, por lo que había sido preciso aplazar el segundo mandamiento. Hicks no se atrevía más el número de tropas que defendían las zonas de aterrizajes mientras no hubieran llegado las unidades, tan necesarias, de la 4ª brigada Paracaidista. Por su parte, Bittich, que sabía que los ingleses efectuarían un segundo lanzamiento, porque sus hombres habían encontrado sobre el cadáver de un oficial británico una serie de completa de los planes de la Operación Market-Garden, efectuó un audaz intento para obligar al enemigo a desalojar las zonas de aterrizaje, de modo que cuando el General Hackett llego con su 4ª Brigada paracaidista las defensas eran muy débiles y la situación, a su juicio, “bastante confusa”. Y aunque Hackett hizo todo lo posible para volver a dar un poco de orden al mando de la División, la confusión siguió reinando, incluso Urquhart logro huir del ático y pudo asumir nuevamente el mando.

Los hombres de Frost (así se lo refirieron a Urquhart) siguieron resistiendo en el puente, bajo la creciente presión del enemigo, mientras secciones de cuatro batallones intentaban interrumpir en la ciudad para prestarles ayuda y venciendo el cordón establecido por las tropas alemanas. Otros tres batallones del mando de Hackett se dirigieron al Norte, para entrar en la ciudad por aquella parte, pero era incierto el resultado de la empresa. El único batallón que había permanecido en las inmediaciones era el IX. Aquel martes fue una jornada desastrosa. Todos los ataques convergentes de las unidades que se encontraban en el interior de la ciudad fracasaron, y las pérdidas fueron muy elevadas; los batallones de Hackett, empeñados en combates con las fuerzas alemanas cada vez más numerosas, entre Johanna Hoeve y Lichtenberg, se vieron obligados a replegarse al sur de la línea ferroviaria cuando el único batallón que quedaba en la zona fue objeto de un ataque que amenazo con aislarlo por completo.


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Re: Operación Market Garden

Notapor cocinilla » 14 Mar 2015 09:22

Fue una retirada espantosa, que causó enormes pérdidas, tanto en vidas humanas como en medios de transporte; y antes de que terminara, aquellos hombres exhausto pudieron ver, con profunda consternación, a los aviones de la RAF que, desafiando el violento fuego antiaéreo, lanzaban los abastecimientos en las zonas establecidas, los cuales ahora estaban en manos alemanas. Al caer la noche algunos contingentes británicos siguieron combatiendo en el interior de la ciudad con empuje y valentía, pero en medio de una confusión creciente, mientras otros se retiraban, desilusionados y desmoralizados. Los coroneles de los cuatro batallones que luchaban en Arnhem habían sido heridos o habían perdido más de la mitad de sus oficiales. Y era así mismo evidente que los hombres de Frost, agotados por el esfuerzo, ya no podían resistir mas en el puente. Sin embargo, aun resistieron todo el día y la noche siguiente. No tenían ni víveres ni agua, y disponían de escasas municiones; los sótanos vacíos de los edificios alcanzados y ennegrecidos estaban repletos de heridos y de moribundos, y el espectáculo, entre el polvo, el humo y los escombros bañados de sangre, parecía excluir toda posibilidad de victoria. Mientras tanto, el resto de la división había formado un perímetro defensivo en forma de herradura irregular al oeste de Oosterbeek, al norte del transbordador de Heveadorp. Urquhart esperaba que si lograba resistir en aquel punto, el 2º Ejército quizás tendría la posibilidad de atravesar el río y unírsele, incluso en el caso de que Frost no consiguiera mantenerse en el extremo septentrional del puente.


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El Puente de Nimega


Todo dependía de la rapidez con que pudiera avanzar el 2º Ejército. Y todo parecía justificar las esperanzas de recibir los refuerzos lo más pronto posible cuando le llegó la noticia de que los norteamericanos y los Irish Guards habían conquistado el puente de Nimega, a unos 16 km más al Sur. En efecto, al amanecer del viernes, Urquhart recibió del mando del XXX Cuerpo de Ejército una comunicación que decía: “Cursada orden de la 43ª División para correr cualquier riesgo para relevarles el mismo día”. Pero los alemanes defendían aquellos 16 km, entre Nimega y Arnhem, con una tenacidad que rivalizada con su habilidad. Además, la única carretera a espalda de las unidades avanzadas del XXX Cuerpo de Ejército estaba expuesta a la constante amenaza de la artillería y la infantería de Model, que se estaba reorganizando rápidamente y a la que influían cada vez mas refuerzos en hombres y medios; el avance británico se desarrollaba de manera caótica y dificultaba el transporte de munición, y cuando llegó el momento de solicitar el apoyo de la aviación se descubrió que los aparatos de radio con que contaban los dos únicos autos para el enlace con la RAF eran ineficaces. Todas estas causas concurrieron para hacer que el avance del XXX Cuerpo de Ejército fuese más lento de lo previsto.

Urquhart, angustiado por la situación en que se encontraba su división, comprendió que sería muy difícil recibir ayuda, y a medida que pasaban las horas, la resistencia en la orilla izquierda del río se fue debilitando. En toda la línea defensiva y en las zonas interiores de las mismas, que los alemanes llamaban “el gran caldero”, sus hombres no tenían un momento de tregua ni posibilidad de dormir. Las raciones de víveres y las municiones se habían reducido al mínimo; y no había penas agua ni material sanitario. Carros de combate, patrullas de infantería, tiradores escogidos y cañones autopropulsados, que disparaban granadas de fósforo, se habían infiltrado repetidamente entre los puestos avanzados, causando numerosas bajas entre los defensores exhaustos. Algunos hombres se derrumbaron completamente, pero la mayor parte combatió con tenacidad. El Border Regiment, de la Brigada de Hicks, fue rechazado de las alturas de las cercanías de Westerbouwing, y cuando las condiciones atmosféricas permitieron, finalmente, el lanzamiento de la Brigada polaca de Sosabowski, al sur del rio del rio, cerca de Kerkdriel, los ingleses ya habían tenido que abandonar el lugar.


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Miembros de la Fallschirmjager-Divisional sur de Nimega


La noche del viernes los polacos intentaron cruzar el río, a pesar de los grandes peligros y dificultades. Más, el sábado, al amanecer, cuando el enemigo reanudó el bombardeo de “el gran caldero”, ni siquiera 50 hombres habían logrado pasar a la otra orilla. El IV batallón del Regimiento Dorsetshire; unidad avanzada del XXX Cuerpo de Ejército, que al fin había alcanzado el Bajo Rhin, repitió la tentativa la noche del sábado, pero también fracasó y muchos hombres resultaron muertos a bordo de las embarcaciones. El principal objetivo de este intento de cruce no era tanto el de apoyar a la división aerotransportada como el de reforzar la línea del perímetro mientras se procedía a la evacuación del mismo. Porque era evidente que la precaria cabeza de puente al norte del río ya no era defendible y se había decidido retirar los restos de la citado división aerotransportado.

La evacuación empezó la noche del lunes. Los alemanes, que al principio se mantuvieron tranquilos, no tardaron en intuir lo que estaba ocurriendo y, a partir de medianoche, la retirada continúo bajo el fuego incesante de las Spandau y de la artillería pesada, situada en las alturas de Westerbouwing. Quince Panzer penetraron en el interior del perímetro y, por primera vez en una semana, no encontraron resistencia. En el interior hicieron prisioneros a mas de 300 heridos, y el numero de los que se encontraban ya en los hospitales de campaña alemanes y en los hospitales holandeses era, por lo menos, diez veces superior. La Operación Market-Garden había costado la vida a más de 1.200 soldados británicos. Los alemanes habían perdido, entre muertos y heridos, más de 3.400 hombres.





I. UNA META QUE NO SE ALCANZÓ POR MUY POCO MARGEN


Son muchas las razones que se puede aducir para explicar el fracaso de la operación. La menos humillante es que las malas condiciones meteorológicas, además de impedir el envió de refuerzos y de abastecimiento a las fuerzas aliadas, también impidieron bombardear y dispersar a las tropas alemanas que avanzaban hacia el sector de operaciones. Sin embargo, existen otras explicaciones más desconcertantes. Quizás era difícil prever la presencia de generales alemanes habilísimos, como era Model, Student y Bittrich, en la zona inmediata a los combates y prever también que reaccionaron con rapidez tan fulminante, concentrando las fuerzas en el sector amenazado. Pero queda también el hecho innegable de que los ingleses aterrizaron en Arnhem sin contar con suficientes indicaciones, por parte del Servicio de Información aliado, sobre la resistencia que en la zona encontrarían. Además, tenían en dotación una cantidad insuficiente de aparatos para el enlace.


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El Puente de Nimega, fotografiado en 1946


Como se desprende de los documentos conservados en los archivos del Ministerio de Guerra británico, el alcance de los aparatos de radio de dotación a los batallones, brigada y divisiones era casi siempre insuficiente y una parte de sus operadores no estaban debidamente adiestrados. Así, la comunicaciones radio durante el desarrollo de la operación fueron intermitentes o no existieron en absoluto. La escasez de aviones de transporte constituyó también, por lo menos en parte, una de las causas determinantes de la derrota británica: en efecto, la subdivisión de los lanzamientos en tres días hizo que el enemigo no sintiera jamás el peso del ataque global de toda la división aerotransportada. Si los aterrizajes se hubieran concentrado en una zona más restringida, si el General Urquhart los hubiera efectuado más cerca del objetivo y hubiera insistido en la defensa de las alturas de Westerbouwing después de la conquista del puente se relevo imposible, quizás la operación habría concluido victoriosamente. No obstante, nadie puede afirmarlo con certeza.


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Tumba de un soldado británico desconocido. Fue enterrado por los alemanes


En cambio, la elección de la dirección de ataque no había sido un error. Una rápida y victoriosa conclusión de la Operación Market-Garden, seguía de una ofensiva contra los defensores alemanes a lo largo del escalda, habría tenido consecuencias incalculables. Según palabras de Churchill, fue “una gran meta casi al alcance de la mano”. Pese a todo, la operación no fue un fracaso total, pues permitió la conquista de los pasos del Mosa y del Wall, junto con aquello que el General Kurt Student definió como “un excelente trampolín de lanzamiento desde el cual desencadenar el ataque definitivo contra Alemania”. Y aunque no se pudo lanzar un ataque definitivo tan pronto como se había esperado, todos comprendían que el día de realizarlo no estaba lejos.





J. GALERÍA FOTOGRÁFICA



J1. Mandos


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El Rey Jorge VI observa el equipo de in paracaidista



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El Generalfeldmarschall Gerd von Rundstedt (a la izquierda) con el Obergruppenführer (gesticulando) Josef "Sepp" Dietrich



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Kurt Student



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El Generalfeldmarschall Walther Model (izquierda), el Generalfeldmarschall Gerd von Rundstedt (centro) y el General Hans Krebs, jefe del Grupo de Ejércitos B (derecha)



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El Generalfeldmarschall Walther Model



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Frederick Arthur Montague Browming en compañía del General de División Stanislav Sosabowhi (a la izquierda) jefe de la 1ª Brigada Paracaidista Polaca



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Teniente General Brian Horrocks



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De Izquierda a Derecha: El TG Richie, jefe del XII Cuerpo de Ejército, el TG O'Connor, jefe del VIII Cuerpo de Ejercito y de GD Graham, jefe de la 50ª División, Dansey y Montgomery. el 28 de Septiembre



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El General de Brigada Gerald Lathbury, Jefe de la 1ª Brigada Paracaidista



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El General de División Sosabowski habla con el General de Brigada G.I. Thomas, jefe de la 43ª División, el 23 de septiembre



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El General de División "Roy" Urquhart en el jardín trasero de su Cuartel General del Hotel Hartenstein, el 22 de septiembre



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El General de Brigada "Pip" Hicks, fotografiado en su Cuartel General del Hotel Hartenstein, el 18 de septiembre



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El Teniente Coronel John Frost, jefe del II Batallón de la 1ª División Aerotransportada



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El Lt. Gen. F.A.M. Browning conversando con el General de Brigada James Gavin



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El Teniente General Browning



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El Teniente General Browning en compañía del Capitán General E.A. Tedder, el 17 de septiembre



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General de Brigada James Gavin jefe de la 82ª División Paracaidista



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El General Maxwell Taylor jefe de la 101ª División Paracaidista



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Teniente General Brian Hoorocks (izquierda), Montgomery (centro) y el Príncipe Bernhard (derecha)



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Teniente General Miles Dempsey



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Teniente General Lewis Brereton



J2. Mapas


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Posiciones alemanas entre el 26 de agosto al 11 de septiembre



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J3. Fotos variadas


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Un Sherman de la DAC de Guardia rebasa a un PzKpfw IV destruido, no lejos de Uden, el 27 de Septiembre



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Al terminar la Market-Garden, un Oficial de Inteligencia de la 1ª BRIPAC hace preguntas a sus hombres



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Miembros del 81st Airborne AA Batallón de la 101ª División Aerotransportada



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Supervivientes de la 1ª División Aerotransportada británica en los jardines del seminario de Nimega, el 26 de septiembre



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El Brigadeführer Heinz Harmel acompañado por algunos integrantes del Frundsberg habla con un prisionero polaco, el 26 de septiembre



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Paracaidistas británicos en las posiciones en la orilla norte del Rin en Arnhem



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Superviviente británico de la 1ª Div, Aerotransportada capturado por los alemanes, el 26 de septiembre



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Oficiales de la 1ª Brigada Paracaidista Polaca de la 1ª Div. Aerotransportada y de la 42ª División en el Cuartel General de Driel, el 23 de septiembre



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Búsqueda de francotiradores alemanes en una escuela, el 20 de septiembre



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Soldados del Regimiento de Pilotos de Planeadores avanzan entre las ruinas de un edificio de Oosterbeek, el 23 de septiembre



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Un camión britanico en el momento de explotar en las proximidades de Koevering, el 24 de septiembre



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Soldados de la 1ª Div. Aerotransportada despliegan paracaídas amarillos para dar señales a la aviación aliada para el lanzamiento de abastecimientos, el 23 de septiembre



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Paracaidistas de la 82ª Div. Aerotransportada observando el paso de carros de combate Cromwell en el Puente de Nimega, el 21 de septiembre



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Aspecto de Nimega el 28 de septiembre. La ciudad fue destruida durante la batalla por el puente



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El Puente de Arhem, tomado por un fotógrafo alemán desde el lado norte de la rampa de acceso, en dirección sur, el 21 de septiembre



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Tropas del 327º Rgto. de Infantería intenta rescatar a compañeros dentro de un planeador



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Tropas alemanas atrincherados cerca de la Bolsa de Oosterbeek



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Tanques británicos en la autopista 69, cerca de Nimega



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Herido britanico es trasladado al hospital improvisado cerca de la Bolsa de Oosterbeek



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Prisioneros británicos escoltados en Arnhem



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Un paracaidista polaco cargado con una radio británica 68P



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Resultado del ataque del IX Bón. de Reconocimiento del KG de las SS "Hohenstaufen" sobe el Puente de Arnhem, el 18 de septiembre



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Los tanques del XXX Cuerpo cruzan el puente de Nimega, después de su captura



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Vehículos blindados del 2º Rgto. de Caballería en las calles de Eindhoven, el 18 de septiembre



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Hombre del Escuadrón "C" del 1er Grupo Aerotransportado de Reconocimiento, el 18 de septiembre



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Dakota C-47 regresan a su base después haber lanzado a los últimos paracaidistas de la 1ª Brigada Paracaidistas, cerca de Wolfheze



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Planeadores Waco CG-4A de la 1ª Div. Aerotransportada al norte del bosque de Sonsche, el 17 de septiembre



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Paracaidistas de la 101ª Div. Aerotransportada subiendo a un C-47, el 17 de septiembre



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Señaladores de la Cia. Paracaidista Independiente de la 1ª Div. Paracaidistas Británica, el 17 de septiembre



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Un B-24 sobrevolando a paracaidistas americanos el 18 de septiembre



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Hombres de la 82ª Division Paracaidista reciben las ultimas ordenes



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Vista de la ciudad de Arnhem



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Un Cromwell del I Bón. (Acorazada) de Guardia en Bruselas, el 4 de septiembre



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Un infante americano observa un Panther destruido, el 23 de septiembre



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Columna de Sherman británicos cruzan el puente en Nimega, el 21 de septiembre



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El Fuerte de Benedenlent cerca del río Wall



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Unos soldados contemplan a un Flak 37 de 88 mm



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Infantes alemanes pertenecientes al Wehrkreis VI, el 18 de septiembre



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Soldado del 6º Regimiento de Paracaidistas



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Sherman britanico cruzando el Canal Wilhemina, el 19 de septiembre



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Prisioneros alemanes de la 59ª División de Infantería son escoltados por miembros del 502nd PIR



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Aviones americanos C-47 se dirigen hacia holanda llevando a miembros de la 504th PIR



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Civiles y paras americanos descargan un Waco CG-44





K. FUENTES


Crónica Militar y Política de La Segunda Guerra Mundial; Editorial Sarpe; Depósito Legal: M.41.059-1982.
Así fue la Segunda Guerra Mundial; Editorial Noguer S.A.; Año: 1972.
Operación Market-Garden; Editorial Osprey Publishing Ltd; Autor: Stephen Badsey; Año: 1993; IBSN: 978-84-4735782-6
Operation Market-Garden 1944 (The American Airborne Missions); Editorial Osprey Publishing Ltd; Autor: Steve J. Zaloga; Año: 2014; ISBN: 978-1-78200-816-3


http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3 ... ket_Garden
http://www.panzertruppen.org/ww2/1944/arnhem1.html
http://www.panzertruppen.org/ww2/1944/arnhem2.html
http://www.monografias.com/trabajos33/o ... rden.shtml
http://segundaguerramundial.es/puntos-d ... et-garden/
http://militaryhistory.about.com/od/wor ... garden.htm
http://www.de1939a1945.com/casos/001marketgarden.htm
http://www.rememberseptember44.com/rs44.htm
http://forum.paradoxplaza.com/forum/sho ... ente/page5
http://www.historyofwar.org/articles/ba ... rnhem.html


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Re: Operación Market Garden

Notapor guscano » 19 Mar 2015 18:28

Aprovechando el hilo, incluyo algunas fotos que saqué en los campos de batalla de Market Garden durante mi visita a la zona en el año 2006.

Las primeras fotos corresponden al puente de Arnhem. Como sabréis, este es realmente el tercer puente que se construyó, ya que el primero fue destruido cuando los alemanes atacaron Holanda y el segundo lo destruyeron los aliados poco después de la fallida operación. No obstante, es prácticamente igual al famoso puente e incluye un pequeño reconocimiento a John Frost, comandante de los paracaidistas británicos, ya que le han dado su nombre al puente.


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En un lado del puente se pueden ver algunos objetos de la batalla en un pequeño parque público. Cuando lo visité había un "supuesto" veterano británico de la batalla vendiendo lo que decía que eran recuerdos suyos, como una boina de paraca con sus insignias, condecoraciones y otras cosas, que no eran más que baratijas para timar a turistas incautos.


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Este es el puente de Nijmegen, sobre el río Waal.

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La siguiente foto es del Cementerio británico y polaco en Oosterbeek. Está situado muy cerca de los campos donde descendieron los paracaidistas.

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En las siguinetes fotos se observan varios varios monumentos erigidos algunos de ellos por suscripción popular en las distintas zonas de aterrizaje de los paracaidistas.

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Las zonas de salto son ahora preciosos parques con tranquilas veredas y muchos ciervos.

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A continuación, el mayor monumento erigido en memoria de los paracaidistas británicos que descendieron Oosterbeek.

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Estas fotos son del hotel "Hartenstein", cuartel general alemán y aliado durante la batalla de Arnhem, hoy Museo Aerotransportado (visita imprescindible). Estos son algunos de los vehículos que se pueden admirar en la puerta.

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Por último, esta foto corresponde a la entrada a Oosterbeek, donde se celebra todo los años una "marcha aerotransportada" con multitud de celebraciones en recuerdo de la batalla. Por desgracia no pude asistir, ya que llegué con un mes de antelación.

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Re: Operación Market Garden

Notapor tigerwittmann » 19 Mar 2015 18:28

Saludos camaradas.

Estupendo trabajo Cocinilla.
Gracias por el post.

Saludos.
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Re: Operación Market Garden

Notapor James Doolittle » 22 Mar 2015 15:20

Admirable artículo, y con esa visita personal le da un toque más ameno a su lectura. Muy bien redactado y con valiosas fotografías.


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Re: Operación Market Garden

Notapor abhang » 23 Mar 2015 09:38

Artículo ameno y concreto, ha sido muy interesante su lectura.
Gracias, cocinilla.
El sudor ahorra sangre, la sangre ahorra vidas, y el cerebro, las dos cosas. (Erwin Rommel)


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Re: Operación Market Garden

Notapor Donald Malarki » 02 Mar 2017 16:19

Muy interesante y muy bien logrado, bien hecho!
Quien sobreviva a este día, se pondrá de puntillas cuando este día sea mencionado, Currahee!!



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