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Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Estudios de la Segunda Guerra Mundial

Moderadores: Erwin Rommel, abhang


Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor albertoa » 16 Abr 2008 18:38

Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo


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Febrero de 1943. La Batalla de Stalingrado había terminado con la capitulación del VI ejército alemán. El Alto Mando del III Reich y los ciudadanos alemanes eran incapaces de averiguar cómo les había ido al Mariscal Friedrich Paulus y a sus soldados en manos de los soviéticos. En aquel momento, el mariscal de campo y sus generales vivían en un cuartel general relativamente confortable, cerca de Moscú. Pero los hombres del VI ejército que Paulus creía que tenían garantizado el alimento y cuidados médicos, en realidad estaban muriendo en gran número en las heladas estepas.

El VI ejército alemán se dispersó por más de veinte campos, que se encontraban desde el Círculo Polar Ártico, a los desiertos y estepas del Sur. Un tren llevó a miles de alemanes desde el Volga a Uzbekistán, en Asia Central. Dentro de cada vagón, atiborrado con cien o más prisioneros, se produjo un macabro combate mortal cuando los alemanes se mataron unos a otros por los pedazos de comida que les arrojaban cada dos días. Los más cercanos a la puerta eran apartados por los famélicos soldados de detrás, sólo los más fuertes sobrevivieron a aquel viaje de varias semanas de duración. Cuando el tren llegó a las montañas de Parir, había muerto casi la mitad de los pasajeros.


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Otros alemanes se quedaron en Stalingrado para ayudar a reconstruir la ciudad que habían devastado. El tifus aclaró sus filas y, en marzo, los rusos excavaron una zanja en Beketovka, echando dentro de una fosa común a casi cuarenta mil cadáveres alemanes.

Pero para más de otros quinientos mil alemanes, italianos, húngaros y rumanos, el invierno ruso fue una dura y sucia pelea. En el simple espacio de tres meses – febrero, marzo y abril de 1943 – murieron más de cuatrocientos mil.

En la mayoría de los casos, los rusos les dejaron perecer de inanición. Cada tres días los camiones del Ejército Rojo descargaban a su alcance coles, hogazas de pan helado e incluso basura, como alimento para los prisioneros. En Tambor, Krinovaia, Yelebuga, Oranki, Susdal, Vladímir y otros campos, los internados se arrojaban sobre la comida y peleaban matándose unos a otros.

En su intento de sobrevivir, otros prisioneros se hicieron personalmente cargo del asunto, especialmente en campos donde había decaído la autodisciplina militar. En Susdal, Felipe Bracci fue el primero en percatarse de ello cuando vio cadáveres sin brazos o piernas. El doctor Cristóforo Capone encontró cabezas humanas a las que habían extraído los sesos, o torsos a los que faltaban el hígado o los riñones. Había comenzado el canibalismo.


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Al principio, los caníbales fueron furtivos, moviéndose sigilosamente entre los muertos para cortar un miembro y comérselo de prisa. Pero sus gustos pronto maduraron y buscaban entre los recién fallecidos, los que acababan de volverse fríos y, por tanto, eran más tiernos. Al fin, vagaban en grupos, desafiando a quien trataba de detenerlos. Incluso ayudaban a morir a moribundos.

A la caza noche y día, su codicia por la carne humana los convirtió en animales enloquecidos y, a fines de febrero, alcanzaron niveles de barbarie. En Krinovaia, un soldado alpino italiano corrió a través del recinto para buscar a su cura, don Guido Turla. “Venga enseguida, padre –le rogó-. ¡Se quieren comer a mi primo!”

El asustado Turla siguió al turbado hombre al otro lado del recinto, pasando ante cadáveres descuartizados, sin estómagos ni cabezas, con brazos y piernas mondados de carne. Llegaron a la puerta del barracón y vieron a unos locos aporreándola con los puños. Dentro estaba su presa, herido mortalmente de un tiro por un guardián ruso. Los caníbales habían seguido la pista de la sangre caliente hasta la puerta y ahora intentaban echarla abajo para apoderarse del hombre aterrado.

A Turla aquello le dio náuseas y gritó a los caníbales, diciéndoles que se trataba de un crimen horrible, un lastre para sus conciencias y que Dios no les perdonaría. Los devoradores de carne se alejaron cabizbajos de la puerta. El padre Turla entró donde estaba el soldado moribundo para oír su última confesión. Cuando el muchacho le pidió que lo salvase de los caníbales, Turla se sentó junto a él en sus últimos momentos. Los caníbales dejaron su cadáver en paz. Tenían millares a su disposición.



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En otro barracón de Krinovaia, dos hermanos italianos se habían jurado protegerse de los caníbales en caso de no morir a la vez. Cuando uno de los hermanos sucumbió de enfermedad, los caníbales se congregaron en torno al fresco cadáver. El otro hermano se puso a horcajadas en el camastro del hombre muerto y expulsó a aquellos chacales que estaban al acecho en torno a la cama. Durante la larga noche montó guardia mientras los caníbales le urgían a que les dejase hacerse cargo de la víctima.

En cuanto se aproximó el amanecer, incrementaron sus asaltos verbales diciéndole al hermano que era inútil que resistiese más. Incluso le ofrecieron que se cuidarían de enterrar el cuerpo. En cuanto mostró señales de debilitamiento, se aproximaron al lecho y se apoderaron con suavidad del cadáver que él había jurado proteger. Exhausto por la vigilia, el hermano sobreviviente se dejó caer al suelo y empezó a aullar histéricamente. Aquella experiencia lo había vuelto loco.

Los rusos disparaban contra los caníbales a quienes sorprendían, pero tenían que hacer frente a la caza de tantos devoradores de hombres, que hubieron de reclutar “equipos anticaníbales”, extraídos de las filas de los oficiales cautivos. Los rusos equiparon a esos pelotones con palancas y les pidieron que matasen a todos los caníbales que encontraran. Los equipos rondaban por la noche, avizorando el delator parpadeo de las llamas de las pequeñas hogueras donde los depredadores estaban preparando sus comidas.


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El doctor Vincenzo Pugliese fue frecuentemente de patrulla y, una noche, al doblar una esquina, sorprendió a un caníbal que estaba asando algo sujeto al extremo de un palo. Al principio perecía como si fuese una salchicha, pero cuando Pugliese prestó atención se percató de que el objeto tenía pliegues como un acordeón y con un principio de náuseas se dio cuenta que estaba cocinando una tráquea humana.

Los prisioneros que se negaron a comer carne humana emplearon otros trucos para sobrevivir. En Krinovaia, un grupo de emprendedores italianos recuperó excrementos de las amplias zanjas de las letrinas y con las manos desnudas picoteaban trigo y mijo sin digerir, que luego lavaban y se comían. Los prisioneros alemanes pronto perfeccionaron aquel proceso. Colocando una serie de tazas de hojalata, extraían con ellas las heces y consiguieron recuperar tanto grano que hasta hubo mercado negro.

En Susdal, el doctor Cristóforo Capone empleó su fértil imaginación para salvarse a sí mismo y a sus camaradas. Hombre de carácter afable, aún conservaba el humor en tan trágicos momentos e ideó unos planes verdaderamente muy elaborados. Cuando un camión cargado de coles aparcó fuera de la acera, Capone organizó un grupo que robó la carga y la escondió debajo de las camas, en las letrinas y en los colchones. Mientras sus amigos comían vorazmente, Capone esparció un reguero de hojas de col desde el vacío camión hasta unos cercanos barracones de rumanos. Al fin fue descubierto el hurto y los rusos siguieron la pista y provistos de palos cayeron sobre los rumanos. Mientras tanto, los amigos de Capone se comieron todas las pruebas del delito.

El ingenioso doctor descubrió asimismo otro macabro medio para seguir vivo. Divididos en pelotones de quince hombres, los prisioneros de guerra italianos vivían en frígidas estancias y tenían que andar constantemente para no helarse. Cada mañana entraba un guardián ruso, contaba a los hombres presentes y les dejaba las raciones para aquel número exacto. En cuanto los hombres empezaron a morir de extenuación, Capone decidió que aquellos cadáveres podrían servir a un mejor propósito que ser arrojados en la pila de los cuerpos del patio. A partir de entonces, Capone dejó los cuerpos erguidos y apoyados en sus sillas. Cuando el guardián ruso hacía su recuento diario, él y sus compañeros se enzarzaban en animadas conversaciones. Los guardianes siempre dejaron las quince raciones; pronto Capone y sus compañeros fueron teniendo mejor aspecto.


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Debido a que las bajas temperaturas preservaban a los cadáveres de la descomposición, el doctor los conservó durante semanas. Cuando su propio cuarto empezó “a reventar de proteínas”, se sintió impulsado a ayudar a los prisioneros vecinos y creó una especie de “préstamos y arriendos”. Cada día, transportaban los petrificados cadáveres de un lugar a otro, a las distintas estancias, proporcionando a sí a sus compañeros las raciones suplementarias que necesitaban.

En mayo de 1943, los rusos empezaron a tratar mejor a los prisioneros. Como explicó un cautivo, “deseaban que, después de la guerra, volviesen a casa algunos soldados”. Acudieron médicos y enfermeras para hacerse cargo de los supervivientes; los agitadores políticos recorrieron los campos, buscando candidatos para un adiestramiento antifascista. Tras varios meses de adoctrinamiento, un alemán exclamó: “nunca supe que hubiese tantos comunistas en la Wehrmacht… En la mayoría de los casos, quienes se volvían contra Hitler y Mussolini tenían en la mente un fin específico. La cooperación significaba una alimentación extra.

Miles de familias alemanas aún esperaban una palabra de sus seres queridos que sirvieron en Stalingrado.
No sería hasta 1949, seis años después, cuando comenzaron a regresar a sus casas los supervivientes del Eje de los campos de prisioneros soviéticos.



Fuente: “La Batalla de Stalingrado”. Autor: William Craig.
Fuente de las imágenes: archivo personal

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Notapor Alcazar » 17 Abr 2008 14:06

Un articulo muy bueno, y desconocido.
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Notapor Danix! » 17 Abr 2008 21:11


Que terrible historia, irónicamente antes de lanzarse a la carga contra Stalingrado, el VI de von Paulus, ya se había topado con el canibalismo, luego de reducir una enorme bolsa de soviets, no tenían como darles una raciones decentes y estos al tiempo empezaron el canibalismo, los alemanes horrorizados mataban en el acto a los hechores. . . Nunca se imaginarían que ellos terminarían igual. . .
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Notapor Bertram » 17 Abr 2008 23:05

Sorprendente y espeluznante. No conocía estos hechos.

Magnífico artículo albertoa.

Distinguished Service (1) Mannerheim-risti (1) British Flying Cross (1) Navy Medal of Honor (1) United States Medal of Freedom (1) Orden Trudovogo Krasnogo Znameni (6) Order Wojskowy Virtuti Militari (1) Medal of Honor (1) Victoria Cross (1) Légion d'Honneur (1) Ritterkreuz mit Eichenlaub, Schwertern und Brillianten (1) Pour le mèrite (1) Laureada de San Fernando (1) George Cross (1)
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor Gerhard Barkhorn » 01 Mar 2009 19:53

muy bueno el hilo, me gusto mucho

un abrazo
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor Otto Heinkel » 01 May 2009 12:21

Muy bueno el articulo y creo que da a entender a lo que podemos llegar en situación extrema ¿no? Se que es obvio, pero es así de sencillo.

Saludos
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor Bertram » 01 May 2009 12:31

Así es heinkel, además como todos sabemos se han dado más casos en los que la supervivencia vence a los estereotipos.

Distinguished Service (1) Mannerheim-risti (1) British Flying Cross (1) Navy Medal of Honor (1) United States Medal of Freedom (1) Orden Trudovogo Krasnogo Znameni (6) Order Wojskowy Virtuti Militari (1) Medal of Honor (1) Victoria Cross (1) Légion d'Honneur (1) Ritterkreuz mit Eichenlaub, Schwertern und Brillianten (1) Pour le mèrite (1) Laureada de San Fernando (1) George Cross (1)
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor Otto Heinkel » 02 May 2009 09:57

Si, ese es un fiel ejemplo de canibalismo humano. Creo que en situación extrema TODOS llegaríamos a eso, o tal vez solo los mas fuertes.
"A los idealismos franceses sin significado, Libertad, Igualdad y Fraternidad, les oponemos las realidades prusianas: Infantería, Caballería y Artillería"

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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor omahautah » 02 May 2009 14:48

En mi caso, supongo que ni loco me como a otra persona, supongo prefiero morirme antes que hacer eso.

Saludos.-
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor LARRY » 02 May 2009 16:03

Sinceramente, OmahaUtah, tendrías que verte en esa situación para poder hablar...

Yo creo que todos perderíamos ese "asco" físico y psicológico a comernos unos a otros si nos viésemos en una situación tan extrema.

Saludos

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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor omahautah » 02 May 2009 16:12

Sí, en verdad tendría que verme en esa situación. Pero de todas formas sería la última opción y además tendría que ser muy pero muy pero muy extremo el caso, como para que me coma a alguien.

Saludos.-
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor Gerhard Barkhorn » 02 May 2009 16:32

De solo pensarlo me da asco, pero es verdad, con la panza vacia la mentalidad cambia.
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor rodímtsev » 01 Ene 2011 16:03

Hola a todos:
Lo del canibalismo en Rusia es un tema espinoso. El artículo donde se nos exponen los hechos del cautiverio de los prisioneros italianos no fueron aislados. Haciendo memoria (y siento de veras no poder citar las fuentes) algunos de los veteranos de la Divisón Azul cuentan hechos semejantes. Parece ser que nuestros compatriotas no cometieron actos de dicha índole y la que la disciplina militar a grandes rasgos se mantuvo. Espero que el veterano que narraba los hechos fuera sincero y no deliberadamente parcial para hacernos quedar mejor frente a otras naciones.
Por otra parte, en Rusia se han dado casos de canibalismo en los peores momentos del siglo XX, por lo menos que a mi me conste. Se produjeron casos durante la Guerra Civil rusa, igualmente se volvieron a dar casos durante el Holomodor ucraniano (como otro compañero ha apuntado) y también durante la Gran Guerra Patria (como les gusta llamarla a ellos). No voy a justificar semejantes actos, pero una cosa es cierta: un invierno alli no es lo mismo que aqui. Es decir, mal que nos pese, hay que admitir que es mucho más probable que sen den casos de este tipo en lugares donde en invierno no hay ni pasto para comer y menos cuando una guerra o una hambruna se abate sobre la población. Es aterrador tener que admitirlo, pero no todos los seres humanos prefieren morir antes que cometer actos de esta índole y más de la manera en la que los cometieron, por lo menos los supervivientes del famoso accidente aéreo en los Andes esperaron a que los cuerpos hubieran perdido algo de su carácter humano antes de hacer uso de ellos y no se comportaron como depredadores en busca de presas frescas que, de todo, es lo que me parece más horripilante y que es lo que a estos actos le puede quitar todo matiz de comprensión.
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor abhang » 07 Ene 2011 20:24

No conocía esta espeluznante historia, pero cómo sería el cautiverio soviético... mejor no pensarlo; creo que el ser humano en situaciones límites es capa de cualquier cosa, y si es cuestión de sobrevivir... nos veríamos abocados a cometer hechos terribles.
Saludos.
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Re: Supervivencia al cautiverio soviético: canibalismo

Notapor Aleister Von Stein » 15 Feb 2011 02:52

Debo admitir que termine de leer el post con cara de asco y el estomago totalmente revuelto.

Habia escuchado del canibalimso en los andes pero nunca en la estepa rusa.

Saludos

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