por Erwin Rommel » 29 Jul 2010, 00:45
Me voy a permitir una reflexión sobre los "ataques inmolatorios".
Dependiendo del bando (propio o ajeno) este tipo de acciones pueden verse como ejemplo de entrega despreciando la propia vida o bien como muestra de la ceguera y extremismo ideológico del enemigo. Las películas americanas, por ejemplo, están llenas de figuras heróicas clásicas que todos conocemos: el típico soldado herido que dice a sus compañeros "marchaos, dejadme aquí". El sacrificio de un hombre o una unidad puede ser leído de formas radicalmente opuestas en función de nuestra simpatía por su bando.
Es cierto que durante 'Barbarroja' el Ejército Rojo puso en escena, una y otra vez, contraataques prácticamente suicidas con la única esperanza de detener a la Wehrmacht y dar algo de aire a la reorganización de las tropas soviéticas tras el shock inicial. Leyendo a David M. Glantz se pueden ver uno tras otro, pues da cifras y fechas exactas.
Sin embargo, yo me pregunto qué haría yo mismo si estuviese en el lugar de la stavka. Sin duda, haría lo mismo. Creo que Stalin fue dolorosamente consciente de que sus tropelías y "limpiezas" durante las purgas le habían costado perder buena parte de la oficialidad útil. La prueba de ello es que, tras Stalingrado, como todos sabemos, cada vez empezó a dar mayor margen a sus militares. Incluso recuperó tras 'Barbarroja' a muchos represaliados, trayéndoles literalmente desde su destierro.
La situación durante 'Barbarroja' era literalmente desesperada. Se enviaban unidades al frente a morir, pues poco o nada podían hacer. Esto ha sido elevado a categoría de gran mancha en el historial militar de Stalin. Sin duda es una mancha en su historial humano, pues sus purgas y locuras políticas fueron la causa principal de esa situación crítica, pero no veo que ningún otro líder militar del mundo hiciese lo contrario en situación pareja.
En todos los ejércitos hubo unidades enviadas a una muerte segura para dar tiempo a otros planes. No me parecen menos suicidas las misiones de Saint-Nazare, el torpedeo del Tirpitz o los lanzamientos aerotransportados aliados en Europa, especialmente en Normandía (por no hablar de los americanos en las Ardenas). Cierto que en estos casos había un plan, pero no es menos cierto que fueron acciones donde la probabilidad de muerte era increíblemente elevada y, en muchos casos, la operaciónno justificaba ese riesgo.
Los Aliados Occidentales no se vieron en un escenario de defensa y repliegue en tierra desde Dunkerque, con la excepción de los británicos en África. No me cabe duda de que, en caso de ataque terrestre, tanto ingleses como americanos habrían esforzado hasta el último hombre por defender su suelo.
Por ello, una vez más, debo reflexionar sobre la importancia de analizar los hechos de forma siempre objetiva.
El Ejército Rojo no era la turba de aficionados enviados al matadero que la Posguerra nos ha legado como imagen.
Saludos
