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La navidad en la Segunda Guerra Mundial

Anécdotas, rarezas e historias variadas

Moderador: Mariscal Panzer


La navidad en la Segunda Guerra Mundial

Notapor Tomy » 17 Dic 2008, 06:04

He recopilado algunas historias curiosas con respecto a estas fechas durante la Segunda Guerra Mundial.


Batalla de las Ardena, Joseph Vosbikian (*1):

Los alemanes iniciaron su última gran ofensiva de la Segunda Guerra Mundial el 16 de diciembre de 1944. En aquel entonces, formaba parte de un Batallón de ingenieros a cargo de los suministros y mantenimiento de la rutas cerca del río Saar.

A causa de la ruptura del frente por los alemanes, los reemplazos fueron sacados de unidades de apoyo como la unidad en la que me encontraba el 18 de diciembre de 1944 y fui enviado hacia Metz, Francia, como parte de una división de infantería. Cuarenta y ocho horas después, estaba con esta División en Luxemburgo involucrado en lo que más tarde se conoció como"La Batalla del Bulge".

Reflexionando, todo lo que puedo decir es que los sueldos eran bajos, el trabajo difícil, y las condiciones insoportables.

Por Nochebuena, habíamos capturado un pequeño pueblo y establecimos defensas a lo largo de una alta cordillera al otro lado. Cavamos trincheras de dos hombres, les pusimos ramas de pino y nos preparamos para la noche. Hacia nuestra izquierda, la Compañía E y la Compañía I estaban limpiando una bolsa de alemanes y se podía oír el sonido de las armas cortas a lo lejos.

Sobre nosotros, uno de nuestros Grupos Tácticos de caza realizaba ataques aéreos y los alemanes respondían con fuego antiaéreo. Podías oír el pequeño remolino de armas cortas abrir fuego por la izquierda mientras veías las ráfagas antiaéreas, mezclado con el ronroneo de los aviones en el cielo y seguido por el constante retumbar de las explosiones. El paisaje estaba cubierto de nieve amplificada en belleza por la noche, la temperatura era bajo cero y la parte del cielo que se podía ver estaba repleto con millones de estrellas centelleantes, un trasfondo perfecto para la Nochebuena.

En las primeras luces de la mañana vi a uno de nuestros bombarderos ligeros dejando una estela de humo y casi de inmediato a un hombre en paracaídas saltar del avión alcanzado. Debería haberme dado cuenta que los aviadores americanos no eran muy apreciados por los alemanes y a merced de qué lado de la línea aterrizaran estos hombres, determinaría si vivirían o no. Desafortunadamente, sólo pude contar a uno de estos aviadores ya que aterrizó en una pequeña aglomeración de árboles entre los alemanes y la cordillera que ocupábamos. Era como si alguien hubiera dado una señal predeterminada, porque antes de que esta pobre alma golpease la tierra, todo el mundo ya estaba fuera de sus hoyos corriendo a gran velocidad, deslizándose, tropezándose para alcanzarle. Excepto por algunas magulladuras y arañazos de las ramas de los árboles, estaba bien y cuando se percató de que había caído en manos amigas, expresó su agradecimiento de tal forma que nos hizo a todos nosotros sentirnos muy bien.

Más tarde me percaté de lo inconscientemente torpes que habíamos sido al exponernos de esa forma y darle a enemigo una oportunidad de aprovecharse, lo pudimos haber pagado muy caro. Si me preguntan por qué, entonces diría que el mismo espíritu que nos motivó había afectado también a los alemanes.

Sabio es el hombre que aprende a través de las experiencias de la vida y en este mismo día, Navidad de 1944, en mitad de la mayor degradación del hombre, la Guerra, vi prevalecer a la Navidad.


Seguimos en el mismo frente, mismas fechas....


Insólita cena de navidad (*2):

Aunque en todo conflicto bélico abundan los episodios terribles de muerte y venganza, en la navidad de 1944 se produjo un hecho en el que, en medio de los combates, hizo aflorar el sentimiento de reconciliación propio de esas fechas.

El suceso ocurrió en nochebuena, durante la Batalla de las Ardenas. Dos jóvenes norteamericanos deambulaban desorientados por el tupido bosque de Hurtgen en la frontera germanobelga al haber perdido contacto con sus tropas. Uno de los dos presentaba graves heridas , por lo que no podían continuar caminando por aquel terreno cubierto de nieve. Desesperados, se arriesgaron a llegar hasta la puerta de una casa solitaria en busca de ayuda, pese a encontrarse esta en el lado alemán.

La dueña de la casa, al contemplar el soldado herido, no lo dudó un momento y se ofreció a ayudarles. Les hizo entrar y una vez que el joven fue atendido de sus heridas, les invitó a compartir con su familia la cena de navidad, consistente en un suculento asado. Sorprendidos por esta hospitalidad, los norteamericanos aceptaron compartir la cena y pasar la noche en la casa.

Cuando estaban ya todos sentados a la mesa, alguien llamó a la puerta. La dueña abrió y se encontró con cuatro soldados alemanes que, al parecer, habían seguido la pista de sangre dejada en la nieve por el soldado estadounidense.

Esperando que fuera la misma mujer la que confesase la presencia de los soldados enemigos, esperaron unos segundos, pero al no obtener una confesión espontánea gritaron "¿Quién está ahí dentro?, mientras lanzaban miradas de odio hacia el interior de la casa.

La dueña no se dejó impresionar y respondió desafiante: "Americanos". Los alemanes empuñaron sus armas, dispuestos a irrumpir en la estancia, cuando ella les dijo con calma: "Vosotros podríais ser mis hijos, y los que están aquí dentro también"."Uno de ellos está herido -continuó- y están cansados y hambrientos, como vosotros, así que entrad, pero esta noche nadie tiene que pensar en matar".

Sin duda el espíritu navideño ayudó a que los soldados germanos accediesen a la petición de la mujer. Bajando sus armas entraron en el comedor y, cruzando miradas de mutua desconfianza fueron sentándose junto a los norteamericanos, que tan solo unos segundos antes pensaban que había llegado su hora. Poco a poco las prevenciones se fueron disipando y la cena acabó discurriendo por unos impensables cauces de compañerismo . Al final todos entonaron canciones navideñas reeditándose así las muestras espontáneas de confraternización entre enemigos que se dieron en la navidad de 1914 durante la primera guerra mundial.

A la mañana siguiente, aquella amistad surgida durante la cena no se había esfumado con la llegada del nuevo día; los soldados alemanes indicaron a los norteamericanos como llegar hasta sus propias líneas.



Batalla de Estalingrado (*3):

Heinz Schroter, corresponsal de guerra en Estalingrado:

En el día previsto, los combatientes de Stalingrado celebraron su fiesta de Navidad. Un cielo gris se extendía pesadamente sobre la estepa nevada; un frío implacable cristalizaba el paisaje.

(...) Estos soldados sólo tenían en común sus manos vacías y la bóveda de cielo, que en aquellos días estaba surcada por una humareda sanguinolenta. Se preguntaban por qué Dios permitía que volviese la Navidad, cuando los hombres, dominando Su voz con su tumulto, se mataban unos a otros.

(...) Pudo verse un largo y espantoso cortejo: granaderos, generales, enfermos, heridos, lisiados, hombres todavía útiles, héroes, cobardes, tiritando de frío bajo sus capotes de piel, sus mantas, sus uniformes quemados, con la cabeza o el vientre envueltos en trapos ensangrentados, se pusieron en camino, a menudo arrastrándose a gatas, hacia el aeródromo.

(...) La procesión de los heridos dejaba tras de si una estela de sangre. Innumerables objetos de la impedimenta estaban esparcidos por la llanura. Un bombardero, un aparato de transporte y dos cazas yacían por allí. Los fugitivos se apresuraban, pues la muerte les pisaba los talones. El hambre les torturaba, la angustia oprimía las gargantas y el frío helaba la sangre.

(...) Los muertos aparecían agrupados, apretados unos contra otros, como si todavía intentasen darse calor, y los vivos pasaban al lado de estos montones de cadáveres. Algunos miles de hombres llegaron al aeródromo. Catorce mil quedaron detenidos en la carretera de la muerte de Pitomnik congelados por el viento glacial, exangües, descompuestos, pisoteados. Suplicaron y nadie les escuchó. Lanzaron juramentos y nadie les hizo caso.»


(Heinz Schroter. Publicado en la «Gran Crónica de la II Guerra Mundial». Selecciones del Reader's Digest. Traducido de «Les Sacrifies», Editorial Pierre de Méyere. Bruselas, 1962.)


La navidad en el Ejercito alemán durante la WWII:


Kriegsweihnachten: Reflexiones en Navidad durante la 2GM por Jason Pipes (*4)

La Navidad, con una tradición fuertemente arraigada, es la fiesta más importante del año en la cultura occidental. Aunque la Navidad se celebra en todo el mundo, en ningún sitio cobra tanta importancia como en la Europa central y del norte. Gran parte de las tradiciones de la Navidad que mantenemos fueron creadas por gente de la Europa central y del norte durante los años que transcurrieron antes y después del nacimiento de Cristo, entremezclando temas paganos y cristianos en una fiesta llena de vida, alegría y felicidad. Muchos de los villancicos que cantamos, las comidas y las tradiciones que seguimos, incluida la más importante de las tradiciones navideñas, el Árbol de Navidad, fueron practicadas por vez primera en estos lugares, y más en concreto, en la región que ahora conocemos como Alemania. La Navidad era y sigue siendo un periodo importante para la mayor parte de los alemanes y así fue durante la Segunda Guerra Mundial.

Es imposible hacer un recuento del número infinito de experiencias navideñas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, pero podemos reunir estos temas comunes que muchísima gente vivió, como por ejemplo muchos de los hombres que sirvieron en el ejército alemán durante el periodo entre 1939 y 1945. Fue durante este espacio de tiempo cuando la Navidad se tornó al mismo tiempo alegre y terrible.

Las primeras navidades alemanas de la Segunda Guerra Mundial se celebraron en diciembre de 1939 cuando el frente permanecía tranquilo; los aliados occidentales y Alemania estaban en mitad de la llamada “guerra falsa” entre el periodo que transcurrió tras la Invasión de Polonia en septiembre de 1939 y la Invasión de Noruega más tarde, en abril de 1940. En búnkeres y trincheras, fortines y depósitos, casas privadas y bases de unidades, a lo largo de toda la frontera, cruzando Alemania y en la ocupada Polonia, aquellos soldados alemanes con el infortunio de no poder estar con sus familias y seres queridos, pasaron el tiempo junto a sus camaradas e intercambiaron regalos sencillos de frutas y bebidas, rieron y jugaron y cantaron villancicos tradicionales tales como "O Tannenbaum"

El invierno de 1941 fue uno de los más duros e implacables en la historia hasta ahora conocida. El Wehrmacht había cruzado la frontera soviética en junio de 1941 y había planeado acabar con la campaña antes del final del otoño. No obstante, el destino no estaba del lado de los alemanes y la lucha continuaría durante cuatro de los años más brutales y duros de combate de toda la historia de la humanidad. La comodidad y nostalgia de las alegres celebraciones navideñas en posiciones de un frente tranquilo eran cosa del pasado, especialmente para los que estaban estacionados en el frente del este, que dejaba poco que celebrar mientras la guerra les oprimía. Ante tal desesperación, seguían celebrando la Navidad, tal como expresa el siguiente capellán de división en su diario en 1941:

“He dormido bien en una sucia habitación. A mi lado hay peladuras de patata y otros desperdicios. Visitamos a los hombres en sus dependencias, las compañías 9 y 11. Están fatal, desgreñados, llenos de picaduras de chinche, cuerpos enteros ensangrentados, escuálidos y sucios. El bombardeo de mortero ruso se acerca. Un hombre salta por los aires en frente de la iglesia. Una vez esto fue un agradable complejo en Yaroplets. Un gran castillo con una espléndida iglesia. Las togas de oro brocado sirven ahora de cortinas para las ventanas rotas. El enemigo dispara desde un bosque cercano. Por la noche, visito a los hombres en las pequeñas habitaciones abarrotadas del sótano, les leo historias navideñas de la Biblia y hablo con ellos. Después, canto canciones con los caballeros del batallón del Estado Mayor. El comandante tocaba el acordeón…”.

Las Navidades de 1942 fueron empeorando de forma progresiva para Alemania, con la pérdida del 6.Armee en el Bolsillo de Stalingrado poco después de las fiestas. Curiosamente, a la media noche del día de Nochebuena, el cielo sobre Stalingrado se encendió con las miles de coloridas bengalas que disparaban prácticamente todas las unidades atrapadas en el bolsillo. Este impresionante acontecimiento era para celebrar las Navidades y se prolongó durante varios minutos. Con la creciente desesperación, a veces se celebraba la Navidad con esa clase de auténtica paz, comprensión y aceptación que solo aquellos que estaban en una situación límite podían sentir. Los siguientes tres extractos son de unos pocos hombres atrapados en Stalingrado durante esas fatídicas Navidades de 1942.

“Durante las últimas semanas hemos empezado a pensar en el final de todo. La insignificancia de cada día palidece ante esto y nunca hemos estado más agradecidos por el Evangelio de la Navidad que en estas horas de penuria. En lo profundo de nuestro corazón, vivimos con la idea de la Navidad, el significado de la Navidad. Es una fiesta de amor, salvación y compasión por la raza humana. No tenemos nada más aquí que el pensamiento de la Navidad. Nos ayudará durante las horas más dolorosas… A pesar de lo duro que sea, haremos lo posible para vencer al destino e intentar por todos los medios derrotar a lo infrahumano que nos ataca de forma salvaje. Nada puede debilitar nuestra fe en la victoria, porque debemos ganar si Alemania quiere vivir…”.

“No he recibido ninguna carta tuya durante algún tiempo… anhelo fervientemente las queridas palabras desde casa en Navidad, pero ahora mismo hay cosas más importantes. Somos hombres preparados para soportar cualquier cosa. Lo importante es que tú y los niños estéis bien. No os preocupéis por mí; ya no me puede pasar nada. Hoy he hecho las paces con Dios… Te envío todo mi amor y mil besos. Te quiero con toda mi alma. Besos cariñosos para los niños. Sed buenos, niños, y recordad a vuestro padre.”

-Karl Binder, Vicepresidente de la Intendencia, División de Infantería 305

“En la noche anterior al Día Sagrado, en un barracón que aún estaba intacto, once soldados celebraban con silenciosa adoración. No fue fácil encontrarles en la manada de los escépticos, los desesperados y los decepcionados. Pero aquellos a los que encontré venían felices, con el corazón abierto y contento. Era una extraña congregación la que se reunió para celebrar el nacimiento del niño Cristo. Hay muchos altares en todo el mundo pero seguro que ninguno era más pobre que el nuestro. Ayer la caja aún contenía proyectiles anti-aéreos; hoy mi mano ha extendido en ella la guerrera gris de un camarada cuyos ojos cerré el pasado viernes en esta misma habitación. Escribí a su mujer una carta de consolación. Que Dios la proteja”.

“Leí a mis hombres la parábola de Navidad según el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículos 1-17; les di un duro pan negro como el Santísimo Sacramento del altar, el verdadero cuerpo de nuestro señor Jesucristo, y supliqué al Señor que tuviera piedad de ellos y les bendijera. No dije nada sobre el quinto mandamiento (No matarás). Los hombres se sentaron en banquetas y me miraron con grandes ojos en sus caras hambrientas. Todos eran jóvenes excepto uno, con 51 años. Estoy feliz de haber podido consolar sus corazones y haberles dado valor. Cuando todo terminó, estrechamos nuestras manos, apuntamos nuestras direcciones y prometimos buscar a los familiares y contarles nuestra celebración de Nochebuena de 1942, en caso de que alguno no pudiera volver a casa”.

-Un desconocido capellán alemán católico

"Justo ahora el sargento mayor acaba de decirme que no puedo volver a casa por Navidad. Le dije que debía mantener su promesa y me envió junto al capitán. El capitán me dijo que había otros que querían un permiso por Navidad y que ellos también se lo habían prometido a sus familiares sin poder cumplir sus promesas. De forma que no fue su culpa el que no pudiéramos ir. Debíamos estar contentos de que aún permaneciéramos con vida, dijo el capitán, y el largo viaje no hubiera sido bueno en el frío invierno de todos modos”.

"Querida María, no debes enfadarte porque no me concedan el permiso. A menudo pienso en nuestra casa y en nuestra pequeña Luise. Me pregunto si ya sabe reír. ¿Has colocado un bonito árbol de Navidad? Se supone que nosotros tendremos uno, si no nos trasladamos a otro cuartel. Pero no quiero escribir cosas de aquí, si no sé que llorarás… A veces temo que no nos volvamos a ver nunca más. Heiner de Krefeld me dijo que un hombre no debe escribir esto; solo asusta a sus familiares. Pero, ¿y si es cierto?

"María, querida María, he estado un buen rato dando rodeos. El sargento mayor dijo que esta sería la última carta porque no saldrán más aviones. No puedo mentir. Y ahora lo más probable es que nunca me den el permiso. Si pudiera verte una vez más; ¡qué terrible es esto! Cuando enciendas las velas, piensa en tu marido que está en Stalingrado.”

Las Navidades de 1943 fueron tan duras y brutales como las anteriores, pero también aportaron razones para la esperanza, aunque solo fuera por poco tiempo. El siguiente extracto trata de las vivencias de las tropas valón belgas voluntarias en el frente del este.

“En las Navidades de 1943, cada tienda tenía instalado un árbol de Navidad, blanqueado con algodón tomado de los médicos”.

“En el frente, la Navidad siempre había sido triste. Los hombres bebían, cantaban y bromeaban. Durante una hora todo estaba bien. Después cada uno recordaba las Navidades en casa: las mejillas sonrosadas, los niños encandilados, la tierna esposa y las dulces canciones. Los ojos miraban hacia el infinito con una mirada perdida, viendo pueblos y cuartos llenos de alegría en otro tiempo. Un soldado se marchaba y después le encontrábamos llorando solo bajo la luna”.

“Esa noche hubo 15 suicidios en la división, los corazones se rompían por la tensión de tantos meses de separación y sufrimiento”.

Yo quería visitar todos los búnkeres de nuestros voluntarios. Entre la nieve y la oscuridad, recorrí 10 km, entrando en cada refugio humeante. Algunos pelotones, especialmente los jóvenes, ponían buena cara a las cosas y armaban jolgorio, pero encontré muchas más caras serias que sonrientes. Un soldado que ya no pudo contenerse más se había tirado en el suelo y yacía sollozando contra la tierra llamando a sus padres”.

“A la medianoche, en el momento en que aquellos que todavía negaban lo evidente habían comenzado a entonar el 'O Holy Night', el cielo estalló en llamas: no eran los ángeles anunciadores, ni las trompetas de Belén. ¡Era un ataque! Los rojos, pensando que en este momento nuestros hombres estarían sentados a la mesa, habían abierto fuego con toda su artillería y se estaban adelantando al combate”.

“De hecho, esto fue un alivio. Nos levantamos de un salto. Y en la nieve iluminada por las bombas, por balas trazadoras, por el destello del fuego de cañones, por las bengalas rojas, verdes y blancas de los que hacían señales, pasamos nuestra Nochebuena impidiendo que el enfurecido enemigo cruzara el río Olshanka."

“Al amanecer, el fuego cesó. Nuestro capellán dio la Comunión a las tropas, que dejaron sus posiciones, pelotón por pelotón, hacia la capilla ortodoxa donde nuestro sacerdote valón vestido de Feldgrau se unió en un verdadero estilo cristiano al anciano sacerdote ruso del pueblo con su mitra morada”.

“Allí se aliviaron los corazones tristes y resentidos. Sus padres, esposas y sus queridos hijos habían escuchado la misma Misa en sus casas y habían recibido la misma Eucaristía. Los soldados regresaron con almas sencillas y puras como la enorme estepa blanca que brillaba en la tarde de Navidad”.

Las últimas Navidades de la 2GM en Europa, las de 1944, no dieron nada que celebrar a los alemanes. Los frentes del este y del oeste se desmoronaban, millones de hombres y mujeres alemanes habían muerto, cientos de miles de alemanes se habían quedado sin casa y sin sus seres queridos, la campaña aérea contra su patria había dejado muchas ciudades devastadas e inutilizadas, por no decir nada de las desafortunadas tropas alemanas que esperaban el siguiente ataque soviético en el frente del este, o aquellas tropas enviadas a la región de las Ardenas en la desesperada “Batalla del Bulge” que vio a las tropas americanas y alemanas luchar de forma cruenta sin descanso en el día de Navidad. Con la guerra virtualmente perdida, las Navidades vinieron y se fueron, dejando atrás 6 largos años de amarga guerra y conquista.

Otra curiosidad más sobre la navidad en la batalla de Stalingrado:

La Madonna de Stalingrado(*5)

(Por Elisabeth Reinhardt, Profesora de Historia de la Teología Medieval. Universidad de Navarra. Departamento de Teología Histórica)

El nombre de Stalingrado evoca una de las batallas más cruentas de la Segunda Guerra Mundial. Esta ciudad situada a orillas del Volga se llamaba antiguamente Tsaritsyn, luego fue Stalingrado o "ciudad de Stalin" de 1925 a 1961, cuando se cambió a Volgogrado o "ciudad del Volga" durante la época de desestalinización.

Nos situamos en noviembre de 1942. Era pleno invierno en la cuenca del Volga. El sexto ejército alemán, en número de unos 220.000 hombres, había avanzado hasta Stalingrado. El plan de tomar la ciudad fracasó al avanzar el Ejército Rojo casi simultáneamente por tres flancos. Las órdenes desde Berlín continuaron inalterables, pues Hitler insistía en lograr la victoria, costara lo que costara. Las temperaturas descendieron de forma implacable, franqueando los veinte bajo cero. A finales de noviembre empezaron a escasear los víveres al quedar bloqueados los suministros, pues la nieve y el hielo impedían el aterrizaje de aviones. Aún estaba abierta una brecha de comunicación en el lado occidental del cerco, un espacio suficiente para emprender la retirada si el Führer lo consentía. El general Friedrich Paulus, que mandaba el sexto ejército, solicitó la orden de retirada, pero la contestación del mando supremo fue negativa. Hitler prometió refuerzo de tropas y suministros aéreos de alimentos. Los combates alemanes se redujeron a débiles esfuerzos por resistir, mientras fue aumentando el número de víctimas mortales y de heridos. En diciembre la ración diaria de alimentos por cabeza se había reducido a 300 gramos de pan, tres cigarrillos, 15 gramos de margarina y 40 gramos de miel sintética. Se servía una vez al día sopa de agua caliente con reminiscencias de carne de caballo y alguna patata.

El 24 de diciembre por la tarde, Kurt Reuber, médico encargado de la unidad de acorazados, regresó a su barracón después de atender a los heridos. "Es Noche Buena", pensó, noche de luz, de paz y de amor. Era fuerte la tentación de tomarse el trozo de pan duro reservado para ese momento y acurrucarse cerca de la estufa de hierro que funcionaba a media potencia debido a la escasez de combustible. Los demás soldados aún no habían regresado de las trincheras. El Dr. Reuber, además de médico, era pastor luterano y licenciado en teología, y le gustaba pintar. Se acordó de su esposa y de la comunidad de creyentes que había atendido en un pueblo cerca de Göttingen antes de ser reclutado para el ejército. Por un momento su rostro marcado por el sufrimiento perdió la tensión habitual. También para nosotros es Navidad, pensó. La palabra “nosotros” estimuló su ingenio: quería sorprender a los demás con un dibujo navideño. A falta de papel desdobló el mapa ruso que llevaba en la mochila, y con uno de los carboncillos que conservaba hizo un dibujo. Los trazos negros sobre el mapa, hechos con los dedos entumecidos de frío, fueron construyendo la imagen de la Virgen María, sedente, con el niño en brazos, al que abriga cuidadosamente con su manto. Alrededor del dibujo el Dr. Reuber puso las palabras: "1942 Weihnachten im Kessel. Licht - Leben - Liebe. Festung Stalingrad" (1942 Navidad en el cerco. Luz - Vida - Amor. Fuerte de Stalingrado). Delante de la imagen colocó un cabo de vela. Los soldados que fueron llegando a la barraca experimentaron un ambiente acogedor. Se pusieron en semicírculo ante la imagen y cantaron “Noche de paz”. Uno de ellos sacó de su mochila una armónica que siempre llevaba y empezó a tocar villancicos y melodías de su tierra, la región de la Selva Negra. Fueron recordando Navidades de otros tiempos, cuando eran niños. Sacaron los restos de víveres y cigarrillos que habían guardado para tiempos todavía peores, y en un instante todo era de todos. Cuando se fueron a dormir notaron menos que otras veces el frío que penetraba por las rendijas que no habían logrado cerrar del todo.

El día de Navidad de 1942 murieron en Stalingrado 1280 soldados del sexto ejército. El prometido suministro de víveres no pudo llegar por la imposibilidad de aterrizar, y los paquetes tirados desde el aire no siempre alcanzaban su destino. En enero de 1943, el general Paulus solicitó cada vez con más insistencia el permiso para la rendición, pero el Führer se negó. Por fin, el 30 de enero se rindió Paulus, después de recibir la sarcástica noticia de parte de Hitler, de su ascenso a mariscal de campo. Cayeron prisioneros unos 113.000 soldados alemanes, de los que sólo unos miles sobrevivieron la cautividad.

El Dr. Reuber cayó prisionero y murió el 21 de enero de 1944 en el campo de Yelabuga, mil kilómetros al este de Moscú. Antes de su cautividad logró enviar la “Madonna de Stalingrado” y una carta a su esposa, a través del cerco. A propósito del dibujo escribió: “Madre e Hijo están inclinados el uno hacia el otro, envueltos en un gran manto, que protege a ambos. Me vinieron a la mente las palabras de San Juan: Luz, Vida, Amor”. Esta imagen de la Virgen, bajo la advocación de "Stalingrad-Madonna", se encuentra desde 1983 en la iglesia memorial (Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche) de Berlín, una iglesia luterana bombardeada en 1943 que se reconstruyó sólo en parte, para recordar el terror de la guerra y exhortar a la paz.


Algunas fotos Navideñas:

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Estoy intentando ampliar este tema con un artículo ciertamente interesante de una serie de postales navideñas que edito el ejército japonés para desmoralizar a las tropas aliadas. He pedido permiso al autor para poder reproducir las fotos de las postales, ya que sin ellas, la información pierde mucho. En cuanto lo obtenga (espero) lo traduzco y lo cuelgo.



Fuentes:
*1: http://www.panzerzug.es
*2: Historias asombrosas de la segunda guerra mundial, Jesus Hernandez
*3: http://guerramundo.iespana.es
*4: http://www.forosegundaguerra.com
*5: http://www.arvo.net

Imágenes: google.


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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Bertram » 17 Dic 2008, 07:56

Gracias tomy ... interesantes historias.

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor omahautah » 17 Dic 2008, 15:39

Muy buen artículo, muy buenas historias!

Estoy esperando a ver esas postales :P ...

Saludos!


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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor s1mon » 17 Dic 2008, 19:21

Buen articulo compañero
pero una duda, Hurtgen no es una batalla distinta a ardenas?
yo tenia entendido que primero estuvo Hurtgen y despues ardenas.
que el lugar era parecido,pero que fue mucho mas famoso ardenas por temas ya obvios jaja.
saludos
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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor albertoa » 17 Dic 2008, 21:51

Tienes toda la razón camarada. La batalla del bosque de Hürtgen y la toma de la ciudad de Aquisgrán fueron acontecimientos previos a las Ardenas, aunque se puede decir que enlazaron en el tiempo. Este episodio ocurrió entre el 13 de septiembre y el 9 de diciembre de 1944, mientras que la batalla de las Ardenas se produjo entre el 16 de diciembre de 1944 y el 28 de enero de 1945. En este episodio del bosque de Hürtgen la 28 división de infantería de los EE.UU perdió más de 6.000 hombres... Pero esto es otra historia.

Camarada Tomy:

Mi más sincera felicitación por tan excelente artículo. Decirte que me ha gustado es poco... Enhorabuena. Todo un estímulo para el cerebro y una alegría leer tus artículos, sobre todo este.

Saludos.

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Tomy » 18 Dic 2008, 04:39

Como el compañero Albertoa ha dicho, tienes razón S1mon. perdonad el "lapsus".

Camarada Albertoa; es también mi cerebro el estimulado por todos vuestros ártículos, de los cuales cojo ejemplo, y es un placer compartir con todos los camaradas los conocimientos, la información y la pasión que sentimos por este trozo de la Historia.

Espero poder ofreceros en breve la ampliación, con la información respecto a las postales "niponas".

Un saludo al foro!

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor USAAF » 20 Dic 2008, 23:37

Hola a todos
Por lo que yo se, la batalla de las Ardenas y la batalla Hurtgen es la misma, mientra los americanos le dan el nombre del famoso bosque donde las pasaron putas el resto de paises le dan el nombre de la batalla de las Ardenas.
SALUDOS
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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor albertoa » 21 Dic 2008, 11:46

Negativo. Son dos hechos totalmente diferentes. La batalla del bosquede Hürtgen es el nombre que recibió la primera incursión aliada en territorio Alemán, con la toma de la ciudad de Aquisgrán. Ocurrió entre los meses de septiembre y diciembre de 1944.

La batalla de las Ardenas ocurrió en territorio de Luxemburgo, Bélgica y parte de Francia. Ocurrió entre diciembre de 1944 y enero de 1945 y supuso la última gran ofensiva a gran escala del ejército alemán. Los norteamericanos la llamaron batalla del Bulge, por la forma que tenía el avance alemán visto en un mapa, es decir, parecía un bulto, o sea, un "Bulge".

Son hechos totalmente distintos.

Saludos.

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Tomy » 25 Dic 2008, 18:15

... La noche de fin de año, se cernía negra y fría sobre el desierto. Las señales luminosas de las tropas de observación inglesas recorrían el cielo: era indicio seguro para los soldados extraviados en el desierto. Por medio de señales luminosas se atraía en África a las unidades perdidas.

Un soldado miró un reloj: ¡Era justamente la nochevieja!

-Estamos todavía en el año viejo, pero dentro de diez minutos ya podremos poner, en las ordenes, año 1942.
En el minuto preciso, el ayudante Marwan-Scholoiser, del regimiento de antiaéreos 135, quería vaciar su marmita de vino. Había atrapado una botella entera, y la tenía refrescando en un agujero cavado en la arena.

Estas tropas eran una fuerza combativa con gran capacidad de fuego, que el mayor Hecht, comandante del regimiento, había establecido brillantemente como barrera junto a Agedabia. La Sección de Reserva Antiaérea no motorizado número 114 defendía el sector Norte con trece cañones de 8,8 centímetros y nueve cañones antiaéreos de 3,7 y 2 centímetros. Los italianos estaban en el sector oriental con siete cañones de 8,8 centímetros. Los restos motorizados de los Regimientos de Antiaéreos números 18, 33 y 35 permanecían junto al Afrika Korps y estaban destinados a la lucha móvil.

Con gran agudeza, Rommel había ordenado la instalación de baterías enteras de salvas.

La Sección 114 de Reserva llevó a cabo el milagro de transportar hasta el desierto los materiales necesarios para tal efecto, y los artilleros sonreían maliciosamente cuando los “tommys” lanzaban toneladas de granadas de artillería sobre dichos cañones fingidos.

El capitán Marwan-Scholosser tenía en su poder la última carta recibida de su casa, y por poco olvida su imaginaria ceremonia de las doce campanadas de fin e año. Pero aún estuvo a tiempo de deshacer el alambre de la botella de “Veure Cliqot”, sonriendo, pensando en el viejo Wilhelm Busch.

-¡Que dulces y agradables perlean las burbujas de la vida Cliqot en la copa!- exclamó.

El corcho saltó... y ¿qué diablo sucede entonces? Como un eco multiplicado un millón de veces, atronaron todo el frente en el mismo instante las descargas de artillería. Sólo podía tratarse de un ataque a gran escala. El ayudante se precipitó fuera de su tienda. El mayor Hecht salió también de la suya: Bengalas verdes, rojas, amarillas y blancas surcaban el cielo nocturno. Los disparos de la artillería, de las ametralladoras y fusiles estallaban sin cesar. Miles de bengalas, semejantes a cometas, iluminaban el cielo.

Pero no era una batalla. Todo el ejercito de Rommel celebraba la llegada del año nuevo. Lo saludaba a su manera. Y el corazón de los soldados saltó de gozo cuando una corona de ráfagas de fuego entrecruzadas ascendió sobre el desierto.

¿Quién hubiese podido o querido en realidad detenerlas?

Los italianos protestaron inmediatamente por teléfono, pero el imperturbable Bayerlein les respondió:

-¡Tranquilícense!...Ustedes están a oscuras y, por lo tanto, ¿qué quieren que les suceda?

Era un fantástico cuadro. Las bengalas formaban una cortina multicolor, y en la brillante luz, los hombres, despreocupados y alegres, salieron de los atrincheramientos. Y después, sí, después, sucedió lo que, si no fuera verdad, ninguno de los diez mil soldados lo recordaría, ni se atrevería a contarlo...
Fue la obstinación que se ponía de manifiesto; la fidelidad a una idea, ya que sin una idea no se podía soportar esta tragedia de la lucha y la muerte. Y ellos creían aún en su idea. Aunque tal vez también esta había sido maltratada, utilizada con fines perversos, o traicionada. Pero los soldados seguían creyendo. Y uno de ellos empezó, y los otros le siguieron, en esa noche del año Nuevo de 1942 en el desierto, junto a Agedabia:

-Deutschland, Deutschland über alles... (Alemania, Alemania por encima de todo)-gritaban.

Estaban rendidos por la fatiga, cansados y sucios; las piernas parecían envueltas en cemento, con los calcetines sudados y llenos de arena y los zapatos destrozados; reducidos a sólo diez o veinte hombres por cada compañía... ¡y no obstante cantaban! Al día siguiente, los mensajes ingleses enviados a El Cairo por la 22ª Brigada Blindada decían: “Es posible que a las unidades de Rommel no les quede ya un solo carro de combate, pero sería prematuro hablar de un ejercito derrotado. El Afrika Korps cantaba la pasada noche el Himno Nacional alemán en sus puestos de combate. No debemos engañarnos: estos soldados, mandados por oficiales inquebrantables, no se sienten inclinados a ceder en su lucha” Es más: si el general inglés hubiese acompañado al comandante de la 15ª División Blindada, general Von Vaerst, en esta madrugada de Año Nuevo, cuando visitaba los atrincheramientos, habría telegrafiado algo más rotundo todavía.

En cada trinchera sonaba el parte reglamentario. Sólo un centinela, que tenía un vaso de más, no dio el parte.

-¡Espero que te portes mejor durante el año que empieza! Le dijo el General.
- Igual le deseo a mi general- fue la alegre respuesta. Y el viejo Vaerst sonrió.



Extracto del libro Afrika Korps de Paul Carell, capítulo "Boda en el wari de El Faregh."

Un saludo al foro!

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Taylor » 25 Dic 2008, 20:35

excelente articulo compañero...
nos vemos despues :|
Saludos
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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor s1mon » 25 Dic 2008, 21:03

Lindo articulo
saludos.
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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Bertram » 25 Dic 2008, 22:54

Muy interesante. De hecho me interesan muchos estos relatos que describen la rutina en los distintos frentes. Gracias tomy.

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Otto Heinkel » 02 Jul 2009, 09:48

Excelentes historias, la mejor fue la de la cena en el bosque ¿será real?... me los imagino sentados cenando
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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Sven Hassel » 02 Jul 2009, 10:26

-Mis felicitaciones, Monsieur Tomy.C'est une très belle histoire.

Siempre recordaré el villancico de Navidad que cantaban los soldados alemanes ateridos de frío que estaban destinados en un batallón disciplinario en la Batalla de Stalingrado (Ver la película "STALINGRADO", versión alemana).
-"Donec eris felix, multos numerabis amicos"...

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Re: La navidad en la Segunda Guerra Mundial.

Notapor Harry.Vega » 24 Sep 2012, 02:33

Muy, muy interesante. :D
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