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Erwin Rommel

Los protagonistas de la Segunda Guerra Mundial

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Erwin Rommel

Notapor Erwin Rommel » 07 Nov 2011, 04:24

Erwin Rommel


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“Alemania ha producido muchos generales que eran a la vez competentes y de rudo carácter; Rommel destacaba entre ellos porque supo sobreponerse a la característica rigidez del espíritu militar germánico y porque poseía, por otro lado, grandes dotes para la improvisación”.
Sir Claude Auchinleck


***


Erwin Rommel (15 de noviembre de 1891 – 14 de octubre de 1944), el más famoso Mariscal de Campo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, es una de las más célebres figuras militares de la Historia. Fue apodado Wüstenfuchs (Zorro del Desierto) a causa de su habilidad como comandante del Deutsches Afrikakorps durante las campañas militares en África del Norte (1941-1943) en una fase en la que fue protagonista absoluto de la guerra. Con anterioridad había estado destinado a un cargo de seguridad durante la invasión de Polonia y había brillado en la de Francia al mando de una División Panzer. Posteriormente recibiría el mando de las unidades alemanas estacionadas en Francia para contener la invasión aliada prevista.

Rommel es recordado no sólo por sus proezas militares en ambas guerras mundiales, sino también por su caballerosidad con sus adversarios, habiendo sido uno de los mandos alemanes que se negó a obedecer la ominosa Kommandobefehl. Tras el intento de asesinato de Hitler del 20 de julio de 1944 fue acusado de haber participado en el complot para asesinar al Führer y obligado a suicidarse.



ÍNDICE

1. Familia
2. Infancia
3. Formación militar

4. Primera Guerra Mundial (1914-1918)

    4.1. Bautismo de fuego en Longwy
    4.2. Ascensos y medallas (1914-1915)
    4.3. Comienzan las hazañas: Gagesti y Cosna (1917)
    4.4. Pour le mérite: Caporetto
    4.5. Longarone: la astucia del Zorro

5. Entreguerras (1918-1939)


6. Segunda Guerra Mundial

7. El mito de Rommel

Fuentes


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Unidad: Deutsches Afrikakorps (DAK)

Biografías (1) Países del Eje (1) Otros (Aliados) (1) Gran Bretaña (1) Alemania (1) Frente oriental (1) Archivo y Audiovisuales (1) Ganador de concurso (2) Ganador de Debates (4) Experto en Debates (1) 3º Mejor Artículo Anual (1) Cinco Años (1) Forista experto (1) Calidad ejemplar (1) Contribución singular/especial (1) Contribución sobresaliente (1) 8000 Mensajes (1)
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Erwin Rommel
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Familia, Infancia y Formación Militar

Notapor Erwin Rommel » 07 Nov 2011, 04:42

    1. Familia

Erwin Johannes Eugen Rommel nació el 15 de noviembre de 1891 en Heidenheim, pequeña ciudad de Wurtemberg, cerca de Ulm. Su padre, también llamado Erwin, y su abuelo fueron matemáticos de cierto renombre en Alemania. En una época en que la enseñanza obtenía en Alemania gran consideración y favor social, el señor Rommel gozaba en Heidenheim de la estima general. En 1886 se había casado con Elena, hija mayor de Karl von Luz, presidente del Gobierno de Wurtemberg, lo que nos da muestra de la posición de la familia en las jerarquías locales.


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Elena y Erwin, padres del futuro Generalfeldmarschall de la Wehrmacht


El matrimonio tuvo cinco hijos: un varón, Manfred, que murió muy joven; una hija, Elena, que también siguió la profesión docente; el propio Erwin; Karl, que sirvió como piloto en la Gran Guerra en Mesopotamia, donde una malaria le dejó paralítico; y Gerhardt, que abandonó la agricultura para convertirse en cantante de ópera sin demasiado éxito. Entre 1898 y 1913, año de su muerte, el padre de Rommel fue director del Real Gimnasium de Aalen, escuela que se caracterizaba porque en ella se daba primacía a la enseñanza de las disciplinas modernas sobre las clásicas. Su esposa Elena le sobrevivió veintisiete años: no murió hasta 1940, cuando su segundo hijo varón había sido ya ascendido a mayor general.


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Heidenheim (Wurtemberg); villa natal de Rommel en la actualidad



    2. Infancia

"Más bien bajo de estatura para su edad, Erwin tenía una piel muy blanca y los cabellos muy claros, por lo que todos le llamábamos "el oso blanco". Hablaba muy despacio y lo hacía siempre tras haber reflexionado durante un buen rato. Era de carácter asequible y amable, y no sentía miedo de nadie. Cuando los otros chiquillos echaban a correr al ver pasar a los deshollinadores, que con sus rostros ennegrecidos por el hollín y sus sombreros de copa les asustaban, él avanzaba solemnemente hacia ellos y les estrechaba la mano. Nosotros tuvimos una infancia luminosa y feliz, pues nos educaban unos padres gentiles, afectuosos, que nos transmitían el amor que ellos sentían por la naturaleza. Antes de alcanzar la edad escolar, jugábamos durante todo el día en nuestro jardín, en los campos o en los bosques".
Elena Rommel [hermana de Erwin]



La escuela de Aalen no le gustó en principio al joven Rommel, y la cosa se agravó por el hecho de que, como se hallaba atrasado con relación a los otros muchachos de su edad, tuvo que hacer grandes esfuerzos para recuperar el terreno perdido. Se mantuvo como un chiquillo soñador, que no parecía prestar interés ninguno ni a los libros ni a los juegos y que, en todo caso, jamás manifestaba ni la más mínima señal de aquella intensa energía física que más tarde le caracterizaría.


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Famosa fotografía del joven Rommel jugando con un zorro


Sin embargo, en la adolescencia se produjo un despertar intelectual que reveló que Erwin había heredado los dones de su padre y su abuelo. En el aspecto físico, comenzó a dedicar sus ratos libres a la bicicleta y a los esquís. Superó sus exámenes honorablemente. Perdió aquel aire suyo de vivir siempre en la luna, se hizo obstinado de carácter práctico y muy cuidadoso en el manejo de su dinero, algo característico de los wurtembergueses. Se apasionó por el estudio de la aviación junto a un amigo de apellido Keitel. Los dos muchachos construyeron juntos algunos modelos de aviones a tamaño reducido y luego un planeador a tamaño natural, con los cuales intentaron volar, aunque infructuosamente. Keitel estaba decidido a ser ingeniero y colocarse en las fábricas Zeppelin, de Friedrichshafen, objetivo que lograría.


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Imagen del planeador construido por Rommel y su amigo Keitel


El padre de Rommel se opuso radicalmente a aquellos proyectos profesionales, que en aquel tiempo en que la aeronáutica estaba en pañales le parecerían disparatados. Erwin se decidió entonces por el ejército, a pesar de que no había en la familia ninguna tradición militar. Los Rommel no disponían de ningún amigo influyente en los medios militares. Eran una familia muy alejada, por educación y ambiente, de la casta de oficiales prusianos. Años más tarde, Rommel tendría bajo sus órdenes en África a algunos oficiales procedentes de ricas familias de la aristocracia, como Claus von Stauffenberg, destinados desde su nacimiento a incorporarse a un buen regimiento, lo cual les aseguraba una rápida promoción al margen de sus cualidades. En cambio, para Rommel, nacido en una familia suabia de modestos recursos, la carrera militar implicó una lucha a brazo partido con muchos obstáculos.



    3. Formación militar

El 19 de julio de 1910, Rommel ingresa en calidad de alumno de oficial en el 124.° Regimiento de infantería, que estaba de guarnición en Weingarten, una bella y suntuosa ciudad meridional de aspecto imperial. Siguiendo la costumbre, el joven tenía que servir primero en las filas normales antes de pasar a estudiar en alguna Kriegsschüle (academia militar). Ascendió a cabo en octubre y a sargento a finales de diciembre.


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Rommel en la Kriegsschüle de Danzig


En marzo de 1911 fue destinado a la Kriegsschüle de Danzig (Gdańsk, hoy en Polonia) en la costa del Báltico. El período de Danzig tuvo gran importancia para Rommel, tanto en lo personal como en lo militar. A través de un amigo de la escuela conoció Rommel a la joven con la que más tarde se casaría: Lucía María Mollin, hija de un propietario agrario de la Prusia oriental, donde se había establecido en el siglo XIII su familia, originaria de Italia. El padre de Lucía murió siendo ésta muy niña y la joven estaba estudiando en Danzig para llegar a ser profesora de idiomas.


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Lucía María Mollin


Años después, la viuda de Rommel relataba que Erwin era ya entonces un joven de gran seriedad, que se esforzaba siempre por cumplir todo lo bien que podía en su profesión. Menos brillante en los exámenes teóricos que en los ejercicios prácticos de soldado, tenía que dedicarse encarnizadamente al estudio de la teoría. Pese a todo, Danzig era una ciudad propicia para un noviazgo largo y feliz.


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Gdańsk (Danzig), Polonia, en la actualidad


Rommel superó sus exámenes sin brillantez, aunque por encima de la media. A finales de enero de 1912 recibió su título de subteniente y se incorporó de nuevo a su regimiento original. Lucía y él se escribían a diario, costumbre que mantendrían luego durante las guerras mundiales. En Weingarten, donde su regimiento se alojaba en un viejo monasterio abandonado, Rommel se encargó durante dos años de la preparación de los reclutas. Le entusiasmaban los ejercicios, costumbre que mantendría toda su vida. Además, aunque le gustaba el trabajo duro, trataba con cortesía los hombres bajo su formación, lo que le convirtió en un oficial de tropa muy respetado: no le gustaban las discusiones y prefería escuchar mejor que hablar, norma que siguió caracterizándole hasta su muerte.

Al comenzar el mes de marzo de 1914 se le destinó como agregado a un regimiento de artillería de campaña en Ulm, a orillas del Danubio, donde se entretuvo con las cabalgadas y maniobras de baterías artilleras. Esta experiencia artillera le sería en el futuro de gran utilidad. El 31 de julio por la tarde pudo ver en la plaza gran cantidad de caballos requisados. Al llegar a su alojamiento se encontró con una orden para que se incorporara a su regimiento sin pérdida de tiempo. Al día siguiente su compañía recibió los equipos de campaña y aquella misma noche el coronel inspeccionaba el regimiento, uniformado de gris acero, pronunciaba una violenta arenga y, antes de mandar romper filas, anunciaba a todos la orden de movilización. Erwin Rommel partía a la Gran Guerra sin saber todavía cuánto iba a brillar su estela militar.


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El Danubio a su paso por Ulm


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4. Primera Guerra Mundial (1914-1918)

Notapor Erwin Rommel » 07 Nov 2011, 05:04

    4. Primera Guerra Mundial (1914-1918)

En cuanto entró en acción se pudo comprobar que Rommel pertenecía a esa rara especie de soldados que encuentran en la guerra la única ocupación en la que pueden desplegar todo su talento. Tan pronto recibió su bautismo de fuego demostró ser un perfecto animal de combate, astuto, implacable, frío, siempre bien dispuesto, sin dar jamás muestras de fatiga, rápido en las decisiones e increíblemente valiente.



    4.1. Bautismo de fuego en Longwy


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Situación de Longwy


El 22 de agosto de 1914, a las cinco de la madrugada, Rommel entraba en acción contra los franceses, en Bleid, cerca de Longwy. Se le encargó una misión de reconocimiento a través de una niebla espesa. Erwin llevaba patrullando veinticuatro horas, padecía un envenenamiento producido por alimentos en malas condiciones y se hallaba tan fatigado que apenas podía mantenerse firme a su caballo. A pesar de ello, condujo su pelotón hasta la linde del pueblecito señalado, lo inmovilizó allí y se alejó en compañía de un suboficial y dos soldados. A través de la niebla podían distinguir un vallado alto y un sendero que llevaba a otra finca. Rommel echó a andar por este sendero y, cuando iba llegando a un recodo, pudo ver de quince a veinte soldados enemigos que estaban de pie en el camino.

Rommel tuvo que tomar una decisión. La primera decisión como militar no resulta fácil y de ella suele depender la conducta futura de muchos soldados. Y así fue en este caso, pues Rommel hizo entonces lo que luego volvería a repetir una y otra vez: confiando en la sorpresa y en su propio valor, reunió a sus tres hombres y abrió fuego desde donde se encontraba. Hubo una dispersión del enemigo y los supervivientes comenzaron a disparar. El pelotón de Rommel había ido avanzando y éste disimuló a la mitad de sus hombres proveyéndoles de haces de paja, colocando a los restantes en posición de tiro a fin de que protegieran el avance. Reemprendió la marcha hacia adelante y se abrió paso. Casa por casa, todo el pueblo fue rastreado y limpiado. Se trató sólo de una acción militar de escasa importancia, pero era la primera de la que Rommel se hacía responsable y daba buena muestra de la osadía e independencia que le caracterizarían durante toda su carrera.



    4.2. Condecoraciones y ascensos (1914-1915)


A pesar de la enfermedad y la fatiga Rommel continuó combatiendo, desfalleciendo en ocasiones pero sin consentir que se le declarara enfermo. El día 1 de septiembre llega al Mosa y, tras cruzarlo, entabla nuevamente combate con la infantería francesa. Rommel continuaba al mando de uno de los pelotones de cabeza y el hecho de encontrarse en esta expuesta posición, unido a la confusión de los constantes enfrentamientos, provocó que quedase atrapado en medio del fuego cruzado. El pelotón pierde contacto con el regimiento y en los informes oficiales se da por muerto a su líder. Afortunadamente, el suabo conseguirá mantener la situación bajo control y logrará retomar la comunicación con sus líneas. Rommel y sus hombres participarían posteriormente en los combates que se desarrollaron a lo largo de verano en el noroeste de Verdún.


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Cruz de Hierro (Eisernes Kreuz) de Segunda Clase


El día 24 de septiembre fue herido en una pierna hallándose aislado en un bosque cercano a Varennes. Ejerciendo de enlace en solitario, se encontró frente con cinco soldados galos. Logró abatir a dos antes de quedarse sin munición. Al no haber otra opción, cargó a bayoneta calada contra los restantes. En el curso de la acción, una bala enemiga le alcanzó el muslo izquierdo, causándole una herida grave, la primera de su carrera. A medida que iba pasando el tiempo su jefe de batallón había puesto cada vez más confianza en Rommel, asignándole misiones particularmente difíciles al tiempo que le proponía al Alto Mando para la Cruz de Hierro de segunda clase por esta valiente acción. Más tarde escribiría en sus memorias una famosa frase dedicada a este suceso:


    “En combate cercano, la victoria es del que tiene una bala más en el cargador”.


A finales de año, ya con la condecoración alcanzada y su herida cicatrizada a medias, Rommel se incorporaba al batallón en Argonne. El 29 de enero de 1915 era condecorado con la Cruz de Hierro de primera clase: había trepado con su pelotón hasta la principal posición francesa, a través de una profunda abertura de una treintena de metros practicada en las alambradas; se había apoderado de cuatro fortines, rechazando luego un contraataque enemigo y recuperando uno de los fortines, del cual había sido desalojado. Hecho todo esto Rommel había vuelto a sus líneas, perdiendo en la operación una decena escasa de hombres. Todo un ejemplo de la explotación profunda de ventajas que le haría famoso años después.


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Cruz de Hierro (Eisernes Kreuz) de Primera Clase


En atención a sus méritos, Erwin fue ascendido a Oberleutnant (teniente) y enviado a un batallón de montaña que acababa de ser formado, el Wurtembergische Gebirgs-bataillon (WGB). Era una unidad más importante que un batallón normal, compuesta de seis compañías de tiradores y de seis secciones de ametralladoras de montaña. La unidad recibió un intensivo entrenamiento en las montañas austríacas, pasando luego un apacible período de casi un año en un sector tranquilo de los Vosgos, época en que Rommel aprovechó para casarse con Lucía el 27 de noviembre de 1916.


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Erwin y Lucía en fechas cercanas a su matrimonio


Durante el estacionamiento Rommel puso a sus hombres a ejercitarse en la elaboración de trincheras y fortificaciones, campo en el que centró entonces su interés por entender que era la única forma de que la infantería se enfrentase en posición estática al efecto de la artillería: ya desde sus primeros mandos destacó por ser un general especialmente cuidadoso con la ejercitación de su tropa.

Posteriormente el WGB se unió al famoso Alpenkorps en el frente de Rumania, legendaria unidad imperial a la que pertenecieron también otros militares legendarios de la Segunda Guerra Mundial como Ferdinand Schörner, Franz Ritter von Epp o Friedrich Paulus. Rommel recibió enseguida el mando de uno de los grupos de combate del WGB, cuya importancia numérica variaba según el tipo de acción que se le asignaba, pudiendo ser desde una compañía a un batallón completo.


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Rommel luce con orgullo sus dos Cruces de Hierro (Primera y Segunda Clase)



    4.3. Comienzan las hazañas: Gagesti y Cosna (1917)


Varios de los hechos de armas posteriores de Rommel en Rumania e Italia rozan lo increíble.

El método de Rommel era una pura guerra de movimientos, infiltrándose a través de las líneas enemigas en compañía de algunos de sus hombres, a quienes encargaba de ir estableciendo una línea telefónica a medida que avanzaba. En las regiones montañosas, donde hay que vigilar y tener en cuenta tanto las cumbres como los valles, Rommel trabajaba con las expertas tropas del Alpenkorps sobre los declives más acentuados, solamente accesibles a los montañeros más expertos. Y ya fuera con niebla espesa, manto de nieve o asfixiante calor, continuaba su avance a toda marcha, día y noche. Su sentido de la orientación se reveló como privilegiado, evaluando rápidamente las posibilidades de cada región.


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Espectacular imagen de una posición alpina de los Alpenkorps durante la Gran Guerra


En sus acciones del frente rumano e italiano Rommel puso en práctica por vez primera el estilo móvil de guerra que le haría famoso en el futuro. En su comportamiento personal parecía insensible al clima, la fatiga, la escasez de alimentos o el sueño. Por insignificantes que fueran las fuerzas de que disponía, no vacilaba en lanzarse al ataque tan pronto ganaba la retaguardia enemiga: entendía que la aparición repentina de sus hombres y el duro fuego inicial de sus ametralladoras sembraban la confusión entre las tropas enemigas.


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Imagen de un miembro de los Alpenkorps con su impedimenta


En enero de 1917 se apoderó del pueblo de Gagesti con escasas bajas, en una acción rápida que ya recuerda a lo que haría veintitrés años después en Francia. Permaneció estirado sobre el suelo, a diez grados bajo cero, hasta las diez de la noche, a sólo unos pasos de los puestos avanzados rumanos. Cuando consideró que los defensores ya estarían dormidos mandó abrir fuego sobre el pueblo a sus ametralladoras y a la mitad de sus tiradores, mientras la otra mitad se lanzaba al ataque dando fuertes alaridos. Cuando sus enemigos salían de sus alojamientos, aún no despiertos del todo, Rommel los hizo prisioneros: cuatrocientos soldados rumanos fueron encerrados en la iglesia del pueblo sin apenas haber sido conscientes del ataque alemán. Todo ello gracias al empleo pionero de un concepto de penetración en profundidad, que sería explotada por las divisiones Panzer a partir de 1939 y que brillaría todavía más en la toma de Monte Cosna.


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Movimientos de Rommel en Monte Cosna


En agosto de 1917 se hizo con una posición rumana magníficamente fortificada en el Monte Cosna. El monte era un obstáculo natural clave, una gran montaña que cerraba el paso a los alemanes hacia el Mar Negro. Rommel condujo a través del bosque cuatro compañías enteras en fila india, se coló con habilidad entre dos puestos enemigos separados entre sí no más de cincuenta metros sin ser descubierto, instalando una línea telefónica. Cuando logró alcanzar la posición enemiga hacía cerca de una semana que no había dormido y tenía una herida de bala en el brazo. El valor y la decisión de Rommel le habían proporcionado una sólida reputación de soldado duro y mando eficiente.



    4.4. Pour le mérite: Caporetto


La carrera militar de Rommel en la Gran Guerra alcanzó su cénit el 26 de octubre de 1917 con la toma de Monte-Matajur, en el sudoeste de Caporetto (hoy Kobarid, Eslovenia).


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Kobarid (Caporetto), Eslovenia, en la actualidad


Los austríacos habían solicitado la ayuda de los alemanes y el Alto Mando alemán envió al citado sector el XIV ejército, formado por siete divisiones de veteranos, que debía apoyar una ofensiva austríaca contra las posiciones italianas del valle de Isonzo. El batallón de montaña de Wurtemberg fue agregado de nuevo al Alpenkorps, que debía atacar por el centro en dirección a Matajur. Luego de haber protegido el flanco derecho del regimiento bávaro que encabezaba el ataque, el batallón de Rommel marcharía inmediatamente detrás de él, algo que no le interesaba de ningún modo a Rommel, quien pudo persuadir a su jefe de que le autorizara a avanzar por la derecha y a lanzar un ataque independiente contra las posiciones italianas.


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Desarrollo de la Batalla de Caporetto


De este modo, mientras los bávaros ocupaban sus emplazamientos de salida, Rommel, sin ser descubierto, hizo que sus tropas atravesaran antes del alba el frente italiano. Al apuntar el día, una de sus cuñas avanzadas se adentraba en el frente italiano y se apoderaba, a bayoneta calada, de una batería artillera sin disparar un solo tiro. Rommel instaló allí una compañía para ampliar la brecha y se dispuso a penetrar la retaguardia italiana con otra compañía, aunque finalmente tuvo que dar marcha atrás para auxiliar a su primera compañía, que sufría el ataque de un batallón enemigo, el cual, atacado por detrás, tuvo que rendirse.

Rommel, en un gesto que sería característico de sus acciones en Francia en el 40, envió al jefe de su batallón un mensaje, acompañándolo de un millar largo de prisioneros italianos. El comandante Sprösser, valorando la acción que se le presentaba, se lanzó inmediatamente con otras cuatro compañías. Con seis compañías puestas bajo su mando, Rommel pudo proseguir su acción de ruptura. Alcanzó un camino muy angosto y puso en él a sus tropas en fila india a lo largo de cerca de cuatro kilómetros, mientras los italianos estaban absorbidos por la batalla principal que se desarrollaba en su frente. Rommel se instaló detrás de las líneas enemigas, en territorio abierto, sobre el camino principal de Monte-Matajur. Allí se apoderó de una columna de abastecimiento, de un automóvil de la Plana Mayor de Mando, de 50 oficiales y de 2.000 soldados pertenecientes a la 4.ª Brigada de bersaglieri.

Montándose en su automóvil de mando, hizo un rápido recorrido de reconocimiento y se decidió a marchar campo a través en dirección a Monte-Matajur, clave de la posición enemiga. Durante todo el día y toda la noche empujó hacia adelante a sus extenuadas tropas, llegando con el alba al campo de la brigada de Salermo. Acompañado de dos oficiales y algunos tiradores se adentró por entre una multitud de soldados armados y les ordenó que se rindieran. Tras unos momentos de vacilación, 43 oficiales y 1.500 soldados depusieron las armas, al parecer bajo los efectos de la sorpresa y del poder de la decisión de Rommel.

En lo alto de la cumbre de Monte-Matajur, que acababa de escalar, Rommel lanzó el cohete que anunciaba la victoria. Atrás quedaban cincuenta horas de acción ininterrumpida, recorriendo veinte kilómetros a vuelo de pájaro en la montaña y habiendo ascendido hasta 2.000 metros de altura. Había capturado 150 oficiales y 9.000 soldados y se había apoderado de 81 cañones. Y todo ello preguntándose a sí mismo por la carencia de espíritu combativo que mostraban los italianos.

Esta acción no sólo mostró la pasta de la que estaba hecho Rommel sino que le proporcionó su promoción a capitán y la distinción con la valiosa Pour le mérite, legendaria medalla 'Blue Max' disputada por los generales. Las acciones de la Batalla de Caporetto, cuyo resultado supuso el golpe definitivo para Italia, también servirían para distinguirse a otro futuro mando de la Wehrmacht, Ferdinand Schörner, encuadrado entonces, como Rommel, en los Alpenkorps.


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Rommel luce la Pour le mérite ganada en Caporetto junto a su Cruz de Hierro de Primera Clase



    4.5. Longarone: la astucia del Zorro


Ya como capitán, Rommel tendría su capítulo final en la Gran Guerra, al cruzar a nado las aguas heladas del Piave acompañado solamente por seis hombres en una cordada. Tras realizar el vadeo, atacó el pueblo de Longarone, apoderándose de él y de la considerable guarnición que lo ocupaba. Para ello urdió una treta simple pero efectiva, abriendo fuego desde diversos lugares poco antes del amanecer, aprovechando la oscuridad.

Al alba avanzó en solitario hacia las filas italianas, comunicando a sus adversarios que estaban cercados e invitándoles a rendirse, cosa que hicieron. Tras esta última hazaña, propia de una astucia que ya empezaba a ser un rasgo característico, se le concedió un permiso y luego, para su disgusto, se le destinó a un cargo de Estado Mayor que ostentaría hasta el final de la Guerra. Ya por entonces, en su división, se empezaba a usar una frase que resumía la idiosincrasia del personaje:


    “El frente se haya donde se haya Rommel”.

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5. Entreguerras (1918-1939)

Notapor Erwin Rommel » 07 Nov 2011, 05:20

    5. Entreguerras (1918-1939)

Conmemorado por sus hazañas en la Primera Guerra Mundial y glorificado al nivel de leyenda por sus actos en la Segunda, la vida de Rommel en el periodo entre ambas conflagraciones es muy poco conocida. Sin embargo, un repaso de la misma, en una Alemania destruida y endeudada convertida luego en el incipiente Reich nacionalsocialista, ofrece muy interesantes puntos que permiten conocer la personalidad del que poco después se convertiría en uno de los líderes militares más temidos y admirados de la historia.

El 21 de diciembre de 1918, poco más de un mes de acabada la Gran Guerra, Rommel fue destinado de nuevo a aquel regimiento suyo de Weingarten, el 124° de infantería, al que había pertenecido en 1910, cuando era un recién llegado a la vida militar. Hay que imaginar lo que debía ser el ambiente de derrota en el seno de este diezmado y reducido ejército alemán. En ese mes de diciembre de 1918 tuvo que atravesar la convulsa Alemania, en plena revolución, para ir a Danzig en busca de su esposa, que se hallaba gravemente enferma en casa de su abuela y geográficamente aislada tras la entrega del Corredor a Polonia. Como viajaba de uniforme, más de una vez fue acosado por largos interrogatorios, insultado e incluso amenazado con ser arrestado. Pese a todo, logró llevarse a su mujer sana y salva a casa de su propia madre en Weingarten.


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Imagen de Weingarten en una postal de 1917


Rommel conoció y vivió muy poco del ambiente de caos entonces característico de su país. Ya en el verano de 1919 se le confió el mando, durante algún tiempo, de una compañía de seguridad interior estacionada en Friedrichshafen, en la cuenca del Ruhr. Por vez primera en su vida tuvo que manejar a ciudadanos alemanes, que no estaban habituados a recibir órdenes. Se le confió, para que los convirtiera en soldados, un puñado de marinos "rojos" que, en principio, se comportaron como auténticos salvajes y abuchearon a Rommel porque lucía en su pecho la condecoración prusiana Pour le mérite. Trataron de nombrar un comisario político, se negaron a marcar el paso de la oca y celebraron un mitin revolucionario, al cual el propio Rommel asistió, subiendo a la tribuna para declarar que su intención era mandar a unos soldados y no a unos criminales.

Después de los altercados, Rommel les llevó al campo de ejercicios con la banda de música al frente. Como sus hombres se negaron a hacer las maniobras, Rommel montó en su caballo, dejándoles abandonados. Mucho más relajados, los hombres regresaron a su acuartelamiento y pocos días después se mostraban tan obedientes que el jefe de Policía de Stuttgart, inspector Hahn, pidió a Rommel que seleccionara entre aquellos hombres a los mejor para incorporarse a la Policía a cambio de una interesante prima. Hahn invitó también a Rommel a integrarse en el cuerpo policial: de aquí, seguramente, nació la leyenda, luego muy propagada, de que Rommel perteneció en tiempos a la Policía.

La calidad de Rommel como mando de hombres se mostró con este peculiar grupo, pues que la mayoría de aquellos manifestaron su decisión de renunciar a la prima ofrecida si Rommel se alistaba con ellos en la Policía. A excepción del día que se les mandó montar la guardia en una destilería de alcoholes, los ex marinos "rojos" no causaron nunca a Rommel ningún problema.

Tras servir durante algún tiempo en Schwabisgemund, el 1 de enero de 1921 Rommel estaba de regreso en Stuttgart, donde se le confió el mando de una compañía del 13.° Regimiento de infantería, ya que su antiguo 124.° Regimiento había sido disuelto con motivo de la reducción del ejército alemán impuesta por el Tratado de Versalles. En su nueva unidad permanecería cerca de nueve años, el periodo más estable en la vida personal y profesional de la familia Rommel.


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El matrimonio Rommel después de la Primera Guerra Mundial



    5.1. Rommel en la resurrección de la Wehrmacht


Como es sabido, a pesar del espíritu de Versalles el ejército alemán no dejó de existir en ningún momento, como tampoco fue nunca abandonada la idea de desarrollarlo plenamente de nuevo en cuanto las circunstancias lo permitieran. El artículo 160 del Tratado era claro:

"Hasta el 31 de marzo de 1920 el ejército alemán no deberá comprender más que siete divisiones de infantería y tres divisiones de caballería. Luego de esa fecha, el número total de sus efectivos no podrá sobrepasar los 100.000 hombres, incluyendo en esta cifra los oficiales y los efectivos de los banderines de reclutamiento... El número total de oficiales no podrá ser superior 9 cuatro mil".

La intención era conceder a los alemanes una fuerza armada mínima, la indispensable para mantener el orden público. El resultado fue que el general Hans von Seeckt, "el hombre que haría la próxima guerra", comandante en jefe de aquellas fuerzas, pudo disponer de un duro núcleo de soldados de carrera: esos hombres formaban el núcleo alrededor del cual se incorporaría a los reclutas tan pronto como fuera posible volver al sistema del servicio militar (cosa que hizo Hitler en marzo de 1935).

En estas condiciones, Rommel, con su Pour le mérite y su reputación de oficial experto en el mando de tropas parecía el hombre ideal para contribuir a adiestrar aquel peculiar proyecto de fuerza armada. Pertenecía exactamente al tipo humano que necesitaba von Seeckt: un soldado de espíritu grave y serio, joven, distinto a aquellos oficiales fanfarrones que se plegaban difícilmente a la disciplina y a los aburridos ejercicios en tiempo de paz. Además, Rommel no tenía otra cosa mejor. Su carrera era la de las armas: casado y con su modesta posición, se debió sentir muy feliz al poder proseguirla. Pertenecía a la especie de los militares amigos de reflexionar y rememorar sus acciones bélicas para sacar de esas evocaciones algunas lecciones de táctica.

Aunque no se pueda probar, es seguro que Rommel estaba informado de los detalles y objetivos de la conspiración montada por el general von Seeckt para disimular la fuerza real del ejército alemán. Cada uno de los 4.000 oficiales seleccionados tuvo que enterarse de que su misión consistía no tanto en el mantenimiento del orden interior como en la creación e instrucción de un nuevo ejército en clandestinidad.



    5.2. El “profesor” Rommel

Rommel había tenido la fortuna de ser destinado a la guarnición de Stuttgart, agradable ciudad de su provincia natal donde vivía su familia. Todo eso hizo que, aun teniendo que esperar hasta 1933 para ascender a comandante, se encontrase cómodo en su puesto. En 1927 había aprovechado un permiso para visitar Italia en compañía de su esposa, estudiando el teatro de sus hazañas en Longarone. En ocasión de otro permiso, Rommel y su esposa, buenos deportistas, bajaron el Rhin en canoa hasta el lago de Constanza. Ambos practicaban el esquí, el alpinismo y la natación, aparte de la equitación, arte en la que Rommel era un experto, como su futuro rival George Patton.


Imagen
Imagen del condecorado instructor Erwin Rommel


El 1 de octubre de 1929 fue destinado como instructor en la Academia de Infantería de Dresde. En sus clases de estudio táctico empleaba sus propias acciones durante la Primera Guerra Mundial. Utilizaba para ello sus diarios de campaña, con multitud de esbozos hechos a mano por él mismo, repasando cada acción, resaltando los aciertos y errores y animando a sus alumnos a extraer sus propias conclusiones. En esa época tuvo lugar una escena bien conocida y relatada por sus biógrafos: revisando los inicios del Plan ‘Schlieffen’ pidió la opinión de uno de sus alumnos. Viendo que el muchacho se disponía a recitar la respuesta de memoria, Rommel le interrumpió, diciendo:


    “Ya sé lo que opinaba el Estado Mayor General al respecto. Le estoy preguntando lo que opina usted”.


La recopilación de sus anotaciones de guerra que utilizaba como texto de sus lecciones en Dresde sería publicada en forma de libro en 1937 bajo el título Infanterie Greift An (Combates de infanteria). Su atención todavía se centraba en la infantería, ajeno a la evolución de la guerra acorazada que estaban trazando personajes como Heinz Guderian. Sin embargo, en el futuro inmediato que le aguardaba sobre el campo de batalla su nombre se uniría indisolublemente a las fuerzas de tanques.


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5.3. Rommel, el Tercer Reich y el nazismo

Notapor Erwin Rommel » 09 Nov 2011, 00:52

    5.3. Rommel, el Tercer Reich y el nazismo


En 1934 Rommel verá por primera vez a Adolf Hitler, el hombre que cambiará su vida de forma definitiva. Hitler había sido nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933, había saneado la economía con audaces reformas y recuperado parcialmente el maltrecho orgullo nacional del pueblo alemán. El estamento militar estaba de enhorabuena, pues el Führer les había prometido que harían grandes cosas, impulsando a las armas alemanas a un nuevo esplendor. En esa corriente de expectación que Hitler supo impulsar en el ejército se enmarcaba el condecorado instructor Erwin Rommel, entusiasmado ante las nuevas perspectivas profesionales.

Como todo buen soldado alemán tradicional, Rommel se expresaba de forma apolítica. Valoraba enormemente la disciplina, pero no era un autoritario: incluso en lo que se desprende de sus pocas ideas políticas se pueden apreciar tímidos valores democráticos. Simpatizaba con los socialistas porque habían execrado a los estados mayores y su carrera hacia la matanza. A pesar de ser un héroe de guerra reputado, y de sentirse con pez en el agua en el combate, diferentes anécdotas de sus allegados nos indican que no era belicoso y despreciaba la violencia. Su hijo Manfred contaba que, de niño, le preguntó a su padre lo que era una conflicto, a lo cual Rommel respondió dibujándole una matanza y explicándole con detalle el dolor y horror que implicaba.

Por los testimonios familiares, Rommel parece haber sentido aversión por el nazismo. Siempre cabe la posibilidad de que, en la Posguerra mundial, su esposa e hijo edulcorasen su figura, aunque parece haber un sólido trasfondo de verdad en ello si se analiza su comportamiento durante la 2GM. Manfred relataba que cuando de niño hacía comentarios de corte racista, muy comunes en la sociedad alemana de entonces, Erwin se mostraba duro y censuraba inmediatamente su actitud. Su esposa contaba también que, tras la subida del NSDAP al poder su marido había regresado a casa mascullando una frase de reprobación que acabaría por convertirse en legendaria muestra de rechazo del Mariscal por Hitler y su "banda":

    "Los nazis son una banda de canallas".


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Manfred, Erwin y Lucía: sus allegados siempre defendieron su aversión por el nazismo


Lo cierto es que Rommel, antes de la 2GM, tenía una buena opinión de Hitler, al que veía como un idealista que había sacado a Alemania del agujero y que mantenía a raya a los comunistas. No tan buena era su opinión del resto de jerarcas nazis, a los que detestaba y con los que se enfrentó durante el resto de su vida. Le desagradaban especialmente Ernst Röhm y su banda de criminales y gangsters de las SA hasta tal punto que Lucía recordaba que tras la "Noche de los Cuchillos Largos" (30 de junio de 1934) su marido estaba contento de que hubiesen desaparecido de Alemania los matones de Röhm y su gran influencia violenta en la vida diaria del país. Sin embargo, no se privó de censurar a su manera la matanza con una discreta frase recogida por Lucía:

    "El Führer es ya muy poderoso, no tenia necesidad de hacer una matanza tan grosera para hacerse obedecer".



    5.4. Hitler y Rommel


Existe cierta polémica historiográfica sobre el momento en que estos dos destacados personajes de la 2GM se conocieron personalmente. Desmond Young, primer biógrafo importante de Rommel, fija el encuentro en 1935 en Goslar, mientras que el polémico David Irving lo ubica, seguramente de forma acertada, el 30 de setiembre de 1934, en una época en que Hitler sostuvo frecuentes contactos con el ejercito.

Ya en su primera experiencia cerca de Hitler quedó clara la particular personalidad de Rommel, que el 31 de enero de 1933 había sido ascendido a mayor y puesto al mando del 3.º Batallón del 17.º Regimiento de Infantería de Montaña, abandonando su cargo de instructor. Los jefes nazis, a los que al parecer despreciaba, le habían comunicado que durante el desfile de la Pascua la seguridad personal del líder del nazismo quedaría bajo responsabilidad de la SS y que, por lo tanto, las tropas nazis debían formaría entre su batallón y Hitler, haciéndose responsables de su seguridad. Rommel, del quien conocemos su aversión por el paramilitarismo del NSDAP, se dio por ultrajado, respondiendo sencillamente que, en tal caso, su batallón no participaría en el desfile puesto si el Führer no se sentía seguro con sus propios soldados.


Imagen
Fotografía de Rommel y Hitler


Cabe preguntarse si unos años después, con la SS en la cima de su poder represivo, se habría atrevido a lanzar semejante envite, pero lo cierto es que Himmler y Goebbels lo invitaron a almorzar para apaciguar los ánimos del héroe de la Gran Guerra, que finalmente se salió con la suya: las tropas de la SS no formaron en aquel desfile. De esa reunión extrajo dos duraderas opiniones, que compartió con su esposa: le disgustó el aire de fanatismo iluminado de Himmler y le sedujo la habilidad hipnótica de Goebbels. Al día siguiente presentó a Hitler su batallón. El dictador se detuvo a mirar la medalla que brillaba orgullosamente sobre la pechera de Rommel y le dijo, palmeándole la espalda: "Usted es un valiente y le ha ensenado a su batallón a dar la media vuelta admirablemente (…) También yo he combatido con coraje en la guerra pero la medalla ‘Pour le Mèrite’ es la condecoración que señala a los héroes".

El idilio inicial con Hitler sería duradero, como con la mayor parte de los oficiales del ejército. El programa de rearme era un caramelo muy suculento para la dolida oficialidad germana, que además valoró muy positivamente la anexión pacífica de Renania en 1935 al tratarse de una vieja aspiración de los militares. Además, Rommel contaba con la admiración del Führer, que le valoraba por no ser el típico oficial prusiano de larga estirpe sino, más bien, un arribado a la vida militar, que es como Hitler se veía también a sí mismo.

El 15 de octubre de 1935 es ascendido a Oberstleutnant y recibe un nuevo nombramiento, llegando a la legendaria escuela de infantería de Potsdam, cuna del militarismo prusiano. Resulta obvio ver la mano de Hitler detrás del nombramiento: al Führer debió de parecerle como infiltrarse él mismo en lo más sagrado de la tradición prusiana, injertando directamente a un oficial directo y práctico totalmente ajeno a las jerarquías tradicionales de Potsdam. Incluso la forma en que Rommel comunica a su mujer el nombramiento evidencia la intervención del poder político:

    "¡Top secret! Me han nombrado instructor de la escuela militar."


Encajonado en el templo del militarismo prusiano Rommel evidencia que la teoría nunca fue su fuerte: era un hombre de acción. Reprendía a los cadetes en formación por citar a Clausewitz, utilizando una forma de expresión que ya era típica de su papel como instructor:

    "Esto es lo que ha dicho Clausewitz... ¿pero ustedes tienen ahí una cabeza para pensar?"


El momento clave en la pasión de Hitler por Rommel tuvo lugar en septiembre de 1936 durante uno de los grandes desfiles del NSDAP en Nuremberg. Rommel había sido asignado para cumplir funciones de edecán de Hitler. El Führer le indicó que debía visitar una localidad pero que no quería ser seguido por más de media docena de automóviles. A la hora establecida Rommel vio que tras el coche de Hitler se había formado el inmenso cortejo habitual de vehículos que transportaba a los grandes dignatarios nazis y altos mandos militares. Para un joven oficial oponerse a semejante corte violenta, en plena ebullición de su poder, podía ser sumamente peligroso. Sin embargo Rommel cumplió con las indicaciones que había recibido: el coche de Hitler inició su camino y detrás de él se encolumnaron una veintena de vehículos. Inflexible, Rommel contó los primeros seis y luego formó un cordón con sus hombres para impedir a los restantes vehículso proseguir la marcha tras el Führer. A pesar de recibir protestas y varias amenazas encendidas, Rommel se mantuvo en su postura. Esa misma noche Hitler lo hizo llamar para darle una calurosa felicitación. El rigor suabo había conquistado los románticos ideales del cabo austríaco.


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Intuyendo el valor que había detrás del personaje, Hitler empezó a barajar cargos para Rommel. Sin embargo, en la academia de Potsdam seguía sin encajar: no era prusiano ni pertenecía a los altos círculos y, además, no dejaba de ser un héroe cuarentón de la Gran Guerra que vivía de contar sus acciones pasadas.

Es muy importante entender esa situación de estancamiento para comprender que, a pesar de su rechazo por los manejos del nazismo, Rommel aceptase encantado los nombramientos hitlerianos: era un militar de acción, no un teórico, y sentía que su lugar era el campo de batalla y no la apolillada aula de una clasista escuela de encopetados oficiales de la nobleza prusiana. Sólo desde ese punto de vista alcanzamos a entender cómo Rommel pudo aceptar durante su época en Potsdam el puesto de oficial de enlace del Ministerio de Guerra ante Baldur von Schirach, jefe de la Hitlerjugend, por el que sentía un odio que era recíproco.

El tiempo que estuvo en dicha responsabilidad estuvo plagado de roces y enfrentamientos con el vividor oficial nazi, al que Rommel veía como su completa antítesis. Von Schirach pretendía militarizar la HJ, idea a la que Rommel se negaba, argumentando que el objetivo debía ser educativo: forjar el carácter en lugar de implantar unas habilidades militares. Al rechazo de Schirach respondió Erwin con un nuevo desplante: le indicó secamente que, si tanto deseaba entrenar soldados, debería empezar por convertirse él mismo en uno. Rommel fue rápidamente relevado de su cargo como instructor jefe de la Hitlerjügend, pero no sufrió represalias, lo que muestra su creciente estatus dentro de la Wehrmacht.

El prestigio del oficial aumentó tras la publicación en 1937 de su libro, Infanterie greift an, cuyas vivencias de la Primera Guerra Mundial fueron adoptadas como manual en varias academias militares, incluso fuera de Alemania. La publicación agradó a Hitler enormemente, lo que sobrevino en un nuevo ascenso: fue ascendido a Oberst (coronel).

El 9 de noviembre de 1938 finaliza su turno de tres años como instructor en Potsdam, recibiendo inmediatamente el cargo de director de la Academia Militar Teresiana de Wiener Neustadt. Sin embargo, Hitler le seleccionó poco después para dirigir el Führerbegleitbataillon, su guardia personal, con la misión de escolta. En este cargo Rommel pasaría a tener un trato casi diario con el Führer, momento en que quizás pudo comenzar, poco a poco, a vislumbrar la realidad del personaje.

El 23 de agosto de 1939, ante la perspectiva del inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial, Rommel es ascendido a General y destinado al Cuartel General del Führer como Jefe de Seguridad. Las páginas de la Historia comenzaban a abrirse para él.


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Segunda Guerra Mundial

Notapor Erwin Rommel » 10 Nov 2011, 02:46

    6. Segunda Guerra Mundial


El 25 de agosto de 1939 Rommel se presenta ante el jefe con su nuevo uniforme de Kommandant del cuartel general del Führer. Con sus favores, buenas palabras y ascensos, Hitler se había ganado totalmente el entusiasmo de Rommel, que se mostraba feliz de tener nuevas atribuciones e incluso presumía con su flamante nuevo uniforme ante su esposa. La guerra en Polonia, en la que Erwin sería responsable de la seguridad de Hitler, era inminente y Manfred recuerda que su padre le dijo que no duraría más de un par de semanas antes de que la Wehrmacht venciese. Rommel, que ardía en deseos de empezar a combatir, estaba seguro de que Francia e Inglaterra dejarían a los polacos a su suerte. Acertó de pleno, como también acertó Hitler. En aquella época Erwin estaba entusiasmado por su cercana relación con el jefe supremo:

    "Ahora estoy muy a menudo con el Führer y me entretiene en conversaciones íntimas. El hecho de que muestre tanta confianza en mi me llena de orgullo y es incluso mejor que haber sido ascendido a general".



    6.1. Invasión de Polonia (1939)


Durante la blitzkrieg del Tercer Reich sobre Polonia se dieron también los momentos de mayor afinidad entre Hitler y Rommel. El gobernante estaba encantado con su nuevo fichaje mientras el militar se sentía más valorado de lo que nunca había estado y con línea directa con el gobernante supremo del Reich. Así le vemos en una carta a su mujer:

    "¿Qué piensas de los acontecimientos de este 1 de septiembre? ¿Te gustó el discurso de Hitler en el Reichstag? ¿No es maravilloso ser conducido por un hombre semejante?"


Curiosamente, Lucía, que había sido más partidaria de los nazis durante su llegada al poder que el propio Erwin, ahora se mostraba muy escéptica y rechazaba la guerra con duras palabras: "Esperábamos hasta el último momento que la guerra se evitara". Obviamente, es muy probable que esta actitud estuviese provocada por el hecho de no querer que su marido se marchase al frente, con todo lo que ello conllevaba, pero no deja de ser una muestra muy temprana de rechazo al conflicto armado, anterior incluso a las del propio Rommel, que tardará un tiempo en reaccionar contra la realidad del Tercer Reich. Por otra parte, es posible que el general se mostrase cauto en sus cartas a casa y que, en privado, fuese más reticente a las decisiones bélicas del NSDAP pero, en todo caso, no queda documento alguno que confirme esa hipótesis: con los documentos históricos en la mano, Rommel era un general nazi tan satisfecho como el resto.

Hitler llegó al frente el 4 de setiembre en un tren especial llamado, curiosamente, "América". Rommel creía que la presencia del Führer se reduciría a una inspección breve y formal pero, para su sorpresa, Hitler quiso permanecer junto a los soldados durante tres semanas. Se movía muy cerca del frente, en ocasiones con cierta temeridad: aunque la seguridad en la aplastante victoria llevaba a Rommel a no temer por la seguridad del gobernante, los traslados no estaban exentos de riesgo por la concentración de francotiradores y partisanos en los bosques. De todas maneras, resultaba poco probable que Hitler quisiera perderse el primer gran espectáculo bélico que había provocado, dada su pasión por las conquistas militares.


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Hitler supervisa el frente polaco bajo la atenta presencia de Rommel



Polonia cayó con rapidez. Después de haber acompañado al dictador hasta las cercanías de Varsovía, anotó: "El Führer está con el mejor estado de ánimo posible". En sus palabras se aprecia la gran admiración que sentía por Hitler, fruto del trato directo que le había permitido conocer mejor al personaje. Rommel valoraba enormemente la seguridad en sí mismo del dictador, su valor personal (exhibido en su deseo de recorrer el frente a pesar del peligro), las considerables dotes de mando que poseía sin tener formación como oficial y, sobre todo, su tendencia a seguir sus impulsos en contra de lo que opinaban los generales del Estado Mayor. Es muy posible que este último punto influyese mucho en Rommel: él nunca había encajado dentro de los círculos prusianos por lo que, a nivel profesional, es fácil entender la satisfacción que sentiría cuando el "jefe" contrariaba a sus clasistas generales para llevarles la contraria.

Rommel estaba exultante, embriagado del aire de victoria que, no lo olvidemos, jamás había conocido en su plenitud, pues a pesar de sus hazañas en la Gran Guerra estaba alineado en el bando perdedor. No le preocupaba demasiado lo que ocurriría a los ciudadanos polacos bajo el Reich y, de hecho, comentaba la situación con total naturalidad la existencia de los campos de concentración: "Ahora enviamos a todos los hombres útiles a trabajos forzados". Quizás la única polémica importante sobre Rommel sea la que gira en torno a la magnitud de su implicación en los crímenes nazis. A pesar de tratarse de un personaje que nunca se vio directamente implicado, resulta evidente que prefería no mantenerse muy cerca de la SS y meterse sólo en sus propios asuntos. De hecho, se interesó por el estado de salud de un sacerdote polaco arrestado, recibiendo de la SS la respuesta eufemística de que no había resistido el “cruel invierno”. A pesar de todo, seguía siendo un fiel hitleriano y lo sería, al menos, hasta El Alamein.

Finalizada la campaña polaca Rommel quedó de nuevo agregado al Estado Mayor de Hitler. El dictador sentía simpatía por el dinámico general, diferente a los oficiales prusianos por los que sentía natural aversión y que dominaban el Estado Mayor General. Un día, tras esta primera victoria militar, el Führer le preguntó a Rommel en una conversación casual qué era lo que más le gustaría. Rommel no dudo en responder con una frase que cambiaría la Historia Militar:

    "El mando de una división blindada".


La trascendencia de esa frase nunca ha sido puesta en su adecuado contexto. Rommel, hasta su experiencia en Polonia, era un militar a la antigua. Amaba la infantería, a la que había dedicado su libro, y desconocía casi por completo la guerra mecanizada impulsada dentro de la Wehrmacht por unas pocas figuras innovadoras, fundamentalmente representadas por Heinz Guderian. Sin embargo, tras la campaña polaca, en la que había sido testigo de excepción de toda la estrategia en su calidad de Jefe de Seguridad de Hitler, Erwin estaba absorto con las divisiones Panzer, al punto que su mayor anhelo era experimentar el mando de una de ellas.

Lo haría al poco tiempo, en Francia, donde el anticuado oficial de tropas de montaña se metamorfosearía en el perfecto ejemplo de aplicación audaz y atrevida de la blitzkrieg.


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6.2. La Batalla de Francia (1940)

Notapor Erwin Rommel » 17 Nov 2011, 02:57

    6.2. La Batalla de Francia (1940)


Tres meses antes de la invasión de Francia en mayo de 1940 Hitler le cumplió el capricho a Rommel y le puso al frente de la 7.ª División Panzer. Durante la posterior aplicación de Fall Gelb la división mecanizada al mando de Erwin Rommel se recordaría como la Gespenster-Division ("División Fantasma") por la extrema velocidad y sorpresivos movimientos tácticos que puso en juego sobre el campo de batalla. La agilidad táctica de Rommel, expresada por su bien entrenada División, llegó al extremo de despistar incluso al Alto Mando de la Wehrmacht sobre sus movimientos y su ubicación exacta en cada fase de la Batalla de Francia.



    6.2.1. Rommel en Francia


El 1 de mayo de 1940 Hitler ordena invadir Francia. El ejército alemán se dividió en tres grupos:

    *Grupo de Ejército A (Gerd von Rundstedt): 45 divisiones (7 blindadas); atraviesa las Ardenas.

    *Grupo de Ejército B (Fedor von Bock): 29 divisiones (3 blindadas); invade Holanda y ataca Bélgica.

    *Grupo de Ejército C (Wilhelm Ritter von Leeb): 19 divisiones; ataca la Línea Maginot.

La 7.ª División Panzer de Erwin Rommel se encuadraba en el XV Cuerpo Panzer bajo el mando del valorado general Herman Hoth, siendo parte de la punta de lanza blindada del Grupo de Ejército A.


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Rommel durante una de las escasas pausas de la Batalla de Francia


Rommel y la 7.ª División Panzer alcanzarán Dinant el día 12, tras un osado avance. El paso del río Mosa, el día siguiente, se convertirá en su primera acción de leyenda en la 2GM por su audacia, agilidad y por el hecho de comandar personalmente la acción en botes neumáticos. Erwin estaba calcando su estilo de mando de la Primera Guerra Mundial: un comandante decidido y valiente que va en primera línea guiando los movimientos de sus tropas. Su táctica era relativamente básica para un hombre de su valor: forzaba la marcha en los desplazamientos, como ya hiciera en la Gran Guerra, infiltrando su unidad a muchos kilómetros del frente, lo que generaba un inmenso caos en las comunicaciones, suministros y las columnas de refuerzos aliadas al atacar en sitios que los franceses e ingleses consideraban seguros.

El Mosa era una barrera clave y, tras el cruce, Rommel no encuentra oposición. Espolea a sus hombres para llegar a Philippeville el día 15, continuando sin perder un instante hacia el oeste y pasando por Avesnes y Le Cateau. Ya el 21 de mayo se encuentra en Arras, donde se enfrentará al primer contraataque del ejército británico. El dia se salva con un nuevo momento que será leyenda: la utilizacion de los Flak 88 mm antiaéreos como cañones antitanque le dará a la División de Rommel un factor diferencial de eficacia que será definitivo. Este factor será clave para lograr repeler con éxito el contraataque aliado: el 2.º Regimiento Blindado británico, que sufrió en sus carnes el castigo preparado por Rommel, bautizará como "asesinos de tanques" a los cañones de 88 mm, comenzando a gestarse el pánico atroz que estas piezas desataron entre los Aliados. El 26 de mayo es condecorado con la Cruz de Caballero, que lucirá desde entonces orgulloso en su cuello junto a la Pour le mèrite prusiana.


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Rommel: general Panzer


En junio las cosas seguirán por el mismo camino, con una progresiva aceleración táctica: Rommel estaba cogiendo el truco de la dinámica de movimientos de una unidad mecanizada, explorando al máximo las posibilidades de su División Panzer, tal como habría planificado al verlas en acción en Polonia. Siempre a la cabeza de sus tropas, lo que le permitía hacerse una idea veraz de la situación a tiempo real, Rommel llegará a desconectar los sistemas de comunicacion para no ser "molestado" por las instrucciones del Alto Mando.

Avanza desde Abeville, a donde había llegado el día 5, alcanzando Rouen el 8 de junio y pasando por Dieppe el día 10, lo que le convertía en uno de los primeros en llegar al Canal de la Mancha. El 19 de junio ya estaba en Cherburgo, completando la maniobra hacia el mar: ese día la guarnición del valioso puerto se rinde a Rommel. La toma fue brillante y, sin duda, un golpe capital para afectar la estrategia de evasión británica.

Para cuando termina su servicio, el 25 de junio, la 7.ª División de Rommel se había convertido en una de las primeras en llegar al Canal de la Mancha, poco antes del final de la Batalla, una de las que más soldados aliados había capturado y la responsable de haber tomado un enclave estratégico de la relevancia de Cherburgo en un estado intacto.

El Segundo Grupo de Ejércitos Francés se rindió el 22 de junio cuando Guderian se lanzó contra la Línea Maginot desde el lado oeste, acorralando a las tropas galas. La Batalla había terminado y Rommel era uno de sus grandes héroes... aunque la acción se había terminado para él en el punto álgido de sus habilidades militares.


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Rommel en Cherburgo, con aspecto aburrido: la acción se había terminado, de momento


La campaña de Francia le ganó el respeto de Hitler y la admiración de toda Alemania, ávida de héroes y hazañas bélicas. Con ella Rommel demostró que era perfectamente capaz de comandar operaciones combinadas o, al menos, de dirigir una división mecanizada a través del frente logrando magros beneficios.

Despues de la campaña de Francia, como buen instructor que era, Rommel se dedica a escribir su diario, donde recoge los acontecimientos de mayo y junio de 1940, tal como han llegado a nosotros entre los Rommel Papers. En enero de 1941 es promovido al rango de Generalleutnant y trasladado a Berlín, donde se desarrollará un verdadero culto a su personalidad. Como recompensa del Führer a su valía Rommel fue nombrado comandante de la 5.ª División Ligera (más tarde 21.ª División Panzer) y de la 15.ª División Panzer. Estas unidades serían las encargadas de desplazarse a Libia a principios de 1941 para ayudar a las tropas italianas tras sus derrotas desastrosas contra los británicos. Así se formaría el Deutsches Afrikakorps, al frente del cual Rommel logró su mayor fama pero también vio declinar su estrella.



    6.3. Rommel y la blitzkrieg: abordando el mito


La Batalla de Francia era la primera vez que Rommel llevaba el mando de una división Panzer, un concepto de unidad militar que pasaría a la historia ligado indisolublemente al nombre del comandante suabo. A lo largo de esta campaña Rommel llevó al extremo su estilo de dirección y se distinguió por comandar a sus hombres desde la primera línea para hacerse una idea en tiempo real de la situación, asumiendo numerosos riesgos y estando a punto varias veces de morir en combate.

Los libros suelen contar que Rommel aplicó a la perfección la blitzkrieg en Francia. Pero esto no es correcto.

El mito de Rommel como comandante ágil y emprendedor se cimenta en su actitud en la batalla francesa, donde, según se cuenta, llegó a contradecir órdenes directas para aprovechar las ventajas de la situación. De esta manera, Erwin se convirtió en el alumno aventajado de la blitzkrieg y la guerra mecanizada: apenas unos meses antes había descubierto el concepto, se había apasionado por las Divisiones Panzer y en mayo de 1940, según el mito consolidado del personaje, aplicó de forma magistral lo que había observado en Polonia. Realmente esta teoría tan difundida tiene muchas lagunas y, técnicamente, es muy discutible que Rommel aplicase la blitzkrieg en Francia.

Realmente lo que Erwin hizo en Francia fue, sencillamente, trasplantar sus experiencias: no llevó a cabo una verdadera guerra de armas combinadas (blitzkrieg), sino que aplicó su osadía y rapidez de movimientos, que tan buenos resultados le había dado en la Primera Guerra Mundial, a una división mecanizada Panzer.


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6.4. La guerra en África (1941-1943)

Notapor Erwin Rommel » 18 Nov 2011, 00:17

    6.4. La guerra en África (1941-1943)


    6.4.1. El Deutsches Afrikakorps (DAK)


El 6 de febrero de 1941 el general en jefe del ejército alemán en persona, Walter von Brauchitsch, notifica a Rommel que ha sido elegido personalmente por el Führer para comandar un contingente alemán que apoyará a los italianos en el norte de África. Así nace el Deutsches Afrikakorps (DAK) cuyo nombre se unirá indisolublemente al de Erwin Rommel en los anales de la Historia Militar.


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Una de las más populares imágenes de Rommel: el Zorro del Desierto oteando el horizonte africano (1942)


A pesar de la leyenda que ha cubierto al Afrikakorps de Rommel lo cierto es que era un contingente de circunstancias: una forma de cumplir con sus obligaciones de apoyar a Italia en medio de un desastre. De hecho, el DAK cambiará de configuración a lo largo de toda la campaña africana, con diferentes movimientos de unidades. En origen estaba compuesto por la 15.ª División Panzer y la 5.ª División Ligera Motorizada, que no disponía de blindados pero estaba totalmente mecanizada.

"En vista de la situación altamente crítica, creada por nuestros aliados italianos, dos divisiones alemanas, una ligera y otra blindada, serían enviadas a Libia, para prestarles ayuda. Yo mandaría este Afrikakorps alemán y debía ponerme en camino hacia Libia sin perder un instante, con el fin de proceder a un reconocimiento del terreno." [Memorias de Erwin Rommel]

La relevancia histórica que se ha dado a Rommel, especialmente por los historiadores británicos que lo ensalzaron al máximo para adornar sus propias victorias, ha convertido al DAK en una suerte de leyenda, ejemplo para muchos aficionados de la unidad militar perfecta. Sin embargo, esto se aleja bastante de la realidad: Rommel llega a África como subalterno de los italianos, con pocas tropas y no especialmente bien dotadas, debía ponerse bajo mando de Italo Gariboldi y el impacto duradero de sus acciones y conquistas es más que discutible.




    6.4.2. El Zorro del Desierto


Rommel llegó a Trípoli el 14 de febrero, supervisando el desembarco de la 5.ª División Ligera e instalando a sus tropas. Tendría que esperar hasta mayo para poder contar con el elemento de fuerza de su Afrikakorps, la 15.ª Panzer. Hacía más de medio año que no entraba en acción y para cuando las hostilidades en francia cesaron Rommel estaba en plena ebullición militar. En África se le dio la misión de mantener la línea de frente y dar apoyo a los italianos, a quienes estaba subordinado. Debía taponar a los británicos y evitar que expulsaran a las fuerzas del Eje de África, riesgo muy temido por Hitler, pues implicaría abrir otro posible frente en el sur de Europa.


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Rommel en su elemento: adiestramiento y fortificación


Rommel no esperó mucho tiempo para saltarse las órdenes recibidas. para el hombre que había volado sobre las carreteras de Francia con sus panzer resultaba sin duda una perspectiva poco halagadora la idea de esperar en Trípoli, de brazos cruzados, mientras los británicos avasallaban a los italianos. De hecho, no sería de extrañar que Rommel quisiese ajustar las cuentas debidas con los ingleses, que se le habían escurrido de las manos durante la Batalla de Francia.

En menos de 48 horas después de tener sus unidades listas, Rommel lanzó al 3er Batallón de Reconocimiento en un impresionante avance de 250 millas hacia el este, siendo la primera unidad alemana que entra en contacto con las británicas. Ni que decir tiene que la reacción inglesa fue de estupor: de repente tenían a la Wehrmacht entrando hasta la cocina. El nombre "Rommel" empezó a extenderse por el desierto y su fama no dejaría de crecer, al punto que podría decirse que estaba mejor considerado por sus enemigos que por sus aliados: sin duda los británicos tenían en mayor valoración el talento del suabo que sus propios superiores italianos, probablemente hartos de sus desobediencias.

Para un hombre de la iniciativa de Rommel el desierto era el paraíso táctico. Aunque nunca llegó a estar cómodo en África, pues el clima y la comida empeoraron notablemente su salud, siempre propensa a los problemas estomacales, lo cierto es que el horizonte despejado le daba infinitas posibilidades de despliegue que no dudó en estrujar.


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El Zorro y su infinito desierto



    6.4.3. Movimientos en África


A pesar de la clara inferioridad del ejército italoalemán Rommel logró una serie de victorias consecutivas en muy poco tiempo, abatiendo a las tropas británicas, desbordándolas y poniéndolas en retirada. El factor sorpresa fue clave, cogiendo a los ingleses desprevenidos, mal organizados y poco preparados. En marzo de 1941 ya había barrido a los británicos de Libia y estaba amenazando la frontera egipcia, aunque con un coste muy elevado: una alta fragilidad logística, que ponía en peligro su pervivencia sobre el terreno, y sobre todo el haber dejado atrás Tobruk, todavía controlada por tropas de la Commonwealth del general australiano Leslie Morshead. Ambos factores acabarían socavando sus posiciones en África y precipitando su caída.

El comandante en jefe aliado, Archibald Wavell, lanzó dos flojos intentos de levantar el cerco de Tobruk (operaciones 'Brevity' y 'Battleaxe'). Ambos fracasaron, provocando la caida de Wavell, que fue relevado por Claude Auchinleck. Sería el momento en que los británicos se rehicieran, poco a poco, del desastre precedente, tomando posiciones los futuros vencedores de Rommel: el propio Auchinleck, al que poco después se uniría el prometedor Bernard Montgomery.


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Rommel come sobre su vehículo de mando en un avance sin pausas


Las verdaderas hostilidades estaban a punto de arrancar. Entre el 18 de noviembre y el 30 de diciembre de 1941 Auchinleck lanzó la Operación 'Crusader' que pudo finalmente liberar Tobruk y expulsar a Rommel de Cirenaica. Esta nueva posición dio pie a que el Zorro del Desierto hiciese honor a su apodo y a la admiración temerosa que provocaba entre los británicos: flanqueó a los Aliados en Gazala, capturó al núcleo de las fuerzas enemigas en Bir Hakeim y su contraataque relámpago acabó finalmente empujando a los británicos a Egipto. Tobruk quedó nuevamente asediado, cayendo finalmente el 21 de junio de 1942, momento en que Rommel engordó su increíble estadística de capturas con los 33.000 soldados que defendían el puerto, la mayor cantidad de tropas británicas capturadas hasta entonces en una sola acción militar.

La ofensiva de Rommel fue detenida finalmente en El Alamein, a sólo 100 km de Alejandría. Un lugar que quedaría ligado para siempre a su nombre y al ocaso de su estrella militar.


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6.4.4. Caída del Frente Africano

Notapor Erwin Rommel » 22 Feb 2012, 02:49

    6.4.4. Caída del Frente Africano

Como es bien sabido, Rommel perdió en El Alamein. La escaramuza sería posteriormente conocida como la Primera Batalla de El Alamein y marcaría un cambio radical en las tendencias de la guerra africana y, en general, de la 2GM. El propio Rommel era plenamente consciente del grado de improvisación excesivo de sus avances en África:

"Probablemente nunca se ha intentado en la guerra moderna una ofensiva tan improvisada como la nuestra de Cirenaica. Necesitamos gran acopio de recursos improvisados, tanto por parte de los jefes como de la tropa, y en algunos casos los primeros no pudieron alcanzar sus objetivos. Un hecho sobresaliente lo marcó la tendencia de algunos jefes a permitirse innecesarios retrasos para aprovisionarse de carburante y munición, o para dar un repaso a sus vehículos, aun cuando el ataque inmediato ofrecía posibilidades de triunfo.".
[Memorias de Erwin Rommel]


Los Aliados gozaban de una mejor fuente de abastecimientos que los alemanes, que ya estaban al límite de su logística y con escasas posibilidades de defender sus líneas de suministros, y además gozaban de la ventaja de Ultra, la descodificación de los mensajes secretos alemanes, que les permitía anticipar los movimientos del Rommel. Claude Auchinkleck, a pesar de que había sido clave en la remontada, fue reemplazado, por motivos políticos. El teniente general William Gott, hasta entonces comandante del XIII Cuerpo, fue nombrado comandante del VIII Ejército y el general Sir Harold Alexander se convirtió en el nuevo Comandante en Jefe en Oriente Medio. Persia e Iraq debían separarse del mando de Oriente Medio y constituirse en un mando separado y se ofreció a Auchinleck el puesto de Comandante en Jefe, pero éste lo rechazó. Sería el momento en que, junto a Alexander, llegase un nuevo protagonista a la guerra de África: Bernard Montgomery, cuya carrera despegó frente a Rommel y acabaría llegando a lo más alto en la Guerra, sustiuyó finalmente a Gott, fallecido de camino a asumir su mando cuando un Messerschmitt interceptó el avión en que volaba.

La situación logística tras la Primera Batalla de El Alamein era insostenible para el Afrikakorps. Rommel trató de romper las líneas británicas en la batalla de Alam el Halfa, sin éxito. Las fuerzas británicas de Malta interceptaban sus suministros en el mar y Alemania no podía permitirse protegerlas más, pues precisaba su fuerza militar en otros Frentes más importantes para Hitler. Las grandes distancias que debía cubrir en el desierto imposibilitaban que Rommel mantuviese permanentemente la posición de El Alamein. Además, los problemas médicos del Mariscal, que nunca se había sentido muy cómodo con el clima africano, empezaron a darle más quebraderos de cabeza, obligándole a ausentarse del frente, contrariamente a su hábito.


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La Segunda Batalla de El Alamein daría la puntilla al Afrikakorps, obligando a Rommel a la retirada. Fue entonces cuando Hitler paradesautorizar por vez primera a su favorito Erwin Rommel en combate: el Führer revocó la orden de retirada y ordenó mantener las posiciones, aplicándose por primera vez esa máxima hitleriana, luego famosa, de resistir hasta el último hombre. Rommel acató la orden de Hitler y suspendió la retirada. Era consciente de que significaba condenar su ejército a la destrucción, por lo que, 24 horas más tarde, se insubordina y ordena la retirada nuevamente. Por la buena posición que ocupaba, el Zorro del Desierto eludió las responsabilidades disciplinarias. Esa orden absurda de Hitler marcaría un total cambio de opinión de Rommel hacia el Führer.


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Tras sendas batallas en El Alamein, las fuerzas de Rommel se limitaron a tender emboscadas al ejército británico que les perseguía y no volvieron a plantear lucha abierta hasta que llegaron a Túnez. Su primera batalla tunecina la libraron contra el bisoño II Cuerpo del Ejército de los Estados Unidos, desembarcado en Marruecos y Argelia durante las semanas anteriores como parte de la Operación 'Torch'. Rommel entonó su canto de cisne africano contra las inexpertas fuerzas americanas en la Batalla del paso de Kasserine.

El 6 de marzo de 1943 Rommel fue evacuado. El Zorro abandonaba su desierto. Cinco días después fue condecorado con los brillantes de la Cruz de Caballero, mientras sus hombres se convertían en prisioneros de guerra.


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6.5. Rommel en Italia y Francia

Notapor Erwin Rommel » 22 Feb 2012, 03:55

    6.5. Rommel en Italia y Francia

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En un principio la evacuación de Rommel fue un secreto de estado. Se le recluyó discretamente en una villa mientras la maquinaria de Goebbels seguía hablando de él como si estuviese aún en África, para mantener la moral de la ciudadanía y retrasar la evidente noticia de que la suerte de la Guerra estaba cambiando. Tras la rendición en Túnez, el 13 de mayo de 1943, Rommel fue transferido al Cuartel General de Hitler. Hizo un paso veloz y efímero por Grecia, su mando militar más breve en toda la Guerra, pero en seguida volvió a Alemania. Cuando los Aliados desembarcaron en Sicilia el 10 de julio de 1943 la presión por el Mediterráneo preocupó notablemente al Alto Mando de la Wehrmacht.


Tras la caída de Mussolini, dos semanas después del desembarco aliado en Sicilia, Hitler intuyó que Italia estaba a punto de rendirse. Encargó a Rommel una nueva intervención apagafuegos, poniéndole al mando del nuevo Grupo de Ejércitos B. Desde agosto hasta noviembre Rommel dirigió este ejército de ocupación en el norte de Italia. No era de su gusto la guerra defensiva y, en general, esta parte de su hoja de servicio ha pasado sin pena ni gloria, también por el hecho de que no la incluyó en sus memorias. Tradicionalmente se ha destacado que jamás fue acusado de ordenar ningún crimen en Italia, en este difícil ambiente de preguerra civil, a pesar de las órdenes de Hitler de reprimir brutalmente a los partisanos. En todo caso, podemos intuir que, tras comprobar en Berlín la decadencia total del entorno de Hitler, Rommel debió empezar a dudar profundamente del Alto Mando. En noviembre de 1943 su Grupo de Ejércitos B fue trasladado a Francia y Rommel fue puesto al frente de la colosal tarea de defender la costa francesa del inminente desembarco. Su desgaste físico, acentuado tras las campañas en África, comenzaba a hacerse visible, como demuestras las fotografías conocidas de esta época.


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Flotaba en el aire la obviedad de que estaba al caer un desembarco aliado a gran escala en algún punto de la costa gala, por lo que se puso a trabajar en ello al hombre más cualificado. Rommel, amante al extremo de la preparación de fortificaciones, se quedó consternado por la situación con la que se encontró en el Muro Atlántico. Durante la guerra, Francia se había convertido en un destino cómodo para los soldados alemanes, muy diferente al Frente Oriental, donde realmente se estaba batiendo el cobre la Wehrmacht. Es fácil imaginar que Rommel, acostumbrado a vivir al límite en Francia en 1940 y en África durante su mando del Afrikakorps, debió sorprenderse de la languidez de las unidades destacadas en la costa gala. Intuyendo que la invasión sería pronto y viendo que disponía de escasos meses, aceleró los esfuerzos de fortificación a lo largo de la costa atlántica. Bajo su mando, el ritmo de trabajo se aceleró significativamente, se colocaron millones de minas y miles de trampas antitanque, así como los obstáculos en las playas y los campos que se encontrarían luego los Aliados.


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Rommel analizó minuciosamente la situación táctica, concluyendo que, durante la futura defensa del continente, cualquier movimiento ofensivo en Francia resultaría imposible debido a la superioridad aérea aliada. Argumentó que los tanques debían dispersarse en pequeñas unidades y mantenerse en posiciones fortificadas, tan cerca del frente como fuese posible, de modo que no tuvieran que moverse demasiado cuando comenzara la invasión, evitando así los atascos de efectivos a la hora de contraatacar. Su consideración de que la invasión debía ser detenida “en las playas” chocó con el criterio de su comandante, Gerd von Rundstedt, que finalmente decidió que no era posible detenerla cerca de las playas a causa de la potencia de fuego naval de los Aliados. Los tanques se formarían en grandes agrupaciones tierra adentro, cerca de París, esperando su momento de contragolpear.

Hitler tuvo que elegir uno de los planteamientos, el de Rommel o el de Rundstedt, y, tras dudar, se quedó en tierra de nadie ubicando los tanques en un punto intermedio que sería fatal, pero pretendiendo haber tomado otra de sus decisiones geniales. Al final los tanques estaban demasiado lejos para lo que Rommel pretendía y fuera de alcance para practicar lo planificado por Rundstedt. Generalmente se interpreta que Rommel tenía razón, pero esto es un análisis demasiado simplista. La situación no era fácil y los argumentos de Rundstedt eran igualmente sólidos, basados en su experiencia dilatada en el continente durante la Guerra. Además, durante el Día D hubo bastantes formaciones de tanques que estuvieron cerca de las playas, como Rommel apuntaba, y crearon bastante caos, que era lo que temía Rundstedt, como fue el caso de la 12ª División Panzer ‘Hitlerjugend’ de la Waffen-SS.


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En términos generales, el desempeño de Rommel como "diseñador" del Muro Atlántico ha sido magnificado notablemente por sus biógrafos. Lo cierto es que la cadena de fortificaciones defensivas de la costa ya estaban prácticamente ejecutadas cuando Rommel recibe el encargo de coordinar esa defensa. Su papel fue poner de manifiesto algunos errores, pero es aventurado decir que lo hiciese mejor que lo que podría haberlo hecho cualquier otro importante general de la Wehrmacht. Sí resulta probable creer que su presencia, con su prestigio todavía muy vigente, contribuyese a animar al personal alemán destacado en una zona donde se esperaba una inminente y violenta agresión de los Aliados. En cuanto a sus planteamientos sobre la defensa de Francia, es un debate abierto, que seguramente nunca se cerrará, pues resulta imposible saber si las directrices de Rommel hubiesen logrado neutralizar el Día D.


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6.6. Complot contra Hitler y muerte de Rommel

Notapor Erwin Rommel » 22 Feb 2012, 05:03

    6.6. Complot contra Hitler y muerte de Rommel

Es un hecho que se da por cierto que Rommel estuvo implicado en el complot del 20 de julio de 1944 para asesinar a Hitler y que esa participación le supuso la muerte. Redondeando esa figura de héroe, el Generalfeldmarschall se habría sacrificado como mal menor para así hacer posible la supervivencia de su amada familia. Lo cierto, sin embargo, es que la implicación de Rommel en el complot y su opinión sobre el mismo han sido tema de debate a lo largo de los años, pues no existe nada claro al respecto. De lo poco que sabemos sobre esta cuestión, la mayor parte de la información tiene por fuente a Manfred Rommel, hijo del general, por lo que su objetividad es más que discutible, como es lógico.

Parece que podemos dar por seguro que los dos hombres clave del complot del 20 de julio, el doctor Carl Friedrich Goerdeler y el Generaloberst Ludwig Beck, habían buscado el apoyo de Rommel. Necesitaban una figura de renombre que pudiera contrarrestar la sombra de los lugartenientes de Hitler cuando el aparato del NSDAP intentase ocupar el puesto del Führer. Tampoco les iba mal contar con un militar de prestigio y alto rango que pudiera unir al ejército enfrentándose a la SS si fuera necesario. Rommel parecía óptimo, porque además odiaba a Himmler y su gente tanto como al NSDAP, aunque hay que señalar que nunca tuvo entre los generales de la Wehrmacht, la mayoría prusianos, el predicamento de gente "de la casa" como Erich von Manstein.


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Los conspiradores llegaron a Rommel a través de Karl Strolin, alcalde permanente de Stuttgart y compañero de armas de Rommel en la Gran Guerra, y del teniente general Hans Speidel, jefe de Estado Mayor de Rommel en su última etapa en Francia. Strolin visitó a Rommel en febrero de 1944 para informarle de la conspiración y, al parecer, le desveló en ese momento la existencia de los campos de exterminio. Strolin declararía después que Rommel desconocía la intención de asesinar al Führer y que creía que lo que se haría con Hitler era capturarle para ser juzgado. El 17 de mayo, en una reunión de altos mandos del Frente Occidental en la que el Generaloberst von Stülpnagel habló abiertamente de matar a Hitler, Rommel se opuso expresamente al magnicidio, según las fuentes.

El éxito del Día D habría convencido definitivamente a Rommel de que era imposible ganar la guerra. El 12 de junio se entrevistó con el Generalfeldmarschall Gerd von Rundstedt y hablaron sobre la imposibilidad de ganarla guerra en el Oeste. El 26 de junio se entrevistó en persona con Hitler, por última vez, aunque no sabemos de qué hablaron en ese momento. El 9 de julio los conspiradores hicieron un último intento por ganarse a Rommel. Cesar von Hofacker, emisario de Von Stülpnagel, informó al mariscal del atentado inminente contra el Führer. Existen opiniones contradictorias sobre si Rommel dio por fin una respuesta afirmativa o prefirió no implicarse.


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El 13 de julio Rommel redactó una versión ampliada y actualizada de su informe del 12 de junio sobre la imposibilidad de ganar la guerra contra los Aliados y se la envió al Generalfeldmarschall Günther von Kluge, sustituto de von Rundstedt. Von Kluge no lo enviaría a Berlín hasta días después del atentado, lo cual contribuyó a propagar todavía más los rumores contra Rommel. Tres días antes del atentado, el 17 de julio de 1944, Rommel visitó por la mañana los cuarteles generales de las divisiones de infantería 276ª y 277ª. Al mediodía se reunió con Sepp Dietrich en el cuartel general del II Cuerpo de Ejército Panzer de la SS. Hacia las cuatro de la tarde se encaminó de regreso hacia su propio cuartel general, y durante el trayecto su coche fue ametrallado por una pareja de Spitfire de la RAF. Rommel salió despedido del vehículo y quedó tendido en la carretera, inconsciente. Sufrió fractura cuádruple de cráneo, heridas en la cara y una enorme hinchazón que le cerró el ojo izquierdo. Los doctores que le atendieron se mostraron pesimistas en cuanto a sus expectativas de supervivencia.

Cuando el coronel Claus von Stauffenberg intentó matar a Hitler con una bomba, tres días después, Rommel, inconsciente, se encontraba a medio camino entre la vida y la muerte en una sala de operaciones en la que se afanaban por reconstruir su cráneo. Para sorpresa de todos, Rommel superó las operaciones con el ojo izquierdo totalmente cerrado, sordo del oído izquierdo y con terribles jaquecas transitorias.

En las investigaciones posteriores al atentado de Stauffenberg, varios de los detenidos implicaron de forma ambigua a Rommel. Speidel, su jefe de Estado Mayor, fue interrogado por la Gestapo. Declaró que cuando se enteró del plan para atentar contra Hitler, lo puso en conocimiento de su superior directo: Rommel. El Generalfeldmarschall quedó así en muy mala posición: o bien estaba abiertamente a favor del atentado o había omitido informar de ello. Ambos supuestos eran igual de graves en el Tercer Reich. Además, Von Stauffenberg había sido ayudante en el Cuartel General del Afrikakorps, cerrando el cerco en torno al Zorro del Desierto. Martin Bormann, que mantenía una especial animadversión mutua con Rommel, se encargó de recopilar las declaraciones contra el Generalfeldmarschall para lograr inculparle.

Lucie-Marie Rommel siempre defendió que su marido no estaba implicado en el atentado de Stauffenberg. El propio Rommel le escribió, convaleciente, alegrándose de que Hitler sobreviviese al atentado. Es indudable que, ante el panorama de segura derrota, algunos altos jerarcas nazis como Martin Bormann y Hermann Göring querían quitarse de en medio a Rommel. La hipótesis más plausible es que ofreciesen a Speidel denunciar a su superior a cambio de salvar la vida, pues no hay que obviar que Speidel fue el único conspirador confeso que no fue ejecutado.

Sea como fuere, los hechos posteriores a la implicación del Zorro del Desierto son bien conocidos.


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Rommel hacía ya meses que aseguraba saber que sus enemigos en el Alto Estado Mayor confabulaban en su contra a oídos de Hitler, pero según declararon posteriormente sus allegados, no empezó a sospechar que se le pretendía inculpar en algo mucho más serio hasta que Speidel fue detenido por la Gestapo el 7 de septiembre. Desde entonces, comenzó a salir a sus paseos diarios llevando su pistola de servicio en el bolsillo, y en uno de esos mismos paseos con Manfred le hizo fijarse en dos hombres de uniforme que les observaban desde lejos. Se encontraba desde su convalecencia en su casa de Herrlingen, junto a su familia, el capitán Aldinger y un ordenanza. Se le retiró la vigilancia por órdenes superiores, lo que empezó a hacerle sospechar.

Rommel, en un delicado estado de salud tras su operación, realizó diversos intentos de liberar a Speidel. El 7 de octubre Wilhelm Keitel telefoneó a Herrligen ordenando a Rommel que acudiera el día 10 a Berlín para "una entrevista sobre su futuro". Rommel se negó, alegando no tener permiso médico. Comunicó a su hijo y a Aldinger que no creía que se le permitiera llegar vivo a Berlín en caso de emprender tal viaje. El 13 de octubre recibió una llamada del Cuartel General Central avisándole de que al día siguiente recibiría la visita de los generales Wilhelm Burgdorf y Ernst Maisel, del Estado Mayor General. Ambos se presentaron exactamente a las doce del 14 de octubre, en un coche oficial de la Wehrmacht conducido por un chófer con uniforme de la SS.

Rommel le pidió a Aldinger que tuviera a punto la carpeta con los papeles: sospechaba que pensaban acusarle de negligencia de algún tipo, de modo que desde que empezó el desembarco había estado acumulando documentación sobre todas las órdenes e informes que había enviado y recibido. Aproximadamente una hora después Maisel salió de la habitación, seguido tras unos minutos por Burgdorf, y ambos fueron a esperar junto al coche. Rommel subió directamente al piso superior y entró en la habitación de su esposa, donde conversó con ella unos minutos. La mujer de Rommel narra que al entrar, su marido le declaró lo siguiente tras mirarla durante un rato en silencio:

"Vengo a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el intento de asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por Goerdeler en la que se me consideraba futuro presidente del Reich. Jamás he visto a Goerdeler. Ellos dicen que Von Stülpnagel, Speidel y Von Hofacker me han denunciado. Es el mismo método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por el tribunal popular".

Tras despedirse de su esposa, bajó a hablar con Aldinger y su hijo y les dijo lo mismo. Según narraron ambos, Rommel se mostraba cada vez más decidido a medida que descartaba, con una calma absoluta, una por una todas las demás posibilidades. Aunque afirmaba ser inocente, no contaba con salir con vida en caso de enfrentarse a un juicio. El teléfono estaba cortado, con lo que no cabía pedir auxilio. Las calles estaban cortadas por patrullas de la SS y todo el armamento con que contaba eran las pistolas de Rommel y Aldinger.

Entendió que el asunto debía mantenerse en secreto para hacer posible la seguridad de sus allegados. Ya tomada su decisión, se despidió de todos, tomó su gorra y su bastón de mariscal y subió al coche donde le esperaban Burgdorf y Maisel. Según declararon posteriormente Maisel y Dose, el chófer, se dirigieron por la carretera en dirección a Ulm durante unos minutos. Luego Burgdorf ordenó parar en el arcén y salir ambos a caminar por la carretera, alejándose del coche, mientras él se quedaba dentro con el mariscal. Al cabo de unos minutos Burgdorf salió también y les llamó. Al acercarse, declararon haber visto a Rommel encorvado y tendido en el asiento trasero, con la gorra y el bastón de mariscal en el suelo del vehículo, en los últimos estertores de su agonía. Media hora después de su marcha, Aldinger recibió una llamada notificándole que Rommel había sufrido un derrame cerebral que le causó la muerte. El cuerpo fue llevado al hospital de Ulm, donde se prohibió terminantemente que se realizara la autopsia requerida por la ley. Tras el velatorio, el cadáver fue incinerado y las cenizas enterradas en Herrlingen tras un funeral de Estado el 18 de octubre y la declaración de un día de luto nacional.


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7. El mito de Rommel

Notapor Erwin Rommel » 22 Feb 2012, 05:10

    7. El mito de Rommel

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En cualquiera de las guerras que hasta hoy se han producido, el número de generales que lograron imponer su personalidad a sus propias tropas, y no digamos a las enemigas, es mucho más reducido de lo que los propios generales se complacen en imaginar. El caso de Rommel parece un fenómeno único. Se identificó hasta tal punto con el Afrikakorps, provocando en sus adversarios una impresión tan fuerte (reforzada por los corresponsales de guerra aliados) que el general alemán se convirtió rápidamente en la figura más conocida, y hasta más popular, del Oriente Medio. Los soldados ingleses hablaban de él, con cierto afecto, denominándole generalmente como "este bastardo de Rommel". Como indica Young, cuando los soldados británicos apostillaban, "eso, apúnteselo al bastardo de Rommel", no hacía falta ser psicólogo para comprender que el espíritu deportivo tradicional inglés podía jugar en contra de la tropa, creando en un pintoresco complejo de inferioridad.

Todo ello contribuyó de forma capital al nacimiento del mito de Rommel, especialmente a raíz de una célebre orden de Claude Auchinleck a sus comandantes en África:

"A todos los comandantes y jefes de Estado Mayor; de parte del Cuartel General de las tropas inglesas en Egipto y de las Fuerzas del Oriente Medio.

El hecho de que nuestro “amigo” Rommel se haya convertido para nuestras tropas en una especie de mago o de coco representa un serio peligro. Nuestros hombres hablan demasiado de él. Aunque indiscutiblemente sea un hombre enérgico y de capacidad, no se trata en ningún modo de un superhombre. Y aun en el caso de que se tratara de un superhombre, sería lamentable en extremo que nuestras tropas lo dotasen de poderes sobrenaturales.

Mi deseo es que contribuya usted, por todos los medios a su alcance, a borrar la idea de que Rommel representa algo más que cualquier otro general alemán. Es particularmente importante que cuando hablemos de nuestro enemigo de Libia no mencionemos jamás el nombre de Rommel; debemos referirnos «a los alemanes, a las potencias del Eje, al enemigo», cesando de estar hipnotizados por Rommel. Le ruego vele usted para que esta orden sea inmediatamente ejecutada a todos los niveles. Todos los jefes deben percatarse de que se trata en este caso de un punto de vista psicológico de la mayor importancia.

General C. J. Auchinleck,
Comandante en Jefe de las Fuerzas del Oriente Medio"



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Parte de la responsabilidad de esta “divinización” de Rommel residía en el hecho de que los ingleses apenas sabían nada sobre el general alemán antes de que comenzara a golpearles. El Servicio de Información británico poco sabía de él, ni como soldado ni como hombre. Los ingleses habían dejado siempre en manos de los franceses la tarea de procurarles los "retratos" de los generales alemanes, incluyendo los detalles personales que permiten a un jefe militar hacerse una idea de cómo es su adversario. El derrumbamiento de Francia puso fin a aquel tipo de contactos; los expedientes quedaron en el Ministerio de la Guerra francés, de modo que pudieron leerlos con toda tranquilidad aquellos hombres a los que precisamente se había querido "retratar": los propios mandos alemanes.

Fue poca cosa lo que el War Office pudo servir al general Wavell como informaciones sobre Rommel: solamente que se trataba de un hombre de carácter impetuoso, que se había comportado muy bien en la Primera Guerra Mundial y también más tarde, como jefe de división acorazada, en la invasión de Francia. Se le retrataba como un comandante alejado de la cumbre de la jerarquía de la Wehrmacht. Pero la prueba de lo poco fiables y tendenciosas que eran las informaciones sobre Rommel está en que lo catalogaban como un nazi fanático, elegido para su puesto en el Norte de África gracias al favoritismo de que gozaba en el NSDAP, hechos totalmente alejados de la realidad que seguramente indujeron a una cierta confianza de los mandos ingleses, siempre tendentes a un exceso de altivez.

Esta peculiar carencia informativa sobre la figura que iba a comandar una de las unidades más legendarias de la historia militar jugó a favor de Rommel. Desde que puso el pie en el Norte de África pasó a ser conocido únicamente por sus acciones sobre el terreno, cuya audacia sorprendió totalmente a los Aliados especialmente al tratarse de un “desconocido”. Al ser las primeras acciones del Afrikakorps no sólo sorpresivas sino generalmente victoriosas, la figura de su general pasó del misterio a la leyenda. Los suboficiales y soldados rellenaban los numerosos huecos de la biografía del general con historias apócrifas (algunas inventadas por la maquinaria de Goebbels), engrandeciendo el perfil de Rommel como una bola de nieve que, realmente, rodaba en contra de los propios Aliados.


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    “También a mí, como a cuantos estaban bajo mis órdenes, me hizo pasar Rommel momentos angustiosos. Tratándose de él, resultaba siempre imposible relajar, por poco que fuera, nuestro esfuerzo para vencerle; si ha existido alguna vez un general cuya única preocupación era derrotar y destruir a su enemigo, ese hombre se llamaba Rommel. Ni mostraba contemplaciones, ni las esperaba para él.” Sir Claude Auchinleck

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Fuentes

Notapor Erwin Rommel » 22 Feb 2012, 05:15

Fuente biográfica principal

Rommel. El Zorro del Desierto, de Desmod Young

Bibliografía

Memorias, de Erwin Rommel (editadas por B. Liddell Hart)
Rommel, de Guido Gerosa
Rommel, el zorro del desierto, de David Fraser

Fuentes adicionales
http://blitzkrieg1939.blogspot.com
http://www.armchairgeneral.com
http://www.heidenheim.de
http://www.weingarten-online.de
http://scott-ludwig.com
http://litestraboes.blogspot.com
http://www.1914-18.info
http://www.roconsulboston.com
http://vidasdefuego.com
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Re: Erwin Rommel

Notapor guscano » 22 Feb 2012, 10:58

Camarada Erwin,

Soberbia biografía. Sin duda un modelo y una referencia imprescindible en español en la red para los que quieran conocer la vida de este general. Joyas como este artículo son las que contribuyen a elevar muchos enteros la calidad de nuestra comunidad foril. Muchas gracias por contribuir a que eso sea posible.

Respecto a Rommel, siempre pensé, sin quitarle en absoluto el mérito que le corresponde, que los británicos en general y Montgomery en particular sobrevaloraron su figura para dar más importancia a su victoria sobre él. Por otra parte, estoy de acuerdo contigo en que sus familiares edulcoraron su cara antinazi tras la guerra. Es conocido que Rommel se saltaba el escalafón cuando quería algo, llegando a hablar directamente con Hitler cuando era necesario aprovechándose de su popularidad, algo que sus colegas y superiores detestaban.

En definitiva, pienso que era un militar genial, como lo fue Patton, y estos genios con una personalidad tan arrolladora siempre tienen su lado oscuro.


Saludos,


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Re: Erwin Rommel

Notapor albertoa » 22 Feb 2012, 15:04

Me has quitado las palabras de la boca, Guscano. Artículo on-line de referencia en lengua castellana sobre la vida de Erwin Rommel.

Con todos mis respetos al resto de trabajos, posiblemente estamos ante el mejor artículo de estos ya cuatro años de vida de este foro. Mi enhorabuena amigo. Un placer leerlo.

Ahora toca ser populista: ¡¡¡¡medalla ya!!!!

Saludos.

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