La fatiga de combate

Descripción: En la PGM se le denominó a este trastorno neurosis de guerra con el desarrollo de la SGM, el mismo cuadro fue descrito como fatiga de combate.

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Estudios de la Segunda Guerra Mundial

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La fatiga de combate

Mensaje por albertoa » 21 May 2008 17:12

FATIGA DE COMBATE O NEUROSIS DE GUERRA

Las primeras expresiones empleadas durante la I Guerra Mundial para denominar este trastorno vinculado con el estrés fueron “neurosis de guerra” y “shell-shock”. Más tarde, con el desarrollo de la II Guerra Mundial, el mismo cuadro fue descrito bajo el nombre de “fatiga de batalla” (battle fatigue) o “fatiga de combate” (combat fatigue).

En la I Guerra Mundial, murieron alrededor de 8.000.000 de personas, la mayoría en la guerra de trincheras. Al terminar el conflicto, cuatro imperios europeos se eclipsaron, junto con muchas creencias que solían sostener a la civilización occidental. Una de las principales era la ilusión del honor masculino y de la gloria de la batalla.

En las condiciones habituales de los horrores de las trincheras, los hombres se quebraban en alta proporción. Forzados a quedar encerrados allí, inermes, con la constante amenaza de aniquilación, y obligados a ser testigos de la mutilación y muerte de sus camaradas, sin esperanza de salvación, muchos soldados comenzaban a comportarse como mujeres histéricas. Gritaban y lloraban, fuera de control. Se paralizaban y no se podían mover. Se volvían mudos e inexpresivos. Perdían la memoria, y la capacidad de sentir.

Se estima que el síndrome de fatiga de combate representó el 40% de las bajas británicas en la Gran Guerra.

Inicialmente se lo atribuyó a causas físicas, al ruido de la artillería (shell shock), por la “conmoción cerebral” causante. Pero pronto se vieron bajas que no estuvieron expuestos ante bombardeo ruidoso.

Gradualmente los psiquiatras militares se vieron forzados a admitir que estos síntomas eran debidos a un trauma psicológico.

El stress emocional de la exposición prolongada a muertes violentas era suficiente para provocar un cuadro neurótico similar a la histeria, en los hombres.

Se lo intentó justificar cuestionando la calidad moral de los afectados, considerándolos cobardes o que fingían. Se los llamó “inválidos morales”. Algunos fueron incluso sometidos a consejos de guerra o dados de baja deshonrosa. Hasta que comenzaron a aparecer algunos casos de héroes condecorados que también caían víctimas del cuadro.

Se vio: 1) que hombres sin duda valientes sucumbían ante el miedo abrumador; 2) que el elemento preventivo más eficaz no era el patriotismo, principios abstractos u odio al enemigo. Era la camaradería, apoyo y unión de los soldados entre sí y con su líder.

Al terminar la I Guerra Mundial el interés médico en el trauma se desvanece y es otra vez “olvidado”. Los hospitales de veteranos estaban llenos de pacientes con estos cuadros, pero su presencia solo era una molestia para los poderes públicos, que no les prestaban atención.

Al comenzar la II Guerra Mundial hubo una renovación del interés médico en neurosis de combate. Solo que entonces se lo llamo “fatiga de combate”. Se reconoció que cualquier persona podía derrumbarse bajo el fuego, y que las bajas psiquiátricas podían predecirse según la severidad de la exposición a combate (duración, intensidad y frecuencia). Se estableció que entre doscientos y doscientos cuarenta días era el punto límite soportado por una persona en combate. Se reconoció que nadie llega a acostumbrarse al mismo.

En 1980, por primera vez, el síndrome característico de Trauma Psicológico, se convierte en un diagnostico formal: TEPT: Trastorno de Estrés Post Traumático. Fue posterior a Vietnam.
Retrato del capitán Donald L. Dickson de uno de los muchachos simplemente agotados. Su resistencia y su espíritu se extendieron más allá de la resistencia humana. No ha podido dormir en mucho tiempo... Y probablemente no ha dejado de luchar lo suficiente como para darse cuenta de que tiene malaria. Sin embargo, ahora lo descubrirá. Ya ha terminadoRetrato del capitán Donald L. Dickson de uno de los muchachos simplemente agotados. Su resistencia y su espíritu se extendieron más allá de la resistencia humana. No ha podido dormir en mucho tiempo... Y probablemente no ha dejado de luchar lo suficiente como para darse cuenta de que tiene malaria. Sin embargo, ahora lo descubrirá. Ya ha terminado
Los síntomas más característicos consisten en la suspensión de la habilidad para el juicio intelectual y en un estado de bloqueo emocional, acompañados, por lo general, de otras manifestaciones tales como:
  • Abuso de sustancias adictivas como el alcohol y las drogas.
  • Alucinaciones.
  • Ansiedad.
  • Apatía.
  • Ceguera, mudez o sordera histéricas.
  • Desinterés.
  • Deterioro de los mecanismos de autocontrol.
  • Disminución de la confianza en sí mismo.
  • Espasmos epilépticos.
  • Incapacidad para comprender los problemas o planteamientos más sencillos.
  • Incomodidad física.
  • Inestabilidad emocional.
  • Insomnio.
  • Llanto incontrolable.
  • Parálisis.
  • Pensamientos dolorosos obsesivos.
  • Pérdida de la memoria.
  • Pesadillas.
  • Temblores.
  • Temores.
En el caso de los líderes, los primeros síntomas del trastorno suelen evidenciarse, además, en la falta de concentración, los olvidos, el desánimo, la depresión y los sentimientos de culpa. En la I Guerra Mundial, los especialistas observaron con frecuencia que el shell-shock se presentaba de modo diferente según la función desempeñada. Mientras que entre los oficiales solía exteriorizarse como desórdenes de ansiedad, en los soldados adoptaba la forma de reacciones histéricas. Durante mucho tiempo, estos comportamientos fueron juzgados como carencia de temple, falta de coraje y cobardía, incluso después de haber sido descritos clínicamente.

Las primeras descripciones del shell-shock fueron coincidentes, pero las interpretaciones propuestas discrepaban. Algunos médicos atribuían los síntomas a una suerte de locura debida a una herida en el cerebro ocasionada por el estruendo propio de la batalla. Otros, desde la psiquiatría, atribuyeron la enfermedad a una tendencia degenerativa latente en el paciente, disparada a raíz del clima y el entorno vividos en el campo de batalla. Sin embargo, dado que no existía un sustento empírico que fundamentara una etiología fisiológica del mal, se abrió un espacio para el abordaje psicológico.

Durante la II Guerra Mundial, muchos combatientes fueron tratados mediante curas de sueño inducidas por el suministro de barbitúricos. Aunque la terapia era ineficaz, al menos no resultaba agresiva.
Marines norteamericanos después de 48 horas de combate en una isla del Pacífico. La expresión de sus rostros lo dice todoMarines norteamericanos después de 48 horas de combate en una isla del Pacífico. La expresión de sus rostros lo dice todo
Disparadores del trastorno

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el estrés constituye “el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción”. Definido así, puede afirmarse que este concepto describe la respuesta normal del sujeto en el campo de batalla. La ansiedad de combate, en cambio, se corresponde con un nivel de estrés que excede ampliamente los límites habituales de ese estado de aprestamiento.

El trastorno puede producirse después de un instante o de un largo proceso de exposición a una experiencia traumática. Su origen se vincula con el conflicto básico que se desarrolla en el soldado entre la preservación de la vida (propia o ajena) y el horror a la muerte (del sujeto, su compañero o su contrincante). En tanto que el deseo de vivir lo mueve a alejarse del peligro, los valores morales, religiosos y culturales, así como sus deberes para con los camaradas y la patria lo convocan a la batalla. Un combatiente puede estar fuertemente motivado para luchar y ganar, sin que por esa razón desee matar.

El contacto visual, la cercanía física, la similitud étnica, la pertenencia a un mismo grupo social o credo religioso, u otros elementos similares alientan la identificación del soldado con su contendiente y dificultan apuntar a matar. Cuanto más patente se hacen aquellos rasgos, en que el atacante reconoce en el otro su propia humanidad, más difícil se torna acabar con su vida. Por el contrario, todo lo que subraya las diferencias deshumaniza la imagen del contrincante, estimula sentimientos negativos hacia él (odio, rencor, deseo de venganza) y favorece la acción para su eliminación física. Así se explica, en buena medida, por qué quienes se desempeñan en tareas que lo alejan de una situación “cara a cara” con el enemigo (por ejemplo, en la artillería antiaérea) están menos expuestos a la ansiedad de combate.

La fatiga física y la irregularidad de los periodos de descanso y actividad contribuyen para que el estado de estrés del combatiente pueda resolverse en fatiga de batalla. Las últimas grandes guerras (como, por ejemplo, la del Golfo o Irak), muestran que alrededor del 25% de los casos se presenta durante los primeros treinta días de combate. Transcurrido ese tiempo, algunos sujetos desarrollan el “síndrome de los viejos sargentos” (“Old Sergeants Syndrome”), cuyos síntomas característicos son, entre otros, la apatía, la falta de apego a la vida y al equipo, la ausencia de iniciativa, los vómitos, la diarrea, la depresión y el rechazo al contacto social.

Existe una relación bastante estrecha entre la índole de la tarea desempeñada por el individuo y la posibilidad de aparición del trastorno. El número de víctimas de la fatiga de combate se incrementa con la peligrosidad de la misión. Por ejemplo, las fuerzas blindadas durante la II Guerra Mundial registraron los más altos índices de casos. Estos grupos suelen estar asignados para llevar adelante trabajos muy arriesgados y prolongados. Aislados en un entorno de ruidos y confinamiento que favorece cierta pérdida de la noción del tiempo, conviven constantemente con una gran probabilidad de morir por incineración.

No cabe duda que el fenómeno en cuestión ha supuesto a lo largo de la Historia un importante número de bajas en los ejércitos, son las conocidas como “bajas sin sangre”. Víctimas de su entorno y no siempre comprendidas por sus superiores, compañeros y la sociedad en general. De todos es conocido el episodio del General Patton abofeteando a un soldado en Italia, enfermo por fatiga de combate. Pues bien, ese muchacho acabó siendo uno de los soldados norteamericanos más condecorados de todo el conflicto. En este caso, una “terapia de choque” y además realizada por el mismísimo General Patton, tuvo su efecto.

Fuentes y referencias:
http://www.terapiasdevanguardia.com
http://www.leerplus.com
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Re: La fatiga de combate

Mensaje por Donald Malarki » 02 Mar 2017 16:56

Muy interesante, gracias por mostrar lo que se pensaba en aquella época sobre este verdadero problema físico y psicológico.
Quien sobreviva a este día, se pondrá de puntillas cuando este día sea mencionado, Currahee!!



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Re: La fatiga de combate

Mensaje por albertoa » 06 Mar 2017 11:33

De nada, compañero. Ni me acordaba de este viejo artículo.

Saludos.

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"Aunque el engaño sea detestable en otras actividades, su empleo en la guerra es laudable y glorioso, y el que vence a un enemigo por medio del engaño merece tantas alabanzas como el que lo logra por la fuerza."
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Re: La fatiga de combate

Mensaje por tavoohio » 06 Mar 2017 22:15

Sabes Albertoa que hoy en día se aplica en muchos otros casos? Por ejemplo para la gente que lucha contra enfermedades catastróficas se les atribuye este (PTSD) síndrome.
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Re: La fatiga de combate

Mensaje por James Doolittle » 01 Jun 2017 18:43

Este artículo es valioso en el sentido de que ya en esa época se empezó a analizar los efectos del estrés de combate, el cual hoy en día es noticia a cada día por la cantidad de combatientes, sobre todo norteamericanos, que se suicidan debido a éste mal.
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Re: La fatiga de combate

Mensaje por albertoa » 03 Jun 2017 10:59

tavoohio escribió:Sabes Albertoa que hoy en día se aplica en muchos otros casos? Por ejemplo para la gente que lucha contra enfermedades catastróficas se les atribuye este (PTSD) síndrome.
Querido compañero, no había leído tu respuesta hasta ahora. Lo dices todo y con mucho conocimiento de causa. Se que desde el cielo lo vas a leer.

Un abrazo compañero. Siempre estarás con nosotros.

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Re: La fatiga de combate

Mensaje por James Doolittle » 03 Jun 2017 22:16

Mi saludo póstumo a Tavoohio, quizá fué su último comentario en el foro...
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